Mas alla de El Espino. El futuro ambiental de El Salvador está en juego: VOTO AMBIENTAL 2027


Mas alla de El Espino. El futuro ambiental de El Salvador está en juego: VOTO AMBIENTAL 2027
Hace poco más de un año comenzamos esta petición para defender uno de los bosques urbanos más importantes de El Salvador. Miles de personas se unieron porque comprendieron que El Espino no era solamente un conjunto de árboles: es una zona estratégica de recarga hídrica, un corredor biológico, un regulador climático y un patrimonio natural para las futuras generaciones.
Hoy debemos hacer una reflexión aún más profunda.
Mientras el bosque continúa siendo transformado y fragmentado, nuevas intervenciones de infraestructura se proyectan sobre el Área Metropolitana de San Salvador. Entre ellas, una red de cinco metrocables anunciada como parte del nuevo sistema de movilidad urbana.
La movilidad sostenible es una aspiración legítima y necesaria. Sin embargo, ningún proyecto de desarrollo debería avanzar sin transparencia, planificación ambiental integral y participación ciudadana.
La pregunta ya no es si necesitamos mejores sistemas de transporte.
La pregunta es otra:
¿Cuál será el impacto acumulativo de todas estas intervenciones sobre los ecosistemas del AMSS?
Cada nueva obra implica ocupación del territorio.
Cada corredor modifica el paisaje.
Cada torre instalada puede fragmentar corredores biológicos.
Cada intervención puede afectar zonas de recarga hídrica.
Cada árbol removido reduce la capacidad del territorio para enfrentar el cambio climático.
Y cada bosque fragmentado desplaza la fauna que durante décadas encontró allí su refugio.
Hasta hoy, la ciudadanía continúa preguntando:
¿Dónde están los estudios de impacto ambiental?
¿Cómo se evaluarán los impactos acumulativos de todos estos proyectos?
¿Qué medidas existen para proteger las Áreas Naturales Protegidas?
¿Cómo se garantizará la conservación de las zonas de recarga hídrica?
¿Qué programas públicos existen para el rescate, manejo y monitoreo de la fauna desplazada?
¿Cómo participará la ciudadanía en decisiones que transformarán el territorio durante generaciones?
Estas preguntas no buscan detener el desarrollo.
Buscan fortalecerlo.
Porque un verdadero desarrollo incorpora la mejor información científica disponible, protege los ecosistemas estratégicos y rinde cuentas a la ciudadanía.
Lamentablemente, la opacidad continúa siendo una constante. Las solicitudes de acceso a la información pública sobre impactos ambientales, medidas de mitigación y procesos de toma de decisiones siguen encontrando respuestas parciales, reservas de información o ausencia de documentación suficiente para comprender el alcance de las transformaciones en curso.
Esta situación resulta especialmente preocupante porque el propio Estado salvadoreño ha construido un importante legado ambiental.
En 2017, El Salvador hizo historia al convertirse en el primer país del mundo en prohibir la minería metálica.
En 2019, la Asamblea Legislativa reconoció a los bosques como Entidades Vivientes, afirmando que constituyen sistemas esenciales para la vida, la biodiversidad, el equilibrio climático y el bienestar de la población.
En 2022, el país aprobó la Ley Especial de Protección y Bienestar Animal, reconociendo a los animales como seres sintientes y fortaleciendo la responsabilidad ética hacia todas las formas de vida bajo cuidado humano.
Estos avances reflejan una visión de país que reconoce que el agua, los bosques y los animales no son simples recursos: son parte del patrimonio vivo que sostiene nuestra existencia.
Por ello, resulta indispensable que las políticas públicas, la planificación territorial y los proyectos de infraestructura sean coherentes con ese legado.
No podemos reconocer a los bosques como entidades vivientes y, al mismo tiempo, aceptar su fragmentación sin información suficiente, sin evaluación pública de impactos acumulativos y sin garantizar la protección efectiva de la biodiversidad que albergan.
El caso de El Espino ya no representa únicamente la defensa de un bosque.
Representa una discusión nacional sobre la gobernanza ambiental, la transparencia, el derecho de acceso a la información pública, la planificación territorial y el futuro de nuestras ciudades.
El Salvador necesita infraestructura.
Pero también necesita agua.
Necesita bosques.
Necesita biodiversidad.
Necesita ciudades resilientes frente al cambio climático.
Necesita proteger las áreas naturales que aún conservamos.
Y necesita construir confianza entre las instituciones públicas y la ciudadanía mediante información completa, participación efectiva y decisiones transparentes.
2027: El voto por la vida
Las elecciones de 2027 representan una oportunidad para que la ciudadanía coloque el medio ambiente en el centro del debate nacional.
Invitamos a todas las personas a evaluar las propuestas de cada candidatura preguntándose:
¿Quién protegerá nuestros bosques y Áreas Naturales Protegidas?
¿Quién defenderá las zonas de recarga hídrica que abastecen a nuestras ciudades?
¿Quién garantizará transparencia en los proyectos de infraestructura?
¿Quién impulsará una planificación territorial basada en evidencia científica?
¿Quién respetará el reconocimiento de los bosques como Entidades Vivientes?
¿Quién fortalecerá la protección de los animales como seres sintientes?
¿Quién mantendrá la histórica prohibición de la minería metálica y protegerá nuestras fuentes de agua?
El voto ambiental no pertenece a ningún partido político.
Pertenece a cada ciudadano que comprende que sin agua, sin bosques y sin biodiversidad no existe desarrollo posible.
Por eso, en 2027, hagamos del voto por la vida una bandera ciudadana.
Porque defender nuestros bosques es defender el agua.
Defender el agua es defender la salud y la economía.
Y defender la vida es construir un país capaz de crecer sin destruir el patrimonio natural que pertenece también a quienes todavía no han nacido.
«El Aerocable es como empezar la casa por el tejado» | Roberto Valencia