

Cerrar el zoológico de Buenos Aires.


Cerrar el zoológico de Buenos Aires.
La causa
Citando a José Saramago (escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués), se abre la convocatoria a formar parte de un cambio de proporciones épicas:
"Si yo pudiera, cerraría todos los zoológicos del mundo. Si yo pudiera, prohibiría la utilización de animales en los espectáculos de circo. No debo ser el único que piensa así, pero me arriesgo a recibir la protesta, la indignación, la ira de la mayoría a los que les encanta ver animales detrás de verjas o en espacios donde apenas pueden moverse como les pide su naturaleza. Esto en lo que tiene que ver con los zoológicos. Más deprimentes que esos parques, son los espectáculos de circo que consiguen la proeza de hacer ridículos los patéticos perros vestidos con faldas, las focas aplaudiendo con las aletas, los caballos empenachados, los macacos en bicicleta, los leones saltando arcos, las mulas entrenadas para perseguir figurantes vestidos de negro, los elefantes haciendo equilibrio sobre esferas de metal móviles. Que es divertido, a los niños les encanta, dicen los padres, quienes, para completa educación de sus vástagos, deberían llevarlos también a las sesiones de entrenamiento (¿o de tortura?) suportadas hasta la agonía por los pobres animales, víctimas inermes de la crueldad humana. Los padres también dicen que las visitas al zoológico son altamente instructivas. Tal vez lo hayan sido en el pasado, e incluso así lo dudo, pero hoy, gracias a los innumerables documentales sobre la vida animal que las televisiones pasan a todas horas, si es educación lo que se pretende, ahí está a la espera."
Basta con visitar estos centros de entretenimiento perverso para desmitificar su utilidad educativa. El hacinamiento, el sufrimiento físico y psicológico, las horrendas instalaciones y condiciones de las pequeñas, húmedas y oscurecidas jaulas, la mezcla de especies, la alimentación y aguas podridas mezcladas con excrementos, la hipocresía de los carteles informativos que arrojan a la luz la divergencia entre los hábitats superficiales y deplorables con los naturales de procedencia, los deshechos arrojados por los consumidores en el poco espacio del cual disponen, sus comportamientos totalmente fuera de lo común y violencia animal a causa de los problemas que suscita el aislamiento, son parte de la interminable lista de contras que esta diversión infrahumana y totalmente vergonzosa para los tiempos que corren, en los que somos los ciudadanos quienes ya no deben esperar, sino hacernos cargo y solucionar uno de los grandes males que acechan a la sociedad globalizada cuyo resultado se traduce en pérdida de valores, raciocinio, y ética, golpeando nuestra moral y desensibilizándonos. Es hora de actuar, en nombre de la civilización.

La causa
Citando a José Saramago (escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués), se abre la convocatoria a formar parte de un cambio de proporciones épicas:
"Si yo pudiera, cerraría todos los zoológicos del mundo. Si yo pudiera, prohibiría la utilización de animales en los espectáculos de circo. No debo ser el único que piensa así, pero me arriesgo a recibir la protesta, la indignación, la ira de la mayoría a los que les encanta ver animales detrás de verjas o en espacios donde apenas pueden moverse como les pide su naturaleza. Esto en lo que tiene que ver con los zoológicos. Más deprimentes que esos parques, son los espectáculos de circo que consiguen la proeza de hacer ridículos los patéticos perros vestidos con faldas, las focas aplaudiendo con las aletas, los caballos empenachados, los macacos en bicicleta, los leones saltando arcos, las mulas entrenadas para perseguir figurantes vestidos de negro, los elefantes haciendo equilibrio sobre esferas de metal móviles. Que es divertido, a los niños les encanta, dicen los padres, quienes, para completa educación de sus vástagos, deberían llevarlos también a las sesiones de entrenamiento (¿o de tortura?) suportadas hasta la agonía por los pobres animales, víctimas inermes de la crueldad humana. Los padres también dicen que las visitas al zoológico son altamente instructivas. Tal vez lo hayan sido en el pasado, e incluso así lo dudo, pero hoy, gracias a los innumerables documentales sobre la vida animal que las televisiones pasan a todas horas, si es educación lo que se pretende, ahí está a la espera."
Basta con visitar estos centros de entretenimiento perverso para desmitificar su utilidad educativa. El hacinamiento, el sufrimiento físico y psicológico, las horrendas instalaciones y condiciones de las pequeñas, húmedas y oscurecidas jaulas, la mezcla de especies, la alimentación y aguas podridas mezcladas con excrementos, la hipocresía de los carteles informativos que arrojan a la luz la divergencia entre los hábitats superficiales y deplorables con los naturales de procedencia, los deshechos arrojados por los consumidores en el poco espacio del cual disponen, sus comportamientos totalmente fuera de lo común y violencia animal a causa de los problemas que suscita el aislamiento, son parte de la interminable lista de contras que esta diversión infrahumana y totalmente vergonzosa para los tiempos que corren, en los que somos los ciudadanos quienes ya no deben esperar, sino hacernos cargo y solucionar uno de los grandes males que acechan a la sociedad globalizada cuyo resultado se traduce en pérdida de valores, raciocinio, y ética, golpeando nuestra moral y desensibilizándonos. Es hora de actuar, en nombre de la civilización.

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Petición creada en 27 de diciembre de 2012