La muerte ambigua de Shannel Colón Ponce Por Adriana María Garriga-López


La muerte ambigua de Shannel Colón Ponce
Por Adriana María Garriga Adriana Garriga-López
Enfrentarse a la muerte de un ser amado es uno de los retos mayores que experimentamos en la vida como seres humanos. Ese desafío sólo logramos subsanarlo con el tiempo y mediante la construcción de una narrativa que llamamos la verdad. Más aun cuando dicha muerte es catalogada oficialmente como un suicidio. Hablo por experiencia propia, lamentablemente, ya que mi madre murió por suicidio en el 1997.
Sanar las heridas que deja un deceso violento requiere entender lo que ocurrió para así poder atribuir algún sentido a su muerte. Si logramos conocer la verdad y como ocurrió, podremos ser capaces de cerrar el ciclo. Es decir, tendremos entonces la posibilidad de entender lo ocurrido, para así llegar a celebrar la memoria de esa persona.
¿Pero, cómo sabemos cuál es la verdad y de qué forma llegamos a conocerla? ¿Y qué hacemos cuando hay más de una historia oficial o cuando no sabemos exactamente qué ocurrió? En el caso de las mujeres confinadas en el Complejo de Rehabilitación para Mujeres en Bayamón, si alguna de ellas muere, es el Estado Libre Asociado de Puerto Rico quien se supone que posea la verdad, ya que están presas bajo su custodia. En fin, es la responsabilidad del estado determinar e informar cuál fue la causa de esa muerte.
¿Cómo murió la joven puertorriqueña de 23 años Shannel Colón Ponce el 2 de junio del 2022? ¿Murió de un salto desde su celda en Bayamón con una sábana amarrada a su garganta, según al menos una de las versiones oficiales? ¿O murió asesinada por quienes se supone que la cuidaran, según otras presas? Su familia necesita conocer la verdad para poder sanar el trauma de su pérdida, pero no han recibido información que les permita asimilarla, lo cual les mantiene en un limbo emocional.
Clamor de justicia en el sepelio de Shannel Colón Ponce
Como antropóloga cultural, estudio la muerte y la violencia como fenómenos sociales con sus correspondientes ritos. Busco entender la manera en que las sociedades responden a la muerte y cómo los recursos culturales pueden ayudarnos a sobrellevar la violencia y las pérdidas cercanas. Los investigadores en este campo analizamos también lo que ocurre cuando no tenemos acceso a esas verdades, ritos y costumbres que nos ayudan a subsanar la pena.
El antropólogo Jason De León (2015), por ejemplo, ha descrito como las muertes ambiguas de los migrantes desaparecidos en el desierto de Sonora dificultan el duelo de sus seres queridos, quienes tendrán que vivir con interrogantes nunca esclarecidas porque sus restos se han desintegrado. De esta forma sus muertes ambiguas proveen una coartada al estado que les abandona porque simplemente ya no están.
En el caso de Shannel, el duelo sobre su muerte y la celebración de su vida están truncadas por las dinámicas de inequidad social que tipifican aquí las instituciones penales en cuanto a los derechos humanos y la salud mental. La falta de servicios de salud de calidad en las cárceles, incluyendo la de salud mental, reflejan el decaimiento general de la salud en Puerto Rico que sufre la población entera.
En medios de prensa se ha informado que en la cárcel donde murió Shannel hay un sólo psiquiatra para una población de confinadas que casi en su totalidad sufre de alguna condición de salud mental y que su tiempo es compartido con otras tres cárceles.
Conocer la verdad sobre este caso tendrá implicaciones más allá de la familia de Shannel y aún más allá de la justicia individual. La verdad sobre este caso tiene que ver con quienes somos como pueblo y como tratamos a las personas con padecimientos de salud mental. Insistir sobre la importancia del caso de Shannel es también insistir sobre el valor de las vidas de las personas empobrecidas en Puerto Rico que son casi la mitad de la población y casi el 60% de la niñez puertorriqueña.
¿Quién tiene la verdad en este caso? ¿Serán acaso las mujeres que pasaron por esa cárcel? ¿O será el estado? ¿Vale la pena investigarlo a fondo?
Encontrar la contestación a esa pregunta ayudará a la familia de Shannel a sobrevivir su pérdida. Y nos ayudará a entender las necesidades que enfrentamos como pueblo, incluyendo la defensa de la dignidad de las personas encarceladas. Además, nos toca urgentemente mejorar las formas de atender las necesidades de salud mental de nuestra gente.
Sea cual sea la verdad sobre la muerte de Shannel, si en vez de ser castigada por sus padecimientos, hubiese recibido la ayuda y atención médica que necesitaba y merecía, quizás todavía estaría viva. Y como ella, tantas otras mujeres.
La familia de Shannel requiere respuestas. También todos debemos conocer la verdad sobre su muerte porque esta tragedia refleja y es producto de nuestra sociedad.