🛑 MI DESAHUCIO SE DETUVO, PERO ESTA LUCHA NO TERMINA AQUÍ


🙏 ANTES DE CONTINUAR, TE PIDO UNOS MINUTOS
Esta actualización requiere aproximadamente 5–7 minutos de lectura. Pero antes de leerla, quiero pedirte algo todavía más importante: un minuto de silencio y recuerdo.
Por Olga. Por quienes han fallecido por suicidio después de atravesar situaciones extremas de vulnerabilidad y pérdida de su hogar. Por quienes han sufrido graves consecuencias físicas o emocionales durante estos procesos. Y por todas esas historias que quizá nunca llegaron a ocupar un titular.
No pretendo afirmar que un desahucio explique por sí solo una muerte o un suicidio. Detrás de cada fallecimiento pueden existir circunstancias personales y múltiples factores. Pero sí creo que debemos detenernos a pensar en el enorme sufrimiento humano que puede existir detrás de la pérdida de un hogar.
Un minuto por ellos. Y después, unos minutos para leer. Porque detrás de cada expediente hay una persona, una historia y una vida.
🛑 YO CONSEGUÍ PARAR MI DESAHUCIO. PERO NO VOY A MIRAR HACIA OTRO LADO.
Quienes habéis seguido esta petición ya sabéis que mi situación cambió en agosto de 2026, cuando finalmente pudimos alcanzar un acuerdo con VIPASA y quedó detenido el desahucio al que volvía a enfrentarme. Lo comuniqué entonces y agradecí públicamente todo el apoyo recibido.
Por eso hoy no escribo para volver a anunciar que mi desahucio se ha detenido. Escribo para explicar por qué esta petición no termina conmigo.
En 2024, cuando ya me enfrenté a otro intento de desahucio, nuestra primera petición, “STOP A LOS ALZAMIENTOS DE DESAHUCIO”, reunió 15.270 firmas. Dos años después tuve que volver a pedir ayuda. Y hoy, 23 de septiembre de 2026, esta segunda petición ha alcanzado 1.008 firmas.
Son 16.278 firmas entre las dos peticiones.
Quien quiera conocer todo el recorrido puede consultar también aquella primera petición de 2024 en mi perfil de Change.org.
Detrás de esas cifras hay miles de gestos: personas que se detuvieron, leyeron, firmaron, compartieron y decidieron que mi situación no debía ser ignorada. Y tampoco estuve sola fuera de las redes.
Conté con el acompañamiento de PAH Oviedo Stop Desahucios, con profesionales del ámbito social y psicosocial de una asociación vinculada a una de mis enfermedades raras y con muchas otras personas que ayudaron a que mi situación fuera escuchada.
A todas ellas, GRACIAS.
Ahora podría cerrar esta petición y pensar: “Mi problema se ha solucionado”.
Pero no puedo hacerlo. Y no quiero hacerlo.
Porque cuando fui yo quien podía perder su hogar pedí a los demás que no miraran hacia otro lado. Sería incoherente mirar yo hacia otro lado ahora que mi desahucio se ha detenido mientras otras personas continúan atravesando situaciones semejantes.
Por eso esta petición da un paso más:
YA NO HABLA SOLAMENTE DE MI DESAHUCIO.
Continúa por nuestros mayores. Por las personas con discapacidad o dependencia. Por quienes padecen enfermedades. Por las familias con menores. Por quienes pierden inesperadamente su empleo o sus ingresos. Y por cualquier persona que mañana pueda encontrarse en una situación que hoy cree imposible.
Porque nadie está exento de convertirse algún día en vulnerable.
En estos días hemos conocido historias que me han hecho volver a pensar en todo lo que yo misma viví.
Olga tenía 54 años y era madre de dos hijas. Había sido desahuciada meses antes de morir por suicidio. No quiero utilizar su muerte para establecer una relación causal que no podemos afirmar. Quiero recordarla porque su historia nos obliga a reflexionar sobre el sufrimiento que puede acompañar a una situación de extrema vulnerabilidad.
Por Olga, por sus hijas y por su familia, mi recuerdo y mi más sincero pésame.
Y hoy hemos contemplado las imágenes de Maricarmen, una mujer de 87 años, con discapacidad, que llevaba alrededor de siete décadas viviendo en su casa de Madrid. Su desahucio terminó con una imagen difícil de olvidar: una mujer de 87 años saliendo de su hogar en una camilla, asistida por los servicios sanitarios.
🕯️ OLGA, MARICARMEN, DESIRÉE, ADELA, JOSÉ, MARÍA, SAHIN, MAITE, TERESA, DULCE… Y TANTOS OTROS NOMBRES QUE CONOCEMOS. Y MUCHÍSIMOS MÁS QUE NUNCA LLEGAREMOS A CONOCER.
Mayores, personas con discapacidad o enfermedad, familias con menores, madres, padres, hijos… Historias y circunstancias diferentes, pero todas nos recuerdan algo esencial: detrás de cada procedimiento hay personas.
Durante 2026 se han seguido ejecutando desahucios en España. A fecha de 23 de septiembre de 2026, todavía no existe un dato oficial consolidado del CGPJ que permita afirmar cuántos lanzamientos se han practicado exactamente desde el 1 de enero hasta hoy.
Hoy ponemos especialmente rostro a Olga y a Maricarmen, pero no son las únicas. Recordemos también a quienes conocemos por su nombre y a todas aquellas personas cuyas historias nunca llegarán a ocupar un titular.
No son números. No son expedientes. Son personas.
¿DE VERDAD TENEMOS QUE LLEGAR HASTA AQUÍ?
No responsabilizo individualmente a los agentes que tienen que ejecutar una orden ni ignoro la existencia de procedimientos y resoluciones judiciales. Mi reflexión va mucho más atrás:
¿Qué ha ocurrido antes para que no se haya encontrado una solución?
¿Por qué tenemos que llegar a la comisión judicial, la presencia policial, los servicios sanitarios, una ambulancia y, finalmente, una camilla?
Las soluciones deberían llegar antes.
Antes de la policía. Antes de la comisión judicial. Antes de la ambulancia. Antes de la camilla.
YO TAMBIÉN SÉ LO QUE SE SIENTE.
Cuando acudieron a mi domicilio para ejecutar mi propio desahucio, mi organismo reaccionó ante aquella enorme tensión. Sufrí alteraciones del ritmo cardíaco y una hemorragia nasal. Por eso estas imágenes me afectan especialmente.
No sé cómo respondería físicamente mi organismo si tuviera que volver a vivir una situación semejante.
Una persona mayor, enferma, con discapacidad o dependencia no deja sus problemas de salud ni sus limitaciones en la puerta cuando llega el momento del lanzamiento. Detrás del procedimiento continúa habiendo un ser humano.
NADIE ESTÁ EXENTO DE LA VULNERABILIDAD.
Esta reflexión también va dirigida a quienes legislan, gobiernan, administran, gestionan vivienda pública o social, dictan o ejecutan resoluciones, trabajan en los servicios públicos y, en definitiva, a todos los que formamos parte de esta sociedad.
Quien hoy ocupa un despacho, firma un documento, trabaja en una administración, viste un uniforme o simplemente contempla estas situaciones desde fuera sigue siendo una persona. Mañana puede enfermar. Puede adquirir una discapacidad. Puede perder su empleo o sus ingresos. O puede ocurrirle a su madre, a su padre, a sus hijos o a alguien a quien quiere.
Por eso me hago una pregunta muy sencilla:
Si la persona que estuviera en esa silla de ruedas fuese nuestra madre, nuestra abuela, nuestro hijo o nosotros mismos, ¿no querríamos que se hubieran agotado todas las soluciones posibles antes de llegar al desahucio?
🏠 NO SE TRATA DE ENFRENTAR A INQUILINOS Y PROPIETARIOS.
No todos los propietarios son grandes tenedores. Un pequeño propietario tampoco debería tener que asumir indefinidamente y en solitario las consecuencias económicas de la vulnerabilidad de otra familia.
Pero solucionar ese problema tampoco puede consistir simplemente en trasladarlo a la calle. Tenemos que buscar soluciones para ambas partes.
Y debemos recordar algo más: los desahucios pueden producirse en viviendas privadas, pertenecientes a empresas o grandes tenedores, pero también en viviendas públicas o sociales.
La vulnerabilidad de una persona no desaparece dependiendo de quién sea el propietario de su vivienda.
🤝 NO QUIERO SOLAMENTE DENUNCIAR. QUIERO PROPONER SOLUCIONES.
Necesitamos más vivienda pública, social, asequible, accesible y adaptada a las necesidades reales de las personas.
Necesitamos intervención temprana y una coordinación efectiva entre vivienda, servicios sociales y Justicia. Necesitamos mediación antes de que una deuda o una situación económica sobrevenida termine convirtiéndose en un procedimiento de desahucio.
Necesitamos revisar los requisitos, límites económicos e incompatibilidades de determinadas ayudas para que contemplen mejor la realidad de quienes afrontan discapacidad, dependencia, enfermedad o menores a cargo.
Tenemos que analizar también el impacto de los diferentes usos de la vivienda, incluido el turístico, allí donde exista escasez de vivienda habitual asequible.
Y necesitamos proteger también al pequeño propietario.
Cuando una persona o familia en situación de vulnerabilidad acreditada no pueda temporalmente asumir la totalidad de un alquiler, deberían estudiarse mecanismos mediante los cuales pueda aportar una cantidad acorde con su capacidad económica y que la Administración pueda complementar temporalmente la diferencia, con requisitos, límites y controles.
Así el propietario no tendría que asumir él solo el problema y la familia vulnerable no tendría necesariamente que perder su hogar.
Cuando permanecer en la vivienda resulte imposible, debe trabajarse para que exista una alternativa habitacional digna, adecuada y, cuando sea necesario, accesible antes del lanzamiento.
🛑 LAS SOLUCIONES TIENEN QUE LLEGAR ANTES QUE EL DESAHUCIO.
Suspender temporalmente un lanzamiento puede proporcionar tiempo. Pero el tiempo por sí solo no soluciona el problema si durante ese tiempo no se encuentra una salida.
Hay que prevenir. Hay que escuchar. Hay que acompañar. Hay que mediar. Hay que disponer de vivienda. Hay que proporcionar ayudas suficientes.
Y hay que dotar a las administraciones y servicios sociales de recursos para poder actuar antes de llegar al límite.
NO PEDIMOS PRIVILEGIOS. PEDIMOS SOLUCIONES.
Protección para nuestros mayores. Protección para las personas con discapacidad, dependencia o enfermedad. Protección para las familias con menores.
Más vivienda pública, social, asequible y accesible. Ayudas adaptadas a las circunstancias reales de las personas. Garantías también para los pequeños propietarios. Mediación, prevención y coordinación. Y alternativas habitacionales dignas antes de que una situación llegue al límite.
Yo conseguí detener mi desahucio.
Cuando necesité que otras personas no miraran hacia otro lado, no lo hicieron. Por eso ahora tampoco voy a mirar hacia otro lado yo.
Esta petición continúa por Olga. Por Maricarmen. Por quienes conocemos por su nombre. Y también por todas aquellas personas cuyos nombres nunca conoceremos.
Por quienes hoy tienen miedo de perder su hogar. Y por quienes mañana pueden encontrarse en su lugar.
En 2024, nuestra primera petición reunió 15.270 firmas.
Hoy esta segunda petición ha alcanzado 1.008.
❤️ 16.278 FIRMAS ENTRE LAS DOS PETICIONES.
Y podemos ser muchas más.
UN HOGAR DIGNO NO DEBE SER UN PRIVILEGIO.
LAS SOLUCIONES TIENEN QUE LLEGAR ANTES QUE EL DESAHUCIO.
✍️ FIRMA. COMPARTE. AYÚDANOS A QUE ESTA PETICIÓN LLEGUE MÁS LEJOS Y A QUIENES TIENEN CAPACIDAD PARA IMPULSAR SOLUCIONES.
Gracias por dedicar estos minutos a leer. Gracias por ese minuto de recuerdo. Y, sobre todo, gracias por no mirar hacia otro lado.