Los que vivimos en el Limbo de la Ciencia Mexicana

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                                                                                                 México. Diciembre 16, 2018

 Lic. Andrés Manuel López Obrador

Presidente de México

Dra. María Elena Álvarez Buylla

Directora General del CONACyT

 PRESENTES:

 Como jóvenes mexicanos progresistas, nos congratulamos de tener, por fin, luego de tantas luchas sociales y al cabo de las décadas infames del neoliberalismo que ha sumido a nuestro país en la inopia, un presidente verdaderamente comprometido con la mayoría de los que hemos nacido y habitamos este gran país.

Reciba usted, señor presidente de México, nuestro saludo, aunado a nuestras más sinceras felicitaciones y a nuestra esperanza en un mejor futuro para México, como el que usted ha prometido y en el que confiamos. Los mexicanos que lo apoyamos y no lo dejaremos solo, como nos pidió en el emotivo e inédito, históricamente hablando, discurso en el Zócalo de la Ciudad de México el pasado primero de diciembre; le rogamos, por nuestra parte, que usted tampoco nos deje solos con las preocupaciones e incertidumbre que nos embargan, derivadas ambas de la precaria situación laboral en que nos encontramos una gran cantidad de científicos jóvenes del país, bien preparados y, pese a ello, que no encontramos forma de contribuir al desarrollo de nuestro país por no haber empleo al alcance. Muchos de nosotros sobrevivimos en difíciles condiciones en una especie de limbo profesional que se extiende sin freno a lo largo de los años, con el solo, ocasional y mínimo apoyo de becas y trabajos eventuales, a pesar de contar la gran mayoría con estudios de posgrado (en instituciones nacionales y del extranjero) y aun con estudios posdoctorales.

Señor presidente: la falta de plazas con definitividad laboral nos obliga a hacer crecer un currículum cuyo único y pírrico beneficio, en el mejor de los casos, consiste en obtener una carta de recomendación para el siguiente trabajo temporal, de modo que más rápido que inmediatamente el tiempo pasa y, un mal día, se nos dice que ya estamos muy viejos para ser considerados aptos para un trabajo permanente. Muchos apenas hemos rebasado la treintena de años, y otros ya nos precipitamos a los cuarenta, en medio de la falta de expectativas laborales, presas de la angustia de la supervivencia a como dé lugar. ¿Para eso hemos estudiado tanto, haciendo sacrificios durante años? ¿Para eso ha invertido nuestro país un dinero inapreciable en nuestra preparación? ¿Para que no seamos capaces de retribuirlo porque se nos cierran las puertas de algún trabajo digno, seguro y adecuadamente remunerado para solventar nuestra vida?

Es muy importante apoyar el futuro de los jóvenes, como usted mismo lo ha planteado con meridiana claridad, Señor Presidente; apreciamos en forma debida su intención de otorgar becas y crear empleos para los futuros científicos. También creemos que es buena la intención de las instancias encargadas de ello en el sentido de repatriar científicos ya consolidados en el extranjero. Aun así, creemos que existe un grave pendiente: ¿Que pasará con los científicos que ya dieron gran parte de su vida a la Ciencia Mexicana?

Somos numerosos los científicos convertidos, por la fuerza de las circunstancias, en eternos posdoctorantes, y a quienes nunca se nos considera ni toma en cuenta para un puesto, debido al no tener el apellido correcto o el color de piel adecuado, o carecer de contactos adecuados o relaciones familiares poderosas; por ellos nos vemos obligados a impartir clases por hora suelta donde se pueda, a cambio de un sueldo miserable, labor infame que nos impide, entre otras cosas, disponer del tiempo indispensable para producir lo que exige el SNI. ¿Cómo vamos a hacer esto si es preciso que busquemos más de dos trabajos donde sea posible, a fin de mantenernos sobre la línea de flotación? Quienes así sobrevivimos no ejercemos las mínimas prestaciones, siendo relegados y explotados como becarios eternos que, en el mejor de los casos, le ahorran a las instituciones recursos que no sabemos a dónde van a parar. Es necesario sanear a las instituciones académicas de la rampante corrupción que las afecta, por que, como muchas instituciones Mexicanas, están controladas por conocidas mafias del poder. ¿Llegaremos a ver, efectivamente, el fin de la corrupción y la impunidad que usted nos ha prometido, Señor Presidente? ¿Por qué México, que nos dio educación, nos niega un empleo digno, obligándonos a medio vivir de varios empleos, durmiendo con el deseo de irnos de nuestro país a buscar en otros lo que aquí se nos niega?

Es frustrante haber dedicado por los menos 12 años a estudios superiores y salir al mundo laboral con una desventaja muchas veces insuperable. Al no recibir prestaciones, muchos de nosotros no hemos acumulado antigüedad para tramitar crédito de vivienda; se nos considera gente sin experiencia laboral en la industria y por lo mismo no hemos iniciado un ahorro para nuestro retiro.

Esta situación es parte de la gran desigualdad que se vive en nuestro país. Como cualquier actividad humana, la ciencia no está exenta de la corrupción, y lamentablemente en México es la norma y no la excepción. Seguramente la Dra. Álvarez Buylla conoce esta situación, dada su experiencia laboral en la UNAM. Un ejemplo claro que causa profunda desazón e indignación es el maltrato laboral que sufren los profesores de asignatura en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Más del 80% de las clases en ese plantel son impartidas por profesores de asignatura, y lamentablemente son los que menos derechos tienen. Comenzando con el sueldo de miseria que reciben a cambio de su trabajo; otra afrenta es el no recibir un peso durante el primer semestre de ingreso (se paga de manera retroactiva, pero esos primeros meses son un calvario para todos los nuevos profesores), y demás abusos que deberían desaparecer si la UNAM desea dar trato digno a sus docentes y si efectivamente, en el futuro inmediato, su conducción responde a los lineamientos de la cuarta transformación de México que usted nos ha prometido, Señor Presidente.

Otra triste experiencia que sufrimos es el silencioso pero constante racismo y malinchismo que permea a las instituciones de investigación. No es casualidad que muchos investigadores de planta sean extranjeros en las principales instituciones de educación e investigación del país, muchos, y pocos y relegados los mexicanos, como nosotros mismos. Tampoco lo es que muchos de los mexicanos en esos puestos sean de tez blanca y ostenten apellidos de origen europeo. Es altamente improbable, como lo demuestran las estadísticas, que la gente morena y de apellido común alcance puestos permanentes; esto no se debe, obviamente, a falta de capacidad, sino a falta de oportunidades justas, imposibilidades derivadas del racismo y el clasismo rampantes de la sociedad mexicana, hoy por hoy y desde hace siglos.

Los jóvenes científicos explotados pasamos la vida académica tratando de hacer crecer un currículum que nunca nos sirve para encontrar colocación laboral; por otra parte e íntimamente relacionado con esto, debemos agregar que la única función de las publicaciones que logramos elaborar estriba en mantener la posición en el SNI de nuestro tutor o jefe, cuando llegamos esporádicamente a tenerlo. Mientras que otros, tristemente, se ven obligados a recurrir a trabajos ajenos a lo que estudiaron, mal remunerados (como el comercio informal, traducciones, clases de regularización, entre otros).

En conclusión, Lic. Andrés Manuel López Obrador y Dra. Álvarez Buylla, lo que queremos es que se nos considere a estos científicos olvidados; que tengamos oportunidades justas y dignas para desarrollar nuestra profesión. No más convocatorias de simulación en las que de antemano ya se sabe a quién van a escoger para dicha plaza, y los demás no recibimos ni el derecho a una entrevista.

Para ésto, proponemos una serie inicial de acciones que podrían ser el punto de partida para atacar éstos problemas:

 1. Hacer un censo útil de todos los científicos titulados en México (incluyendo a los que tengan posgrado) para crear una base de datos nacional de currículos, y conocer el porcentaje que vivan en la actualidad subempleados, desempleados y marginados en general.

 2. Crear un sistema, independiente a las instituciones académicas, donde se publiquen y administren las convocatorias a concurso de plazas. Para fomentar y asegurar la honestidad y apertura de éstos procesos. Con el fin de evitar la asignación a modo y en lo oscurito de éstas plazas laborales.

 3. Propiciar el saneamiento y erradicación de la corrupción en las instituciones de investigación en México. Una forma podría ser mediante un sorteo de auditorías académicas, donde los escogidos tengan que mostrar el destino de los recursos empleados. Así como la fuente de la información científica generada. Ésto último para evitar los casos donde se explota el esquema actual del SNI, al publicar solo refritos para incrementar artificialmente la producción y cumplir con los requisitos exigidos. Ésto también evitaría la falsificación y plagio de datos científicos.

 4. De la mano al punto anterior, hacer una restructuración del SNI, que actualmente parece estar enfocado en propiciar más los trámites burocráticos que la producción científica. Actualmente, los científicos que logran entrar al SNI invierten más su tiempo realizando reportes, reuniones y trámites, y al final no cuentan con el tiempo ni la energía para realizar su función: hacer ciencia.

 5. Existen países (Canadá y el Reino Unido son ejemplos) donde, por ley, se les da prioridad a sus ciudadanos para obtener plazas científicas, antes que a extranjeros. Es decir, éstos países protegen la enorme inversión que hicieron en formar a su gente, y aprovechan éste recurso humano. Estamos conscientes que en la ciencia se necesita el intercambio de ideas, y la inmigración es pieza clave. El problema surge cuando ésto se hace en detrimento de los científicos del país en cuestión. Por lo tanto, no pedimos que se le niegue de entrada un trabajo a científicos extranjeros, pero que sí exista un sistema de protección donde se le dé prioridad a los nacionales. Sería inocente decir que en México no existe la discriminación y el malinchismo. Y muchos Mexicanos ni siquiera son considerados para una entrevista debido a su nacionalidad, color de piel, etc.

 6. Estamos conscientes de que la Academia científica está en crisis. No todos podemos ser investigadores, no existen simplemente los recursos para tantas plazas. Pero estamos seguros de que nuestro conocimiento tiene mucho valor y que puede ser aplicado de manera práctica en los distintos planes de desarrollo social futuro en nuestro país. Solicitamos, entonces, que exista la creación de un medio en el cual podamos exponer nuestras propuestas para resolver las problemáticas específicas que afectan México. Ésto puede generar empleos alternativos a la Academia.

 7. Por último, solicitamos respetuosamente una reunión con usted, señor presidente, y con la Dra. María Elena Álvarez Buylla, para tener una conversación mas a fondo sobre lo expuesto.

 

Los firmantes de ésta petición les damos, por su atención, las gracias. En ustedes confiamos. No nos fallen, que nosotros no le hemos fallado a nuestro país.