Por un etiquetado conciso y unas cartas de alérgenos fiables

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En el 2015, la prensa recogía que las alergias alimentarias afectaban a más de dos millones de personas en nuestro país. La tendencia era que esta cifra continuara aumentando, siendo los menores de edad algunos de los principales afectados. Actualmente se desconoce cuántos enfermos hay en España.

En mi caso, soy alérgica a varios alimentos, aunque podríamos concretarlos en las frutas y los frutos con cáscara. Si los ingiero, sufriría un shock anafiláctico que conllevaría un alto riesgo de muerte si no recibo tratamiento médico en los sucesivos minutos. Poseo una inyección de epinefrina (o adrelina), que viaja conmigo, pero esto no evita que tenga que acudir rápidamente al hospital. Pese a la importancia del asunto que se trata y la gravedad de las reacciones, las empresas de alimentación y muchas cadenas de restauración no ponen nada de su parte por facilitar la tarea a los alérgicos y diariamente se nos perjudica.

Si voy al supermercado, no encuentro chocolate sin trazas de frutos secos y la mayoría de dulces los incluyen; incluso algunas barras de pan pueden contener frutos de cáscara. Me dispongo a comer con mis familiares o amigos en un restaurante y muchas de las cadenas de restauración, pese a tener una carta de alérgenos, advierten que no pueden garantizar el consumo de sus platos a personas alérgicas, ya que todos ellos pueden contener trazas de todos los alérgenos. Podría entender que un postre contuviera trazas de almendras, pero no entiendo cómo pueden tener trazas las masas de las pizzas o el pan tostado normal que se compra habitualmente en el supermercado. Cada vez es más difícil encontrar productos puros, sin mezclas, o comer fuera de casa sin que esto suponga un alto riesgo.

El 13 de julio de 2017 la Comisión Europea analizaba e informaba en un documento sobre el Reglamento (UE) Nº 1169/2011 con el fin de ayudar a las empresas y a las autoridades nacionales el cumplimiento de la citada legislación. En ella se enumeraban los posibles alérgenos existentes y se recomendaba cómo etiquetar los productos envasados y los no envasados. De hecho, en el punto 1.3. se especifica que:

«En concreto, en virtud de la nueva legislación, se exige que se facilite siempre a los consumidores la información sobre la presencia de alérgenos en alimentos, en particular en alimentos no envasados [artículo 9, apartado 1, letra c), y artículo 44]. No obstante, los Estados miembros están autorizados a adoptar medidas nacionales sobre  los medios mediante los cuales debe ponerse a disposición la información sobre los alérgenos en los alimentos no envasados. Por lo que respecta a los alimentos envasados, el Reglamento establece las modalidades que definen cómo debe facilitarse en los alimentos la información sobre alérgenos (artículo 21).»

De acuerdo con el artículo anterior, se debe presuponer que la Comisión Europea tomó estas medidas para facilitar a los consumidores (incluidos los que poseen alergias alimentarias) la presencia de alérgenos en todos los productos. En ningún caso creo que tuvieran la intención de que todos los productos incluyeran, en su etiquetado, todas las posibles sustancias alérgicas o ampararse, en su defecto, en las fórmulas: "Puede contener...", "Puede contener trazas de...", "Debido a los procesos de elaboración en nuestros establecimientos, no podemos excluir la presencia de cualquiera de los alérgenos aquí declarados en cualquiera de nuestros productos" (extraído de la carta de alérgenos de Telepizza a fecha de 07/02/2018), etc.

¿Se imaginan que en el prospecto de un medicamento se incluyera una cláusula informativa advirtiendo que puede incorporar sustancias de otro? ¿No les resultaría alarmante si, al tomar un paracetamol, encontrara un apéndice que indicara "Puede contener trazas de las sustancias: acetilcisteína, nepafenaco y drospirenona"? Y si una de esas sustancias le pudiera provocar la muerte, ¿no sentiría pánico y desasosiego por las posibles consecuencias que podría tener ingerirlas? ¿No dudaría repetidamente sobre si debe tomarse el producto? Afortunadamente los prospectos de los medicamentos únicamente incluyen certezas (y no posibilidades ni hipótesis).

Todos las personas con alergias alimentarias nos merecemos poder consumir ciertos productos con absoluta tranquilidad. Todos tenemos el derecho a comer un plato de forma segura en un restaurante, una terraza o un bar y que la carta de alérgenos sea fidedigna, ya que, de acuerdo con el artículo 14 de la Constitución Española: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social». Si por estas disposiciones no podemos consumir numerosos productos ni podemos acudir a cuantiosos restaurantes, ¿no estamos los alérgicos siendo discriminados frente a otros consumidores?

Las leyes deben proteger y respaldar a los ciudadanos; no pueden servir para que cientos de empresas cumplan la legislación a su modo de entender, incluyendo todos los alérgenos en todos sus productos. Entiendo la dificultad para una empresa de servir un producto sin trazas y de asegurar que no haya contaminación cruzada pero, si las farmacéuticas lo han logrado, estoy segura de que algo más se puede hacer.

Es necesario que las cartas de alérgenos sean claras, fiables y concisas y que la manipulación de los alimentos sea segura porque muchos nos estamos jugando la vida cada día. ¿Qué sentido tiene la legislación actual si no solventa los problemas de los alérgicos?

 



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