La Cañada de Ceuta no debería ser el margen de un campo de golf


En el debate sobre Rojas–Santa Tecla hay una pieza del territorio que puede cambiar por completo la forma de mirar el proyecto: el arroyo Cañada de Ceuta.
No es un detalle menor ni una zanja que haya que resolver con tuberías y puentes. El propio Estudio de Impacto Ambiental del proyecto reconoce que este cauce atraviesa y vertebra el sector de norte a sur, continúa hacia Torremolinos y forma parte de la red natural por la que circula el agua de lluvia. También admite algo importante: su vegetación de ribera se encuentra degradada y es casi inexistente en el ámbito.
Eso no es una razón para ignorarlo. Es una oportunidad para recuperarlo.
El EsIA prevé restaurar la ribera con especies autóctonas, proteger el cauce de vertidos, tratar las escorrentías antes de que lleguen al arroyo y mantenerlo fuera del juego del campo de golf. Incluso plantea que el diseño del golf se disponga a su alrededor, con vegetación de ribera y zonas de transición.
Conviene reconocerlo con honestidad: el proyecto no se olvida de la Cañada de Ceuta. Sin embargo, la sitúa dentro de una lógica distinta: una franja ambiental integrada en un equipamiento turístico privado de casi 50 hectáreas.
La pregunta razonable es si Málaga debe conformarse con eso.
La Cañada de Ceuta puede convertirse en algo más ambicioso: el eje de un corredor ecológico verde-azul y de un parque mediterráneo público. Verde, por la recuperación de matorral, arbolado y vegetación de ribera; azul, por el agua, las escorrentías, las zonas inundables y su capacidad para amortiguar avenidas.
Un corredor ecológico no es simplemente un paseo con césped. Es una infraestructura ambiental que permite conectar hábitats, dar refugio a fauna, reducir la fragmentación del territorio, mejorar la infiltración del agua, aportar sombra y hacer la ciudad más resistente ante lluvias intensas y olas de calor. Para que funcione de verdad necesita continuidad, vegetación autóctona, menos iluminación y ruido en los tramos sensibles, pasos de fauna en los cruces de viales y una gestión que no dependa de fertilizantes ni tratamientos intensivos.
El propio estudio ya aporta una base para ello. Reconoce que el arroyo cumple condiciones para delimitarse como Dominio Público Hidráulico, contempla las zonas de servidumbre y policía asociadas al cauce, identifica su riesgo de inundación y modeliza tres cruces de viales para avenidas de hasta 500 años. Es decir: el agua y sus límites ya condicionan el proyecto. No son un obstáculo para un parque; son precisamente la razón por la que un parque verde-azul tiene sentido.
La diferencia está en la ambición. En lugar de restaurar una estrecha franja de ribera dentro de un campo de golf, Málaga podría diseñar alrededor de la Cañada una red pública de naturaleza: una zona de restauración ecológica más amplia, áreas inundables naturalizadas, senderos alejados del borde más sensible, observación de aves, vegetación mediterránea de bajo consumo hídrico y conexiones con las zonas verdes del sector y la vía pecuaria.
No se trata de prometer una renaturalización improvisada. Cualquier alternativa debe respetar las zonas inundables, actualizar el estudio hidrológico, contar con la autorización del organismo de cuenca y realizar un inventario actual de flora y fauna durante un ciclo anual completo. El EsIA es de 2018 y su apartado de fauna se apoya principalmente en información de 2008 para una cuadrícula de 10×10 kilómetros; el propio documento advierte de que ese listado no demuestra por sí solo la presencia de todas esas especies en el sector. Pedir una línea base actualizada no es bloquear por bloquear: es planificar con el conocimiento de 2026.
Rojas–Santa Tecla puede seguir tratando la Cañada de Ceuta como un condicionante que hay que encajar entre viales, viviendas y calles de golf. O puede reconocer que ese arroyo degradado es una oportunidad para hacer algo que Málaga necesita: recuperar naturaleza antes de perderla, ser más ambicioso y darle mas espacio a las zonas verdes del proyecto, crear resiliencia frente al clima y ofrecer un espacio público de calidad a quienes vivirán alrededor.
La Cañada de Ceuta no debería ser el margen paisajístico de un campo de golf. Puede ser el corazón vivo de toda Churriana. Por ello, en última instancía pedimos redimensionar el campo del golf y prestar mucha atención a esta oportunidad que nos ofrece recupera el arroyo y su vida.
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fotografía del arroyo Cañada de Ceuta incluida en el EsIA (2018)