
Llevo un tiempo pensando en que al final no lo harán. Debo estar en un momento pesimista. Pero de alguna manera ahora me siento así. Quizá sea porque la Persona con Autonomía no interesa. Digo Persona con Autonomía porque autónomo no me gusta, me despersonaliza, y lo primero que soy, aunque haya a quien se le olvida es PERSONA y reclamo mi derecho al desarrollo autónomo.
Quizá el problema es creer que la política es política. La política es economía. Pero ahí quizá también está otro problema, que la economía tampoco es economía. La política y la economía son las ficciones que nos dimos para desarrollarnos en una sociedad equilibrada y pacífica que fuese capaz de responder a las necesidades sociales y permitir el desarrollo. Me acuerdo de aquel señor y su mano invisible diciendo que todo se autorregula y tiende al equilibrio de manera natural, la demanda condiciona la oferta y regula los precios y por supuesto no hay necesidad de que nadie vigile nada. Fuera toda intervención. Esa ficción debía responder al objetivo de equilibrio y desarrollo.
Pero todo está intervenido. La economía no está cubriendo las necesidades de las sociedades. La política, que debía ser ese puente entre lo económico y lo social está tomada por el poder económico, que ya no es económico siquiera, es poder Capital. La política y la economía están sirviendo a las necesidades del propio Capital. Pero las personas somos las que tenemos necesidades, el Capital lo que tiene es avaricia. La política y la economía están sirviendo a la avaricia del Capital.
Las empresas, los trabajadores asalariados y las Personas Autónomas son los jugadores visibles de la partida. Pero no jugamos todos con la misma baraja. La baraja de las empresas tiene Ases y Reyes, tiene organismos visibles que actúan como grupos de presión al poder político. Si el Ibex tose, España tiembla. Y todas las reformas laborales se hacen según sus dictados. Y si los organismos visibles son así, como serán los invisibles.
Los trabajadores asalariados hasta ahora tenían en su lucha colectiva sus mejores cartas, pero el sistema se ha desequilibrado totalmente y vamos al desmantelamiento del colchón de seguridad que los trabajadores por cuenta ajena tenían. El sentimiento de lo común una vez más ha sido destruido, nos creímos la ficción de que las hormigas eran de repente cigarras y con eso nos han desarmado. Los Ases y los Reyes del capital no tienen oponentes a su altura.
Y por último están las Personas Autónomas. El gran Capital deja resquicios. La superrentabilidad no se encuentra en todas partes y el capital huye de esos vacíos. Nuestra autonomía nos permite explotar esos huecos. Pero somos un colectivo que en su baraja no tiene figuras, nos dan las cartas del 2 al 10, no vaya a ser que alguien desde su resquicio vaya a descubrir una fuente rentable y pueda convertir su 4 en un As. Pero esto no va a pasar mientras no se nos den posibilidades reales, verdaderas condiciones para nuestro desarrollo. Pero no tenemos organismos de dialogo-presión, estamos en clara desventaja. Y la mano invisible de alguien hace que una y otra vez no se abra el marco que coarta, que nos mantiene en los márgenes de la supervivencia. Si de verdad fueran sociales nos abrirían el marco de posibilidades, si de verdad fueran liberales dejarían que el mercado se regulase solo. La política está intervenida. La economía está intervenida. El juego está intervenido. No hay equilibrio, no hay desarrollo, no hay posibilidades iguales.
Disculpa mi pesimismo, será que hoy me he cruzado con el Desengaño en la calle de la Hipocresía.