Natalia González GonzálezTenerife, Spain
May 29, 2021

Estoy decepcionada, porque sé que se ha quedado atrás en el camino las ganas de acompañarme en mi propósito de que inyectemos las ganas a los profesionales que desde dentro de los edificios desconocen, o prefieren no mover demasiados papeles, para reconocer que algo está mal.

En algunos encuentros inesperados tropecé con algún profesional que otro que ha estado trabajando dentro de CECOES o lo que viene siendo los constitución de todos los medios que conforman el salvamento, rescate y respuesta en Canarias. Todos me reconocen que siempre ha existido desinterés por parte del político o la política de turno de resolver las carencias. Algunos me han reconocido que incluso llegaron proyectos de mejora de la propia Cruz Roja y que estos acabaron en un cajón.

Estoy decepcionada de que los senderos estén transitados hoy por gente, senderos con falta de seguridad y advertencia, de la falta de información previa que se puede hacer en los medios, en vallas publicitarias, prensa, radio… en fin, decepcionada del desinterés.

Soy una madre, una persona con una lucha y mi energía en momentos se ve debilitada. Estoy decepcionada de la falta de interés de este estado, completamente normal, y de que quienes pensaba que eran amigos, las personas a las que tanto dediqué mi tiempo y esperanza no me tiendan la mano para al menos invitarme a dar un paseo y charlar.

Estoy decepcionada, solo es eso y todo, porque la máscara de la alegría esconde decepción, y eso solo está en mí y soy yo la única que puede curarla.

Deseo no decepcionarme más y para ello debo aprender a fluir, dejar de esperar tanto de las personas, simplemente observar y aprender a retirarme a tiempo sin necesidad de tener que perder a quienes están, para ver quienes son las personas en realidad.

Tenemos muchas malas costumbres. Queremos aferrarnos a amistades que no lo son solo por la necesidad de decir este es mi amigo, o la familia que elegí, es la mala costumbre de aparentar que las cosas son de una forma distinta. La mala costumbre de aparentar, esa es la que nos hace fallarnos y dañarnos nosotros mismos.

No, no culpo a quienes fallaron, me culpo a mí por aprender esto tarde. Por aprenderlo cuando en realidad sí necesité ese paseo por Las Cañadas, los churros con chocolate, un baño en el mar o la visita inesperada.

Estoy aprendiendo tanto que ahora ya no espero nada de nadie, yo solo dejo que fluya mi voz, mis ganas y mi energía… y que llegue limpia a quienes de verdad sienten que merece la pena seguir adelante con una batalla, con una madre, con un propósito, una meta o quizá un objetivo. Con un puesto de salvamento marítimo en el norte de Tenerife.

Saldré reforzada de todo esto porque seré más sabia, y la sabiduría es como los años, nadie te la puede quitar.

Hoy cocinaré, haré lasaña, creo, y por la tarde saldré a pasear con mis dragones. Me siento en paz y voy a seguir creyendo que a veces tenemos que dejar que el oxígeno limpie aquello que pasa por el camino para no dejarnos ver nuestros propósitos y objetivos claros.

Quiero confiar que cada error que cometí es una vez más porque yo decidí cometerlo y está vez es el claro reflejo de ello.

Cuando emprendí justicia para Ale la convertí en lucha, era todo tan claro, me refiero a lo que había ocurrido, que esperé un “todos contigo”, y de los de cerca me encontré mucho silencio, hiriente, que pareciera desinterés o quizá que el asunto no iba con ellos. Yo pensaba que al año siguiente habría un dispositivo que no permitiera que ocurriera algo ni similar, qué tonta, ilusa, juro que lo pensé. Me imaginé en el acto de inauguración del proyecto, allí como una más pero mirando al cielo diciendo: Ves Ale, todos no son iguales.

Pero sí Ale, todos van a su propio interés personal. Porque lo que pido es para el bien común y por eso no lo ven interesante.

La vida sigue y mi camino también.

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