Por la ampliación y mejora de la Red de Bibliotecas Públicas Municipales de Cádiz


Por la ampliación y mejora de la Red de Bibliotecas Públicas Municipales de Cádiz
El problema
Como consecuencia del virus, hemos sufrido en nuestra ciudad múltiples aplazamientos. Algunos de esos atrasos corren el riesgo de eternizarse y caer en el olvido. La pandemia ha sido una buena excusa para postergar lo que no se considera una prioridad para nuestros gobernantes. Dentro del ámbito de la cultura, el sector peor parado y más castigado ha sido y sigue siendo el de las bibliotecas públicas.
Las más populosas áreas urbanas de Cádiz capital padecen un déficit crónico de estos establecimientos. Ciertamente no es la única población que lo soporta en el entorno de la Bahía, pero esas carencias se tornan más acuciantes y notorias en Cádiz por ser la capital de su provincia y por el protagonismo histórico que ha tenido como centro promotor de la cultura desde la aprobación de la Constitución de 1812.
A fin de cuentas, de esa Carta Magna se derivaron los decretos que posibilitaron en este país el embrión de las primeras bibliotecas provinciales. Los “fastos” conmemorativos del Doce, sin embargo, pasaron sin que se aprobara un solo proyecto de construcción de biblioteca pública. Entre las múltiples iniciativas que se idearon para tal evento, no consta siquiera que se hubiese pensado en ello, a pesar de que el propio PGOU preveía suelo a tal efecto.
Desde entonces, se han barajado ubicaciones diversas, más o menos acertadas pero todas ellas viables, aunque irrealizadas. Solar de los terrenos de San Luis en la Avenida, solares varios entre los barrios de Loreto y Puntales, depósitos de Tabacalera… Todos ellos con un denominador común: se sitúan en el área de extramuros, es decir Puerta Tierra, en el ensanche moderno de la ciudad. Esta zona, a pesar de contar con el doble de población que el casco antiguo, dispone tan solo de una biblioteca municipal. Pero el centro histórico no se salva de esta precariedad generalizada, pues sus centros de lectura adolecen de un horario de apertura suficientemente amplio de atención al público y carecen de la amplitud, modernidad y prestaciones adecuadas en sus instalaciones.
Y, en este último particular, el de más fácil y pronta solución, es en donde se aprecia con mayor evidencia la desidia de los diferentes gobiernos municipales. Desde el robo a gran escala perpetrado en la Biblioteca Central “Celestino Mutis”, que incluía una parte valiosísima del tesoro bibliográfico de la ciudad custodiado allí, en tiempos de la anterior alcaldesa, y del que afortunadamente se pudo recuperar casi todo aunque sin que se reforzaran las medidas de seguridad, hasta el malhadado proyecto de la pequeña biblioteca del barrio de Santa María, que iba a suponer un revulsivo para el bajo perfil socioeducactivo y cultural de la zona -extrapolable en cualquier caso a buena parte de la ciudad, dentro y fuera de las murallas- y que fue, en el último momento, notablemente rebajado en el momento de su inauguración preelectoral.
Para cubrir las exigencias básicas de todos sería muy importante restablecer el horario de apertura de la Biblioteca Central de la ciudad. Allí, por sus valiosos fondos, acuden un amplio espectro de investigadores de diversos ámbitos. Restringir el tiempo de consulta es poner trabas a esos trabajos y al esfuerzo de esos expertos. Además, también se entregan libros en préstamo para el público en general, y es recomendable un extenso horario para no dejar sin ese servicio a las personas que trabajan o van a clase por las mañanas, que son muchas.
Precisamente, el horario de la Biblioteca Central se redujo a partir de que abriese la de Santa María. La Biblioteca Central pasó de tener horario de mañana y tarde, a sólo de mañana. La causa fue que el personal de Celestino Mutis es el mismo que atiende por las tardes en la biblioteca de Santa María. Lo que se hizo fue vestir un santo para desvestir otro, algo absurdo y contraproducente a la larga, con el solo objetivo a corto plazo de hacerse una foto preelectoral. Decisión estratégica que, en su momento, se entendió provisional y sigue sin solucionarse, a pesar del distinto signo político del actual equipo municipal.
La biblioteca de Santa María se presentó en su día como un centro más de servicios bibliotecarios dentro de la exigua red municipal, cuando en realidad, no es más que el resultado de la desubicación de los servicios que ya antes se prestaban en Mutis por la tarde. Con ello, se está incumpliendo la normativa del decreto 230/1999 que reglamenta las bibliotecas públicas de Andalucía, concretamente el artículo 22, que establece que toda biblioteca municipal central debe abrir un mínimo de 40 horas semanales, con una apertura obligada por las tardes de cuatro horas. De lo cual se deriva que, como consecuencia del horario actual de la Mutis, sólo por las mañanas, no se está cumpliendo con el Plan Lector Municipal (por otra parte, escasamente dotado). Por ende, tampoco se está fomentando una política cultural en materia de lectura y bibliotecas que ayude a ampliar las inquietudes instructivas colectivas e individuales en pos de su formación.
En definitiva, si queremos mejorar el nivel formativo de nuestros vecinos hay que dotar a nuestras bibliotecas de medios humanos y materiales sostenibles en el tiempo. Ésta es una de las mejores inversiones en progreso social para la ciudad y sus habitantes si queremos validar educativa y culturalmente el bicentenario de la constitución, el tricentenario de una Aduana que marcó la etapa culmen de nuestra presencia económica en el mundo, nuestra Historia trimilenaria, la capital española de los hermanamientos culturales con Iberoamérica, y la candidatura para el X Congreso Internacional de la Lengua Española en 2025.

El problema
Como consecuencia del virus, hemos sufrido en nuestra ciudad múltiples aplazamientos. Algunos de esos atrasos corren el riesgo de eternizarse y caer en el olvido. La pandemia ha sido una buena excusa para postergar lo que no se considera una prioridad para nuestros gobernantes. Dentro del ámbito de la cultura, el sector peor parado y más castigado ha sido y sigue siendo el de las bibliotecas públicas.
Las más populosas áreas urbanas de Cádiz capital padecen un déficit crónico de estos establecimientos. Ciertamente no es la única población que lo soporta en el entorno de la Bahía, pero esas carencias se tornan más acuciantes y notorias en Cádiz por ser la capital de su provincia y por el protagonismo histórico que ha tenido como centro promotor de la cultura desde la aprobación de la Constitución de 1812.
A fin de cuentas, de esa Carta Magna se derivaron los decretos que posibilitaron en este país el embrión de las primeras bibliotecas provinciales. Los “fastos” conmemorativos del Doce, sin embargo, pasaron sin que se aprobara un solo proyecto de construcción de biblioteca pública. Entre las múltiples iniciativas que se idearon para tal evento, no consta siquiera que se hubiese pensado en ello, a pesar de que el propio PGOU preveía suelo a tal efecto.
Desde entonces, se han barajado ubicaciones diversas, más o menos acertadas pero todas ellas viables, aunque irrealizadas. Solar de los terrenos de San Luis en la Avenida, solares varios entre los barrios de Loreto y Puntales, depósitos de Tabacalera… Todos ellos con un denominador común: se sitúan en el área de extramuros, es decir Puerta Tierra, en el ensanche moderno de la ciudad. Esta zona, a pesar de contar con el doble de población que el casco antiguo, dispone tan solo de una biblioteca municipal. Pero el centro histórico no se salva de esta precariedad generalizada, pues sus centros de lectura adolecen de un horario de apertura suficientemente amplio de atención al público y carecen de la amplitud, modernidad y prestaciones adecuadas en sus instalaciones.
Y, en este último particular, el de más fácil y pronta solución, es en donde se aprecia con mayor evidencia la desidia de los diferentes gobiernos municipales. Desde el robo a gran escala perpetrado en la Biblioteca Central “Celestino Mutis”, que incluía una parte valiosísima del tesoro bibliográfico de la ciudad custodiado allí, en tiempos de la anterior alcaldesa, y del que afortunadamente se pudo recuperar casi todo aunque sin que se reforzaran las medidas de seguridad, hasta el malhadado proyecto de la pequeña biblioteca del barrio de Santa María, que iba a suponer un revulsivo para el bajo perfil socioeducactivo y cultural de la zona -extrapolable en cualquier caso a buena parte de la ciudad, dentro y fuera de las murallas- y que fue, en el último momento, notablemente rebajado en el momento de su inauguración preelectoral.
Para cubrir las exigencias básicas de todos sería muy importante restablecer el horario de apertura de la Biblioteca Central de la ciudad. Allí, por sus valiosos fondos, acuden un amplio espectro de investigadores de diversos ámbitos. Restringir el tiempo de consulta es poner trabas a esos trabajos y al esfuerzo de esos expertos. Además, también se entregan libros en préstamo para el público en general, y es recomendable un extenso horario para no dejar sin ese servicio a las personas que trabajan o van a clase por las mañanas, que son muchas.
Precisamente, el horario de la Biblioteca Central se redujo a partir de que abriese la de Santa María. La Biblioteca Central pasó de tener horario de mañana y tarde, a sólo de mañana. La causa fue que el personal de Celestino Mutis es el mismo que atiende por las tardes en la biblioteca de Santa María. Lo que se hizo fue vestir un santo para desvestir otro, algo absurdo y contraproducente a la larga, con el solo objetivo a corto plazo de hacerse una foto preelectoral. Decisión estratégica que, en su momento, se entendió provisional y sigue sin solucionarse, a pesar del distinto signo político del actual equipo municipal.
La biblioteca de Santa María se presentó en su día como un centro más de servicios bibliotecarios dentro de la exigua red municipal, cuando en realidad, no es más que el resultado de la desubicación de los servicios que ya antes se prestaban en Mutis por la tarde. Con ello, se está incumpliendo la normativa del decreto 230/1999 que reglamenta las bibliotecas públicas de Andalucía, concretamente el artículo 22, que establece que toda biblioteca municipal central debe abrir un mínimo de 40 horas semanales, con una apertura obligada por las tardes de cuatro horas. De lo cual se deriva que, como consecuencia del horario actual de la Mutis, sólo por las mañanas, no se está cumpliendo con el Plan Lector Municipal (por otra parte, escasamente dotado). Por ende, tampoco se está fomentando una política cultural en materia de lectura y bibliotecas que ayude a ampliar las inquietudes instructivas colectivas e individuales en pos de su formación.
En definitiva, si queremos mejorar el nivel formativo de nuestros vecinos hay que dotar a nuestras bibliotecas de medios humanos y materiales sostenibles en el tiempo. Ésta es una de las mejores inversiones en progreso social para la ciudad y sus habitantes si queremos validar educativa y culturalmente el bicentenario de la constitución, el tricentenario de una Aduana que marcó la etapa culmen de nuestra presencia económica en el mundo, nuestra Historia trimilenaria, la capital española de los hermanamientos culturales con Iberoamérica, y la candidatura para el X Congreso Internacional de la Lengua Española en 2025.

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Petición creada en 23 de diciembre de 2012