Pronunciamiento ciudadano por una Iglesia profética, libre y comprometida con México

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La causa

A la sociedad mexicana, a las comunidades de fe y a la Conferencia del Episcopado Mexicano:

Quienes suscribimos este pronunciamiento, en ejercicio de nuestra libertad de conciencia y expresión, manifestamos nuestra preocupación ante el papel que determinados sectores de la jerarquía católica han asumido en la vida pública de México. Consideramos necesario cuestionar la doble moral, la selectividad política y las contradicciones de una autoridad religiosa que, en lugar de contribuir a la unidad, parece alimentar la polarización social y orientar la conciencia de los fieles hacia determinadas preferencias partidistas.

En un México plural y diverso, la libertad de expresión debe defenderse siempre, especialmente cuando incomoda a quienes ejercen el poder. Nuestra crítica no se dirige contra un partido político en particular, sino contra cualquier alianza entre el poder religioso y el poder político que instrumentalice la fe, condicione la conciencia de los creyentes o utilice el nombre de Dios para legitimar intereses particulares.

Como sociedad, decimos: ¡basta de polarizar al pueblo y dividir a las comunidades creyentes! La voz de la Iglesia está llamada a ser profética, al servicio de la verdad, la justicia, la paz y la dignidad humana; no un instrumento de propaganda política ni un mecanismo de legitimación de las élites.

Nos preocupa que algunos políticos que se proclaman provida y cristianos exhiban públicamente su religiosidad mientras sus decisiones y prácticas contradicen los valores que dicen defender. Pero también nos preocupa la responsabilidad de quienes, desde la jerarquía eclesiástica, prestan su autoridad moral para legitimar a determinados actores políticos, sin ejercer ante ellos la misma crítica que dirigen contra otros. Los profetas no callaban ante las injusticias de los poderosos por el hecho de compartir su mesa.

El Evangelio no puede convertirse en propaganda política. No basta rezar el rosario, aparecer en los medios de comunicación o proclamarse defensor de la vida. La coherencia cristiana exige denunciar las injusticias, acompañar a las víctimas y cuestionar todo abuso de poder, independientemente de quién lo cometa. Cuando la religión guarda silencio ante el sufrimiento y bendice a quienes lo provocan, corre el riesgo de convertirse en instrumento de dominación.

Por ello, preguntamos: ¿dónde ha estado la voz profética de la jerarquía ante la desaparición de estudiantes en Guerrero, la violencia extrema del crimen organizado, las víctimas de la violencia en México, el sufrimiento del pueblo palestino o la crisis del agua en Jalisco, denunciada por comunidades afectadas por la contaminación y las disputas en torno a su gestión? ¿Por qué, en determinados momentos, sus prioridades públicas parecen concentrarse más en controversias ideológicas o expresiones institucionales de devoción que en acompañar de manera visible y sostenida a quienes sufren?

No cuestionamos la religiosidad popular ni las devociones del pueblo. Cuestionamos el silencio, la ausencia y la falta de compromiso de quienes, por su responsabilidad pastoral, deberían estar presentes donde se vulneran la vida y la dignidad humana. Como advierte el Evangelio, no se puede colar el mosquito y tragarse el camello.

Asimismo, exigimos mayor responsabilidad, transparencia y acciones concretas frente a los abusos sexuales cometidos por integrantes del clero. La gravedad de estos hechos demanda procesos de investigación y justicia, colaboración con las autoridades competentes, reparación integral del daño y garantías efectivas de no repetición. Las víctimas y sus familias merecen verdad, justicia y acompañamiento, no encubrimiento, indiferencia ni respuestas meramente institucionales. La autoridad eclesiástica debe demostrar con hechos su compromiso con quienes han sufrido estos abusos en las distintas diócesis del país.

Nuestra denuncia se dirige, por tanto, contra una forma de ejercer la autoridad religiosa que parece seleccionar cuándo hablar, a quién cuestionar y qué causas defender: firme ante aquello que contradice sus posiciones ideológicas, pero insuficientemente comprometida ante las demandas populares. Una Iglesia políticamente selectiva corre el riesgo de convertirse en una Iglesia proféticamente indiferente.

La Iglesia no está llamada a ser aliada de las élites ni instrumento moral de partido alguno. Su misión exige anunciar el Evangelio, denunciar las injusticias y ponerse del lado de quienes ven amenazada su dignidad. Si sus pronunciamientos dependen de sus afinidades o diferencias con el partido gobernante, pierde credibilidad como voz crítica e independiente y contribuye a alimentar el fanatismo, el miedo y la división social.

La fe auténtica no puede desentenderse de las luchas por la vida, la salud, el agua, la paz y la justicia. Estas causas deben defenderse con independencia del partido, gobierno o grupo económico responsable de vulnerarlas. La jerarquía eclesiástica debe recuperar su voz profética, no para decirle al pueblo quién debe gobernarlo, sino para recordar a todos los gobernantes que el poder es una responsabilidad al servicio de la sociedad y que ningún interés partidista está por encima del bien común.

Ante estas contradicciones, exigimos una Iglesia capaz de examinarse a sí misma, reconocer sus responsabilidades y actuar con coherencia. Una Iglesia que señale los errores de unos mientras guarda silencio ante los de otros deja de ser una conciencia crítica frente al poder y se convierte en parte del conflicto.

Por todo lo anterior, quienes firmamos este pronunciamiento:

  1. Defendemos la libertad de expresión y de conciencia, incluso cuando las críticas se dirijan a las autoridades religiosas.
  2. Rechazamos la instrumentalización política de la fe y las alianzas que subordinan el Evangelio a intereses partidistas.
  3. Exigimos coherencia profética a la jerarquía católica, con una denuncia de las injusticias que sea independiente de las afinidades políticas.
  4. Demandamos verdad, justicia, reparación integral y garantías de no repetición para las víctimas de abusos sexuales cometidos por integrantes del clero.
  5. Llamamos a las autoridades eclesiásticas a acompañar las luchas del pueblo, especialmente ante la violencia, las desapariciones, la crisis del agua, la desigualdad y las violaciones a los derechos humanos.
  6. Convocamos a las comunidades creyentes y a la sociedad en general a ejercer una conciencia crítica y libre, sin permitir que la religión se utilice para justificar abusos de poder ni para dividir a la ciudadanía.

Firmamos este pronunciamiento convencidos de que la crítica no es enemiga de la Iglesia, sino una expresión legítima de responsabilidad ciudadana y, para quienes vivimos la fe, una exigencia de fidelidad al Evangelio.

Una Iglesia verdaderamente profética no elige a qué poder denunciar: se coloca del lado de la dignidad humana, escucha el clamor de las víctimas y defiende la justicia sin privilegios ni excepciones.

 Invitamos a ciudadanas y ciudadanos, personas creyentes y no creyentes, integrantes de comunidades eclesiales, agentes de pastoral, laicas, laicos y organizaciones sociales a adherirse a este pronunciamiento.

Atentamente,

Teología Latinoamericana: Volviendo al Evangelio

teoliberacion2025@gmail.com

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Teología Latinoamericana: Volviendo al Evangelio …Creador de la peticiónSomos una red continental que impulsa la formación teológica, el encuentro, el diálogo y la denuncia profética inspirada en la Teología de la Liberación.

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