¡No pongamos en riesgo a niños y adolescentes innecesariamente!

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ISABEL GONZALEZ ha iniciado esta petición dirigida a Presidente del Gobierno y

Está claro que todos queremos que se acabe ya esta dichosa pandemia y poder recuperar por fin nuestras vidas. Pero las ganas no deben hacernos olvidar la prudencia, y menos aún cuando ello puede poner en riesgo a nuestros hijos e hijas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la adolescencia como “una de las etapas más importantes en la vida del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios, […] condicionada por diversos procesos biológicos”. Por eso, advierte, es una etapa a la que hay que prestar especial atención y cuidado.

Yo tengo dos hijos adolescentes de 15 y 11 años y cuando he visto que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) recomendaba la administración de la vacuna de Pfizer para las edades de 12 a 15 años, he querido averiguar si habían tenido en cuenta la advertencia de la OMS. Desgraciadamente, la información que he encontrado en la página web de la EMA no me ha servido para darme confianza en la vacuna sino más bien todo lo contrario, porque lo que pone es que:

  • se desconoce en qué medida las personas vacunadas podrían ser portadoras del virus y propagarlo
  • no se sabe cuánto dura la protección que brinda la vacuna
  • en el estudio clínico tan solo se ha probado la vacuna en 66 adolescentes de 16-17 años y 1.005 de 12-15 años
  • la EMA reconoce que el limitado número de casos estudiados no permite detectar efectos secundarios raros
  • están pendiente de análisis casos documentados de miocarditis (inflamación del músculo del corazón) y pericarditis (inflamación de la membrana alrededor del corazón) en menores de 30 años inoculados con la vacuna de Pfizer

Total, que todavía no conocen muy bien ni los beneficios ni los riesgos de la vacuna. Si nos paramos a pensarlo, es normal, ya que ha pasado muy poco tiempo y la vacuna todavía está en fase experimental.

Aún así, la EMA considera que dada la situación de pandemia que vivimos es crucial protegerse contra el COVID. Esto es lógico y especialmente importante en la gente que tiene más probabilidades de sufrir los síntomas más graves del virus, como pueden ser las personas mayores. Ahí los posibles beneficios de la vacuna saltan a la vista.

Sin embargo, en los menores de 20 años los datos del Ministerio de Sanidad muestran que la incidencia del virus actualizada a 1/6/2021 está siendo muy baja:

  • Casos positivos      667.046  (7.335 de cada 100.000)
  • Hospitalizaciones       4.887  (54 de cada 100.000)
  • Ingresos en UCI             326  (4 de cada 100.000)
  • Fallecimientos                 33  (0,36 de cada 100.000)

Esto quiere decir que las ventajas de vacunar a todas las personas de estas edades son escasas, ya que tan solo 54 de cada 100.000 menores de 20 años han sufrido síntomas graves.

Pero ¿qué pasa con los riesgos? Tal como dice la OMS, a estas edades los cuerpos están en pleno desarrollo. Han pasado de bebés a niños, ahora son adolescentes y dentro de poco serán adultos. Enormes cambios que no tenemos forma de saber si se verán alterados por la vacuna. No debemos olvidar que esta vacuna tiene un mecanismo de acción (el ARN mensajero) que no se ha utilizado nunca antes y que todavía está en fase experimental.

Cada vez que pienso en los riesgos, no puedo evitar acordarme del desastre de la talidomida, un fármaco que no fue adecuadamente probado antes de su comercialización y que acabó provocando miles de casos de malformaciones congénitas irreversibles en recién nacidos.

Está claro que desde entonces los sistemas de vigilancia de los medicamentos han mejorado muchísimo. Pero la situación crítica que vivimos con la pandemia del COVID está siendo utilizada como argumento para rebajar las exigencias de seguridad establecidas en su día con el fin de evitar nuevos desastres. Se me ponen los pelos de punta de pensar lo que podría pasar solo por querer ir demasiado deprisa.

Son nuestros hijos e hijas. Son el futuro. Están en pleno desarrollo. El COVID apenas les afecta. ¿De verdad vale la pena correr el riesgo de que les pase algo por culpa de una vacuna que está en fase experimental?

La prudencia me dice que no.

Y no es porque sea anti vacunas. Mis hijos tienen todas las vacunas que marca el calendario y algunas más. Tampoco soy negacionista ni creo en las teorías conspiratorias que circulan con respecto al COVID. Solo soy una persona prudente, a la que le gusta sopesar bien las cosas.

Pienso en mis hijos, pienso en todos los demás chicos y chicas, niños y niñas, y no puedo más que preguntarme qué sentido tiene vacunar a 100.000 para evitar que 54 tengan síntomas graves. Con la información disponible a fecha de hoy, al poner en la balanza los posibles beneficios y los riesgos potenciales de la vacuna para los menores de 20 años, los riesgos pesan mucho más.

Por eso ¡no permitamos que usen los cuerpos de nuestros hijos e hijas para probar una vacuna experimental que tan poco les beneficia!

Por favor, firma para pedirle al Presidente del Gobierno y a la Ministra de Sanidad que no incluyan en el protocolo de vacunación COVID a los menores de 19 años.

¡Protejamos entre todos a nuestros menores!

Isabel González

 

Más información en https://analisisinformacioncovid.blogspot.com/

 

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