
CARTA DE CIUDADANOS CUBANOS A LOS PRESIDENTES DE CUBA Y EE UU
La causa
A los Excelentísimos Señores
Miguel Díaz-Canel Bermúdez
Presidente de la República de Cuba
Donald J. Trump
Presidente de los Estados Unidos de América
A los Jefes de Estado y de Gobierno del mundo
Asunto: Propuesta para una solución pacífica de la cuestión cubana mediante un proceso de transición política en tres etapas
Excelentísimos Señores Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno:
Nos dirigimos respetuosamente a ustedes como ciudadanos cubanos, inspirados en los valores civilizatorios de nuestra Patria y en el ideario libertario de nuestros Próceres, movidos por una convicción que creemos superior a cualquier diferencia política.
Proponemos la refundación de una Patria «con todos y para el bien de todos», que reconozca al ciudadano como soberano, a la dignidad humana como fundamento y límite del poder y a la justicia como fin del Derecho.
Sobre estos principios procuramos una República capaz de alcanzar la armonía entre sus elementos diversos, donde el poder esté al servicio del ciudadano y no el ciudadano al servicio del poder.
Después de más de seis décadas de confrontación entre Cuba y los Estados Unidos, ha llegado el momento de intentar una solución cubana y pacífica que permita cerrar definitivamente uno de los conflictos políticos más prolongados de nuestro hemisferio.
No escribimos estas palabras para determinar vencedores y vencidos. Tampoco pretendemos imponer a ninguna de las partes una rendición política, ideológica o histórica. Proponemos algo más difícil y, precisamente por ello, quizá más trascendente: que Cuba y los Estados Unidos contribuyan a crear las condiciones necesarias para que sean los propios cubanos quienes puedan decidir, pacíficamente y mediante procedimientos legítimos, el orden político bajo el cual desean vivir.
La historia no tiene por qué ser una condena perpetua.
Las generaciones que protagonizaron los acontecimientos que condujeron a la confrontación entre nuestros países están desapareciendo. Sin embargo, sus consecuencias continúan condicionando la existencia de nuevas generaciones que han heredado sus divisiones, sus resentimientos y sus consecuencias económicas, políticas y humanas.
Creemos que existe otro camino.
Resulta particularmente significativo que la propia Constitución vigente de la República de Cuba invoque el pensamiento de José Martí y declare su voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por aquel profundo anhelo martiano:
«Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre».
Si la dignidad del hombre debe constituir el fundamento de la República, ninguna ideología, ningún partido, ningún gobierno y ningún interés extranjero puede encontrarse por encima del ciudadano.
Desde esa concepción proponemos considerar una Transición Política Cubana en tres etapas.
Primera etapa: recuperación de la dignidad civilizatoria y reconciliación nacional
Antes de discutir quién habrá de gobernar Cuba, proponemos acordar algo anterior: cómo queremos convivir los cubanos.
Esta primera etapa debería abrir un proceso nacional de reconciliación, reconocimiento de derechos y libertades fundamentales, liberación de quienes permanezcan privados de libertad por el ejercicio pacífico de derechos políticos, creación de garantías para la expresión de las diferentes corrientes de pensamiento y establecimiento de condiciones que permitan participar en el proceso tanto a los cubanos residentes en la Isla como a los residentes en el exterior.
Se trataría de crear, con la cooperación internacional y, particularmente, con la de los Estados Unidos, las condiciones humanas, jurídicas y políticas que permitan que ninguna de las partes tenga que considerar la destrucción de la otra como requisito de su propia supervivencia.
Cuba necesita recuperar primero la confianza entre cubanos.
Segunda etapa: un Pacto Social entre ciudadanos
Una vez creadas esas garantías fundamentales, proponemos que los cubanos sean convocados a consagrar un Pacto Social, anterior a cualquier Constitución y superior a los intereses de cualquier partido político.
Aquí reside una diferencia esencial de nuestra propuesta.
No creemos que la primera pregunta deba ser quién gobernará Cuba. Tampoco creemos que deba comenzarse convocando a una Asamblea Constituyente integrada inevitablemente por organizaciones, dirigentes y fuerzas políticas que acudirían a ella con sus respectivos programas, intereses y aspiraciones de poder político.
El Pacto Social debería reconocer un conjunto esencial de principios que ningún gobierno posterior pudiera desconocer: a) la soberanía ciudadana: el ciudadano como primera y última fuente del poder; b) la inviolabilidad de la dignidad de la persona humana; c) la justicia como fin del Derecho; d) la temporalidad del poder político; e) la independencia, separación y división de los poderes públicos; f) la autonomía municipal; y g) el principio de que quienes gobiernan reciben competencias, pero nunca adquieren la soberanía, que pertenece al ciudadano.
Ese Pacto debería ser sometido directamente a la ratificación de los cubanos, con las garantías legales pertinentes y aprovechando la inmediatez y las posibilidades de participación que ofrece la Revolución Digital.
Refrendado por la mayoría de los cubanos, se erigiría en la Primera Ley de la República.
Tercera etapa: el acto de constituir la institucionalidad de la República
La Constitución ya no surgiría exclusivamente de la negociación entre fuerzas políticas que intentaran conquistar espacios de poder. Tendría delante de sí un mandato previo del soberano: los principios que los propios ciudadanos hubieran establecido mediante el Pacto Social.
El resultado final no debería ser decidido anticipadamente por el actual Gobierno cubano, por la oposición, por el exilio, por los Estados Unidos ni siquiera por quienes suscribimos esta propuesta. Debe decidirlo el ciudadano cubano.
No solicitamos que los Estados Unidos determinen el futuro político de Cuba. Solicitamos que contribuyan a hacer posible que los cubanos puedan determinarlo.
Y nos dirigimos igualmente al Presidente de la República de Cuba.
No le solicitamos que renuncie anticipadamente a sus convicciones políticas. Le proponemos que permita que esas convicciones, junto a todas las demás existentes dentro de la nación cubana, sean sometidas pacíficamente al juicio soberano de los ciudadanos.
La transición que proponemos no exige que ninguna de las partes renuncie previamente a su interpretación de la historia. Exige solamente que ambas acepten que el futuro no puede pertenecer exclusivamente al pasado.
Los Estados Unidos podrían acompañar este proceso mediante garantías, cooperación económica y una revisión progresiva de aquellas medidas de confrontación cuya razón de existencia desaparezca conforme avance una transición verificable.
El Gobierno cubano, por su parte, podría proporcionar las garantías internas indispensables para que las diferentes corrientes de pensamiento participen pacíficamente, sin represalias y en igualdad jurídica, en la construcción del nuevo Pacto.
La comunidad internacional podría acompañar y verificar los acuerdos alcanzados sin sustituir jamás la voluntad de los cubanos.
Proponemos una refundación de la República entre todos los cubanos.
En Varela, Agramonte, Martí y Fernando Ortiz, así como en Jefferson, Madison, Washington y Lincoln, encontramos tradiciones diferentes, pero también un lenguaje republicano capaz de ayudarnos a atravesar nuestras diferencias. La República no fue concebida como propiedad de una clase, casta o partido.
Más de un siglo después, esa aspiración continúa inconclusa.
Excelentísimos Señores Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno:
La paz no consiste solamente en evitar una guerra. Consiste también en encontrar una salida política antes de que la desesperación, la incomunicación y el deterioro de las condiciones humanas hagan imposible encontrarla.
Cuba y los Estados Unidos poseen más puntos de encuentro que diferencias. No pretendemos desconocer estas últimas.
Que los gobiernos dialoguen. Que los ciudadanos decidan. Que la comunidad internacional acompañe. Que todas las corrientes cubanas puedan expresarse.
Pero que, al final, decidan los ciudadanos.
Si después de más de seis décadas de conflicto ambas naciones fueran capaces de contribuir a una solución pacífica que devolviera a cada cubano la condición de protagonista de su propio destino político, no estaríamos simplemente resolviendo un conflicto bilateral. Estaríamos demostrando que todavía es posible sustituir la fuerza por el Derecho, la imposición por el Pacto y la soberanía del poder por la soberanía del ser humano.
Ese es el espíritu con el cual sometemos respetuosamente esta propuesta a la consideración de ambos gobiernos y de la comunidad internacional.
No pedimos que acepten de antemano nuestras respuestas.
Les pedimos algo mucho más elemental:
que permitan a los cubanos formular libremente la pregunta y decidir soberanamente la respuesta.
Con el mayor respeto,
Ciudadanos Cubanos:
1- Darlin Adalberto Andreu Rodríguez. Dirección: Calle 3ra #42A % 2da y 1ra, Playa Santa Rita, municipio Nuevitas, provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: +79251881276.
2- Milka Ibáñez Morales. Dirección: Calle C # 29 % 1ra y 2da, Reparto Villa Mariana, ciudad Camagüey, provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 58159356.
3- Jorge Luis Santana Tires. Dirección: Calle Agustín E Roble # 18 % Carretera Central y Roberto Reyes, municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 52626624.
4- Reinier Calderín Socarras. Dirección: 15 Sur # 1962 % 8 y 9 Oeste, provincia Guantánamo, Cuba. Teléfono: 51260996.
5- Antonio González Muñiz. Dirección: Calle Marcelino Castañeda # 5 % Charles Morel y Evelio Rodríguez, municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 50843908.
6- Rogelio Rodríguez Mora. Dirección: Calle 11 NA % Calle A y Calle B, Edificio 3, Apartamento 11, Batey Oriente Rebelde, municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 55747791.
7- Disney Azahares Moré. Dirección: Carretera Central Este # 816 % Capitán Frit y Acosta, Reparto Villa Mariana, ciudad Camagüey, provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 54182280.
8- Carlos Alberto Mcdonald. Dirección: Calle José Martí # 50, omaja, Las Tunas, provincia Tunas, Cuba. Teléfono: 54935486.
9- Aniesky Calderín Acosta. Dirección: Calzada B, Unidad 37, Apartamento 11 Alto, Reparto Lenín, ciudad Camagüey, provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 59440718.
10- Yuniesky Álvarez Casas. Dirección: Calle Fructuoso Rodríguez # 69 % Carretera Central y Frank País, municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 55268999.
11- Jiordan Marrero Huerta. Dirección: Calle Rogelio Martinez # 97 % Manuel Fajardo y Jesús Menéndez, Municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 53625997.
12- Yairi Marrero Sánchez. Dirección: Calle Rogelio Martinez # 97 % Manuel Fajardo y Jesús Menéndez, Municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 56112728.

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La causa
A los Excelentísimos Señores
Miguel Díaz-Canel Bermúdez
Presidente de la República de Cuba
Donald J. Trump
Presidente de los Estados Unidos de América
A los Jefes de Estado y de Gobierno del mundo
Asunto: Propuesta para una solución pacífica de la cuestión cubana mediante un proceso de transición política en tres etapas
Excelentísimos Señores Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno:
Nos dirigimos respetuosamente a ustedes como ciudadanos cubanos, inspirados en los valores civilizatorios de nuestra Patria y en el ideario libertario de nuestros Próceres, movidos por una convicción que creemos superior a cualquier diferencia política.
Proponemos la refundación de una Patria «con todos y para el bien de todos», que reconozca al ciudadano como soberano, a la dignidad humana como fundamento y límite del poder y a la justicia como fin del Derecho.
Sobre estos principios procuramos una República capaz de alcanzar la armonía entre sus elementos diversos, donde el poder esté al servicio del ciudadano y no el ciudadano al servicio del poder.
Después de más de seis décadas de confrontación entre Cuba y los Estados Unidos, ha llegado el momento de intentar una solución cubana y pacífica que permita cerrar definitivamente uno de los conflictos políticos más prolongados de nuestro hemisferio.
No escribimos estas palabras para determinar vencedores y vencidos. Tampoco pretendemos imponer a ninguna de las partes una rendición política, ideológica o histórica. Proponemos algo más difícil y, precisamente por ello, quizá más trascendente: que Cuba y los Estados Unidos contribuyan a crear las condiciones necesarias para que sean los propios cubanos quienes puedan decidir, pacíficamente y mediante procedimientos legítimos, el orden político bajo el cual desean vivir.
La historia no tiene por qué ser una condena perpetua.
Las generaciones que protagonizaron los acontecimientos que condujeron a la confrontación entre nuestros países están desapareciendo. Sin embargo, sus consecuencias continúan condicionando la existencia de nuevas generaciones que han heredado sus divisiones, sus resentimientos y sus consecuencias económicas, políticas y humanas.
Creemos que existe otro camino.
Resulta particularmente significativo que la propia Constitución vigente de la República de Cuba invoque el pensamiento de José Martí y declare su voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por aquel profundo anhelo martiano:
«Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre».
Si la dignidad del hombre debe constituir el fundamento de la República, ninguna ideología, ningún partido, ningún gobierno y ningún interés extranjero puede encontrarse por encima del ciudadano.
Desde esa concepción proponemos considerar una Transición Política Cubana en tres etapas.
Primera etapa: recuperación de la dignidad civilizatoria y reconciliación nacional
Antes de discutir quién habrá de gobernar Cuba, proponemos acordar algo anterior: cómo queremos convivir los cubanos.
Esta primera etapa debería abrir un proceso nacional de reconciliación, reconocimiento de derechos y libertades fundamentales, liberación de quienes permanezcan privados de libertad por el ejercicio pacífico de derechos políticos, creación de garantías para la expresión de las diferentes corrientes de pensamiento y establecimiento de condiciones que permitan participar en el proceso tanto a los cubanos residentes en la Isla como a los residentes en el exterior.
Se trataría de crear, con la cooperación internacional y, particularmente, con la de los Estados Unidos, las condiciones humanas, jurídicas y políticas que permitan que ninguna de las partes tenga que considerar la destrucción de la otra como requisito de su propia supervivencia.
Cuba necesita recuperar primero la confianza entre cubanos.
Segunda etapa: un Pacto Social entre ciudadanos
Una vez creadas esas garantías fundamentales, proponemos que los cubanos sean convocados a consagrar un Pacto Social, anterior a cualquier Constitución y superior a los intereses de cualquier partido político.
Aquí reside una diferencia esencial de nuestra propuesta.
No creemos que la primera pregunta deba ser quién gobernará Cuba. Tampoco creemos que deba comenzarse convocando a una Asamblea Constituyente integrada inevitablemente por organizaciones, dirigentes y fuerzas políticas que acudirían a ella con sus respectivos programas, intereses y aspiraciones de poder político.
El Pacto Social debería reconocer un conjunto esencial de principios que ningún gobierno posterior pudiera desconocer: a) la soberanía ciudadana: el ciudadano como primera y última fuente del poder; b) la inviolabilidad de la dignidad de la persona humana; c) la justicia como fin del Derecho; d) la temporalidad del poder político; e) la independencia, separación y división de los poderes públicos; f) la autonomía municipal; y g) el principio de que quienes gobiernan reciben competencias, pero nunca adquieren la soberanía, que pertenece al ciudadano.
Ese Pacto debería ser sometido directamente a la ratificación de los cubanos, con las garantías legales pertinentes y aprovechando la inmediatez y las posibilidades de participación que ofrece la Revolución Digital.
Refrendado por la mayoría de los cubanos, se erigiría en la Primera Ley de la República.
Tercera etapa: el acto de constituir la institucionalidad de la República
La Constitución ya no surgiría exclusivamente de la negociación entre fuerzas políticas que intentaran conquistar espacios de poder. Tendría delante de sí un mandato previo del soberano: los principios que los propios ciudadanos hubieran establecido mediante el Pacto Social.
El resultado final no debería ser decidido anticipadamente por el actual Gobierno cubano, por la oposición, por el exilio, por los Estados Unidos ni siquiera por quienes suscribimos esta propuesta. Debe decidirlo el ciudadano cubano.
No solicitamos que los Estados Unidos determinen el futuro político de Cuba. Solicitamos que contribuyan a hacer posible que los cubanos puedan determinarlo.
Y nos dirigimos igualmente al Presidente de la República de Cuba.
No le solicitamos que renuncie anticipadamente a sus convicciones políticas. Le proponemos que permita que esas convicciones, junto a todas las demás existentes dentro de la nación cubana, sean sometidas pacíficamente al juicio soberano de los ciudadanos.
La transición que proponemos no exige que ninguna de las partes renuncie previamente a su interpretación de la historia. Exige solamente que ambas acepten que el futuro no puede pertenecer exclusivamente al pasado.
Los Estados Unidos podrían acompañar este proceso mediante garantías, cooperación económica y una revisión progresiva de aquellas medidas de confrontación cuya razón de existencia desaparezca conforme avance una transición verificable.
El Gobierno cubano, por su parte, podría proporcionar las garantías internas indispensables para que las diferentes corrientes de pensamiento participen pacíficamente, sin represalias y en igualdad jurídica, en la construcción del nuevo Pacto.
La comunidad internacional podría acompañar y verificar los acuerdos alcanzados sin sustituir jamás la voluntad de los cubanos.
Proponemos una refundación de la República entre todos los cubanos.
En Varela, Agramonte, Martí y Fernando Ortiz, así como en Jefferson, Madison, Washington y Lincoln, encontramos tradiciones diferentes, pero también un lenguaje republicano capaz de ayudarnos a atravesar nuestras diferencias. La República no fue concebida como propiedad de una clase, casta o partido.
Más de un siglo después, esa aspiración continúa inconclusa.
Excelentísimos Señores Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno:
La paz no consiste solamente en evitar una guerra. Consiste también en encontrar una salida política antes de que la desesperación, la incomunicación y el deterioro de las condiciones humanas hagan imposible encontrarla.
Cuba y los Estados Unidos poseen más puntos de encuentro que diferencias. No pretendemos desconocer estas últimas.
Que los gobiernos dialoguen. Que los ciudadanos decidan. Que la comunidad internacional acompañe. Que todas las corrientes cubanas puedan expresarse.
Pero que, al final, decidan los ciudadanos.
Si después de más de seis décadas de conflicto ambas naciones fueran capaces de contribuir a una solución pacífica que devolviera a cada cubano la condición de protagonista de su propio destino político, no estaríamos simplemente resolviendo un conflicto bilateral. Estaríamos demostrando que todavía es posible sustituir la fuerza por el Derecho, la imposición por el Pacto y la soberanía del poder por la soberanía del ser humano.
Ese es el espíritu con el cual sometemos respetuosamente esta propuesta a la consideración de ambos gobiernos y de la comunidad internacional.
No pedimos que acepten de antemano nuestras respuestas.
Les pedimos algo mucho más elemental:
que permitan a los cubanos formular libremente la pregunta y decidir soberanamente la respuesta.
Con el mayor respeto,
Ciudadanos Cubanos:
1- Darlin Adalberto Andreu Rodríguez. Dirección: Calle 3ra #42A % 2da y 1ra, Playa Santa Rita, municipio Nuevitas, provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: +79251881276.
2- Milka Ibáñez Morales. Dirección: Calle C # 29 % 1ra y 2da, Reparto Villa Mariana, ciudad Camagüey, provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 58159356.
3- Jorge Luis Santana Tires. Dirección: Calle Agustín E Roble # 18 % Carretera Central y Roberto Reyes, municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 52626624.
4- Reinier Calderín Socarras. Dirección: 15 Sur # 1962 % 8 y 9 Oeste, provincia Guantánamo, Cuba. Teléfono: 51260996.
5- Antonio González Muñiz. Dirección: Calle Marcelino Castañeda # 5 % Charles Morel y Evelio Rodríguez, municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 50843908.
6- Rogelio Rodríguez Mora. Dirección: Calle 11 NA % Calle A y Calle B, Edificio 3, Apartamento 11, Batey Oriente Rebelde, municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 55747791.
7- Disney Azahares Moré. Dirección: Carretera Central Este # 816 % Capitán Frit y Acosta, Reparto Villa Mariana, ciudad Camagüey, provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 54182280.
8- Carlos Alberto Mcdonald. Dirección: Calle José Martí # 50, omaja, Las Tunas, provincia Tunas, Cuba. Teléfono: 54935486.
9- Aniesky Calderín Acosta. Dirección: Calzada B, Unidad 37, Apartamento 11 Alto, Reparto Lenín, ciudad Camagüey, provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 59440718.
10- Yuniesky Álvarez Casas. Dirección: Calle Fructuoso Rodríguez # 69 % Carretera Central y Frank País, municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 55268999.
11- Jiordan Marrero Huerta. Dirección: Calle Rogelio Martinez # 97 % Manuel Fajardo y Jesús Menéndez, Municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 53625997.
12- Yairi Marrero Sánchez. Dirección: Calle Rogelio Martinez # 97 % Manuel Fajardo y Jesús Menéndez, Municipio Sibanicu, Provincia Camagüey, Cuba. Teléfono: 56112728.

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Petición creada en 29 de septiembre de 2026