Iniciativa "Circos Sin Animales"


Iniciativa "Circos Sin Animales"
La causa
Durante años la exhibición de ejemplares de vida silvestre en espectáculos, ferias y demás eventos públicos, ha sido erróneamente considerada una práctica cultural; la utilización de estos ejemplares lejos de mostrar la naturalidad de los mismos, de fomentar su cuidado y valía, deja a la luz los actos humanos que atentan por completo contra la preservación de éstos.
Se suman día a día evidencias de prácticas dolosas en contra de estas especies, que van desde la separación de su medio natural, pasando por mecanismos inadecuados de traslado, mala alimentación, resguardo, hacinamiento e incluso, tráfico ilegal de estos ejemplares.
La mayoría de nosotros hemos presenciado, al menos una vez, espectáculos con el uso de animales; somos espectadores de “trucos y habilidades” sobre los cuales desconocemos los métodos implementados para que estos animales realicen actos que no son inherentes a su naturaleza o conducta en su hábitat natural.
Si bien, existen mecanismos de control y vigilancia de estas actividades, a través de las acciones de inspección y vigilancia que autoridades ambientales implementan con periodicidad, lo cierto es que las mismas no son encaminadas a su restricción sino al manejo y trato digno de estos ejemplares, actividad que abona pero que sin duda no pone fin a tan aberrantes actos.
Debido a que estos espectáculos son itinerantes, es decir, que van de un lugar a otro, se dificulta el control de los mismos, pues al no existir una legislación federal que señale expresamente la prohibición de la utilización de ejemplares de la vida silvestre en estas exhibiciones, se deja en total vulnerabilidad a estos ejemplares (que ya por su simple condición animal están en desventaja), permitiendo así que se continúe con la presentación de los mismos sin restricción alguna.
Por lo anterior, los congresos locales de algunos estados, como es el caso de Jalisco o Michoacán, que en algunos de sus municipios han prohibido, en su legislación referente a protección de animales, la instalación de circos que exhiban animales en sus espectáculos, sean éstos fijos o itinerantes.
Algunos datos señalan que fue en el año 1767 cuando se dio el primer registro de un espectáculo moderno con la intervención de animales, mismos que se presentaban como lugares atractivos, divertidos, y originales; desafortunadamente en estos sitios existe otra realidad detrás de la alegría y el colorido de sus instalaciones, una realidad llena de sufrimiento, privación e incluso muerte.
Los trucos que “tanto gustan” al público, se obtienen tras horas de entrenamiento por demás extenuantes que causan una enorme angustia y sufrimiento a los animales sometidos; padecimientos físicos provocados por la repetición incesante de ejercicios que les resultan muy incómodos, pues natural es que un elefante reparta su peso en cuatro patas y no sólo en una; que un tigre salte para cazar a su presa y no para atravesar un aro encendido con fuego; que un mono se balanceé entre árboles por diversión y no entre tubos metálicos corriendo el riesgo de colisionar, que una foca deje el agua por salir a jugar y no porque tenga que pararse en su cola para lanzar una pelota, todo esto con la intermediación de agresiones que reciben de sus adiestradores para que los animales sean “obedientes”.
El cuidado de animales salvajes es difícil o imposible; requiere de una pericia o habilidad considerable, instalaciones especializadas y una dedicación de por vida a los animales. Sus necesidades nutricionales y sociales están esperando ser atendidas y, en muchos casos, son desconocidas.
Resulta prácticamente imposible satisfacer adecuadamente las necesidades alimenticias de un animal silvestre cuando se encuentra en cautiverio, ya que usualmente se alimentan de una enorme cantidad y variedad de fuentes alimenticias, dependiendo de la época del año y del ciclo reproductivo de la especie. Por ejemplo, los tigres necesitan alrededor de 30 kilos de carne roja por semana, y alimentarlos con una dieta saludable es muy caro. Muchos dueños lo substituyen por piezas de pollo baratas, las cuales no les proveen de las vitaminas y minerales necesarios para vivir. El resultado puede ser una severa malnutrición, llegando a causarse, incluso, la fractura de huesos.
En cuanto a los cuidados sanitarios, no se sabe lo suficiente acerca de lo que un animal silvestre necesita para su óptima salud, de manera que es muy difícil conocer en qué momento requieren asistencia médica, pues generalmente su instinto les impide manifestar debilidad o algún síntoma, hasta que realmente están muy enfermos.
En la mayoría de los casos, es imposible mantener en cautiverio a un animal silvestre sin que manifieste estrés o sin que evidencie necesidades que no podemos atender mientras se encuentre en cautividad. Es difícil incluso para expertos con años de conocimiento en el tema, lograr que un animal silvestre se adapte al cautiverio, pues por más dócil y manso que parezca el individuo, siempre presentará algún grado de estrés.
En efecto, investigaciones de diversas asociaciones protectoras de animales y zoológicos a nivel mundial, señalan que debido a la falta de ejercicio, socialización o actividad, los animales utilizados en espectáculos son víctimas a menudo de graves enfermedades mentales; la cual puede ser corroborada a través de la observación del comportamiento estereotipado, es decir, moverse de lado a lado de manera repetitiva, golpes en la cabeza, morder los barrotes y auto mutilarse, son los síntomas más comunes de desórdenes psicológicos que manifiestan debido al encierro y maltrato que reciben.
En particular, con relación a los circos y espectáculos itinerantes, es importante mencionar que éstos viajan miles de kilómetros para llevar su espectáculo a diversas ciudades, pueblos e incluso países. En estos viajes, lo único que conocen los animales son las cadenas que les impiden moverse y las reducidas jaulas que no cubren ni sus necesidades mínimas de ventilación, comida y/o agua o de cuidado veterinario, lo que convierte a estos viajes, que pueden durar varias semanas, en auténticas pesadillas.
El sufrimiento de los animales de circo ha tenido graves consecuencias, incluso para los humanos. En diversas ocasiones se han presentado desafortunados incidentes con animales que debido al sometimiento, al estrés y a la frustración a que son condenados, reaccionan de distintas maneras, que van desde huidas desesperadas por calles de las ciudades que los llevan a la muerte, hasta accidentes fatales contra los humanos, en los cuales varias personas han perdido la vida y los animales, que sólo buscaban una forma de escapar o defenderse, también terminan siendo sacrificados.
En diversas regiones del planeta esta situación comienza a cambiar. Las prácticas circenses que aún incluyen animales no humanos en sus espectáculos, han sido ya abolidas en distintos países, ya sea en todo su territorio o en diferentes municipios, entre dichos países se incluyen Hungría, Canadá, Suecia, Dinamarca, Bolivia, Austria, Perú, Grecia, Finlandia, República Checa, Chile, Perú, Argentina, Brasil, Australia, España y Nueva Zelanda. México tiene el ejemplo de Zapopan, Jalisco, que incluyó en su legislación referente a protección de animales la prohibición de instalar circos que exhiban animales no humanos en sus espectáculos.
Otro ejemplo es el municipio de Tepalcatepec, Michoacán, que también prohibió estos espectáculos.
De acuerdo con estudios realizados por organismos de los países donde se prohibieron los circos con animales, esta experiencia ha arrojado resultados positivos, aumentando hasta 30 por ciento la derrama económica, ya que los circos se ven envueltos en un proceso de renovación de los espectáculos, una inclusión de mayor número de artistas y el desarrollo de actos creativos, lo que lleva a la ampliación del número de empleos y el desarrollo artístico de sus empleados.
El cambio es positivo tanto para los cirqueros como para el público, que apoya esos cambios y los observa con un gran nivel de aceptación, aumentando inclusive los niveles de asistencia, por lo que, lejos de lo que argumentan los empresarios circenses que dependen en sus espectáculos de los animales no humanos, la abolición de su uso sería benéfico de muchas maneras, incluyendo sin duda, la financiera.
Un claro ejemplo de lo exitoso que pueden ser los circos sin animales es el Cirque du Soleil, el cual inició en Canadá con artistas callejeros, que con creatividad y esfuerzo crearon uno de los espectáculos más conocidos en el mundo. Actualmente esta empresa tiene programas itinerantes en al menos 10 países al mismo tiempo y factura más de mil millones de dólares al año.
Aunado a lo anterior, con la prohibición del uso de ejemplares de la vida silvestre en espectáculos, circos o exhibiciones, no sólo ayudaremos a erradicar el maltrato animal y a la disminución de la extinción de nuestra fauna nacional, sino al combate al tráfico de especies de vida silvestre, pues además de los malos tratos que ya hemos mencionado, no se pueden dejar de lado las prácticas ilegales en las que ocasionalmente incurren los administradores o dueños de estos espectáculos.
Esta es una práctica común de conseguir animales, el tráfico ilegal es un negocio rentable que genera aproximadamente 6 billones de dólares anualmente, según la Wildlife Conservation Society (WCS), misma que señala que cuando los ejemplares provienen del comercio ilegal, son capturados por cazadores furtivos, que secuestran generalmente a las crías tras matar a parte de su grupo familiar, debiendo soportar condiciones deplorables desde su captura, hasta las condiciones de transporte en que viajan por miles de kilómetros hasta llegar a su destino final, que si no es la muerte en la ruta, es el confinamiento de por vida en el espectáculo o feria para quienes fueron capturados.
Asimismo, una de las preocupaciones más fuertes es el riesgo de la extinción masiva y progresiva de ejemplares de la vida silvestre, pues al encontrarse en cautiverio se dificulta su reproducción, colaborando negativamente a la preservación de ejemplares de vida silvestre que incluso ya se encuentran listadas con alguna categoría de protección.
En lo últimos 10 años, el actuar de las autoridades mexicanas para verificar el cumplimiento de la normatividad ambiental en los espectáculos itinerantes donde se utilizan animales silvestres ha sido constante, basta decir que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha realizado cientos de decomisos de animales en circos, por carencia de la documentación que acredite el origen de los animales, no obstante se ha dejado de lado en algunas ocasiones lo referente al bienestar de los ejemplares que son encontrados dentro de los establecimientos verificados.
En términos legales los circos, de acuerdo a los artículos 26 y 27 del Reglamento de la Ley General de Vida Silvestre (RLGVS), no se consideran unidades de manejo para la conservación de la vida silvestre (UMA), sino son identificados como predios o instalaciones que manejan vida silvestre de forma confinada fuera de su hábitat natural (PIMVS), estos últimos caracterizados porque no tienen como fin la recuperación de especies o poblaciones para su posterior reintroducción a la vida libre, lo cual permite regulación más laxa a estos establecimientos con respecto a aquellos que de manera positiva incorporan a su operación conceptos y prácticas de conservación, reintroducción y recuperación de especies o poblaciones.
Asimismo, debemos reconocer que el uso de fauna silvestre en circos no se limita a estas prácticas, ya que existen otro tipo de actividades que podrían catalogarse como espectáculos itinerantes en los cuales se utiliza vida silvestre sin las adecuadas medidas de bienestar animal, mantener en cautiverio una especie de fauna silvestre en sí atenta contra la naturaleza del ejemplar, más aun cuando ese cautiverio conlleva la vertiente de itinerante, por ello la presente reforma no sólo se restringe a circos, sino también a cualquier actividad itinerante que conlleve el uso o exhibición de fauna silvestre viva, sean estos circos, ferias o cualquier otro tipo de espectáculo, ampliándose la aplicación para aquellos que aun cuando no sean itinerantes, conlleven estas actividades en establecimiento fijos.

La causa
Durante años la exhibición de ejemplares de vida silvestre en espectáculos, ferias y demás eventos públicos, ha sido erróneamente considerada una práctica cultural; la utilización de estos ejemplares lejos de mostrar la naturalidad de los mismos, de fomentar su cuidado y valía, deja a la luz los actos humanos que atentan por completo contra la preservación de éstos.
Se suman día a día evidencias de prácticas dolosas en contra de estas especies, que van desde la separación de su medio natural, pasando por mecanismos inadecuados de traslado, mala alimentación, resguardo, hacinamiento e incluso, tráfico ilegal de estos ejemplares.
La mayoría de nosotros hemos presenciado, al menos una vez, espectáculos con el uso de animales; somos espectadores de “trucos y habilidades” sobre los cuales desconocemos los métodos implementados para que estos animales realicen actos que no son inherentes a su naturaleza o conducta en su hábitat natural.
Si bien, existen mecanismos de control y vigilancia de estas actividades, a través de las acciones de inspección y vigilancia que autoridades ambientales implementan con periodicidad, lo cierto es que las mismas no son encaminadas a su restricción sino al manejo y trato digno de estos ejemplares, actividad que abona pero que sin duda no pone fin a tan aberrantes actos.
Debido a que estos espectáculos son itinerantes, es decir, que van de un lugar a otro, se dificulta el control de los mismos, pues al no existir una legislación federal que señale expresamente la prohibición de la utilización de ejemplares de la vida silvestre en estas exhibiciones, se deja en total vulnerabilidad a estos ejemplares (que ya por su simple condición animal están en desventaja), permitiendo así que se continúe con la presentación de los mismos sin restricción alguna.
Por lo anterior, los congresos locales de algunos estados, como es el caso de Jalisco o Michoacán, que en algunos de sus municipios han prohibido, en su legislación referente a protección de animales, la instalación de circos que exhiban animales en sus espectáculos, sean éstos fijos o itinerantes.
Algunos datos señalan que fue en el año 1767 cuando se dio el primer registro de un espectáculo moderno con la intervención de animales, mismos que se presentaban como lugares atractivos, divertidos, y originales; desafortunadamente en estos sitios existe otra realidad detrás de la alegría y el colorido de sus instalaciones, una realidad llena de sufrimiento, privación e incluso muerte.
Los trucos que “tanto gustan” al público, se obtienen tras horas de entrenamiento por demás extenuantes que causan una enorme angustia y sufrimiento a los animales sometidos; padecimientos físicos provocados por la repetición incesante de ejercicios que les resultan muy incómodos, pues natural es que un elefante reparta su peso en cuatro patas y no sólo en una; que un tigre salte para cazar a su presa y no para atravesar un aro encendido con fuego; que un mono se balanceé entre árboles por diversión y no entre tubos metálicos corriendo el riesgo de colisionar, que una foca deje el agua por salir a jugar y no porque tenga que pararse en su cola para lanzar una pelota, todo esto con la intermediación de agresiones que reciben de sus adiestradores para que los animales sean “obedientes”.
El cuidado de animales salvajes es difícil o imposible; requiere de una pericia o habilidad considerable, instalaciones especializadas y una dedicación de por vida a los animales. Sus necesidades nutricionales y sociales están esperando ser atendidas y, en muchos casos, son desconocidas.
Resulta prácticamente imposible satisfacer adecuadamente las necesidades alimenticias de un animal silvestre cuando se encuentra en cautiverio, ya que usualmente se alimentan de una enorme cantidad y variedad de fuentes alimenticias, dependiendo de la época del año y del ciclo reproductivo de la especie. Por ejemplo, los tigres necesitan alrededor de 30 kilos de carne roja por semana, y alimentarlos con una dieta saludable es muy caro. Muchos dueños lo substituyen por piezas de pollo baratas, las cuales no les proveen de las vitaminas y minerales necesarios para vivir. El resultado puede ser una severa malnutrición, llegando a causarse, incluso, la fractura de huesos.
En cuanto a los cuidados sanitarios, no se sabe lo suficiente acerca de lo que un animal silvestre necesita para su óptima salud, de manera que es muy difícil conocer en qué momento requieren asistencia médica, pues generalmente su instinto les impide manifestar debilidad o algún síntoma, hasta que realmente están muy enfermos.
En la mayoría de los casos, es imposible mantener en cautiverio a un animal silvestre sin que manifieste estrés o sin que evidencie necesidades que no podemos atender mientras se encuentre en cautividad. Es difícil incluso para expertos con años de conocimiento en el tema, lograr que un animal silvestre se adapte al cautiverio, pues por más dócil y manso que parezca el individuo, siempre presentará algún grado de estrés.
En efecto, investigaciones de diversas asociaciones protectoras de animales y zoológicos a nivel mundial, señalan que debido a la falta de ejercicio, socialización o actividad, los animales utilizados en espectáculos son víctimas a menudo de graves enfermedades mentales; la cual puede ser corroborada a través de la observación del comportamiento estereotipado, es decir, moverse de lado a lado de manera repetitiva, golpes en la cabeza, morder los barrotes y auto mutilarse, son los síntomas más comunes de desórdenes psicológicos que manifiestan debido al encierro y maltrato que reciben.
En particular, con relación a los circos y espectáculos itinerantes, es importante mencionar que éstos viajan miles de kilómetros para llevar su espectáculo a diversas ciudades, pueblos e incluso países. En estos viajes, lo único que conocen los animales son las cadenas que les impiden moverse y las reducidas jaulas que no cubren ni sus necesidades mínimas de ventilación, comida y/o agua o de cuidado veterinario, lo que convierte a estos viajes, que pueden durar varias semanas, en auténticas pesadillas.
El sufrimiento de los animales de circo ha tenido graves consecuencias, incluso para los humanos. En diversas ocasiones se han presentado desafortunados incidentes con animales que debido al sometimiento, al estrés y a la frustración a que son condenados, reaccionan de distintas maneras, que van desde huidas desesperadas por calles de las ciudades que los llevan a la muerte, hasta accidentes fatales contra los humanos, en los cuales varias personas han perdido la vida y los animales, que sólo buscaban una forma de escapar o defenderse, también terminan siendo sacrificados.
En diversas regiones del planeta esta situación comienza a cambiar. Las prácticas circenses que aún incluyen animales no humanos en sus espectáculos, han sido ya abolidas en distintos países, ya sea en todo su territorio o en diferentes municipios, entre dichos países se incluyen Hungría, Canadá, Suecia, Dinamarca, Bolivia, Austria, Perú, Grecia, Finlandia, República Checa, Chile, Perú, Argentina, Brasil, Australia, España y Nueva Zelanda. México tiene el ejemplo de Zapopan, Jalisco, que incluyó en su legislación referente a protección de animales la prohibición de instalar circos que exhiban animales no humanos en sus espectáculos.
Otro ejemplo es el municipio de Tepalcatepec, Michoacán, que también prohibió estos espectáculos.
De acuerdo con estudios realizados por organismos de los países donde se prohibieron los circos con animales, esta experiencia ha arrojado resultados positivos, aumentando hasta 30 por ciento la derrama económica, ya que los circos se ven envueltos en un proceso de renovación de los espectáculos, una inclusión de mayor número de artistas y el desarrollo de actos creativos, lo que lleva a la ampliación del número de empleos y el desarrollo artístico de sus empleados.
El cambio es positivo tanto para los cirqueros como para el público, que apoya esos cambios y los observa con un gran nivel de aceptación, aumentando inclusive los niveles de asistencia, por lo que, lejos de lo que argumentan los empresarios circenses que dependen en sus espectáculos de los animales no humanos, la abolición de su uso sería benéfico de muchas maneras, incluyendo sin duda, la financiera.
Un claro ejemplo de lo exitoso que pueden ser los circos sin animales es el Cirque du Soleil, el cual inició en Canadá con artistas callejeros, que con creatividad y esfuerzo crearon uno de los espectáculos más conocidos en el mundo. Actualmente esta empresa tiene programas itinerantes en al menos 10 países al mismo tiempo y factura más de mil millones de dólares al año.
Aunado a lo anterior, con la prohibición del uso de ejemplares de la vida silvestre en espectáculos, circos o exhibiciones, no sólo ayudaremos a erradicar el maltrato animal y a la disminución de la extinción de nuestra fauna nacional, sino al combate al tráfico de especies de vida silvestre, pues además de los malos tratos que ya hemos mencionado, no se pueden dejar de lado las prácticas ilegales en las que ocasionalmente incurren los administradores o dueños de estos espectáculos.
Esta es una práctica común de conseguir animales, el tráfico ilegal es un negocio rentable que genera aproximadamente 6 billones de dólares anualmente, según la Wildlife Conservation Society (WCS), misma que señala que cuando los ejemplares provienen del comercio ilegal, son capturados por cazadores furtivos, que secuestran generalmente a las crías tras matar a parte de su grupo familiar, debiendo soportar condiciones deplorables desde su captura, hasta las condiciones de transporte en que viajan por miles de kilómetros hasta llegar a su destino final, que si no es la muerte en la ruta, es el confinamiento de por vida en el espectáculo o feria para quienes fueron capturados.
Asimismo, una de las preocupaciones más fuertes es el riesgo de la extinción masiva y progresiva de ejemplares de la vida silvestre, pues al encontrarse en cautiverio se dificulta su reproducción, colaborando negativamente a la preservación de ejemplares de vida silvestre que incluso ya se encuentran listadas con alguna categoría de protección.
En lo últimos 10 años, el actuar de las autoridades mexicanas para verificar el cumplimiento de la normatividad ambiental en los espectáculos itinerantes donde se utilizan animales silvestres ha sido constante, basta decir que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha realizado cientos de decomisos de animales en circos, por carencia de la documentación que acredite el origen de los animales, no obstante se ha dejado de lado en algunas ocasiones lo referente al bienestar de los ejemplares que son encontrados dentro de los establecimientos verificados.
En términos legales los circos, de acuerdo a los artículos 26 y 27 del Reglamento de la Ley General de Vida Silvestre (RLGVS), no se consideran unidades de manejo para la conservación de la vida silvestre (UMA), sino son identificados como predios o instalaciones que manejan vida silvestre de forma confinada fuera de su hábitat natural (PIMVS), estos últimos caracterizados porque no tienen como fin la recuperación de especies o poblaciones para su posterior reintroducción a la vida libre, lo cual permite regulación más laxa a estos establecimientos con respecto a aquellos que de manera positiva incorporan a su operación conceptos y prácticas de conservación, reintroducción y recuperación de especies o poblaciones.
Asimismo, debemos reconocer que el uso de fauna silvestre en circos no se limita a estas prácticas, ya que existen otro tipo de actividades que podrían catalogarse como espectáculos itinerantes en los cuales se utiliza vida silvestre sin las adecuadas medidas de bienestar animal, mantener en cautiverio una especie de fauna silvestre en sí atenta contra la naturaleza del ejemplar, más aun cuando ese cautiverio conlleva la vertiente de itinerante, por ello la presente reforma no sólo se restringe a circos, sino también a cualquier actividad itinerante que conlleve el uso o exhibición de fauna silvestre viva, sean estos circos, ferias o cualquier otro tipo de espectáculo, ampliándose la aplicación para aquellos que aun cuando no sean itinerantes, conlleven estas actividades en establecimiento fijos.

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Petición creada en 6 de marzo de 2014