Transformación digital no significa ERE

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Héctor Eduardo González Aguilar ha iniciado esta petición dirigida a Universidad Europea

La agilidad que ha caracterizado a las universidades privadas en general, y a la Universidad Europea en concreto, puede ser crucial para iluminar el camino de la transformación digital. El primer ERE que afecta a docentes en la historia de la universidad española obliga a reflexionar sobre las condiciones necesarias para ejercer esta tarea de máximo interés público.

La joven universidad privada española estaba encontrando oportunidades de evolución en un deseable equilibrio con las universidades públicas, adaptándose con carácter pionero a transformaciones de toda índole: a la generación de investigación, a los criterios de Bolonia, a las avanzadas metodologías de aprendizaje o a la internacionalización más allá del programa Erasmus. Procesos complejos en los que el profesorado de las privadas colabora con convicción y esfuerzo. Algo más de veinte años dan suficiente perspectiva temporal sobre este recorrido. La Universidad Europea había ganado este respeto, sumando a su currículo importantes acreditaciones internacionales y posicionando a susalumni en la excelencia en sus profesiones.

El proyecto universitario español se adentraba por la senda de la participación. Profesores y estudiantes estaban presentes en juntas, agencias y paneles de gestión, verificación y acreditación de titulaciones y docentes. Un esquema moderno y democrático que descansa en el sensato principio de dar voz a quienes están involucrados en un proyecto para aprovechar sus capacidades y asegurar su salud.

Pero el escenario de las universidades privadas en manos de empresas con vocación docente está cambiando. Cuando en 2018 el fondo de inversión británico Permira adquirió La Universidad Europea, se produjo un cambio de paradigma cuyas consecuencias se empiezan a vislumbrar. Permira no se dedica a la educación, se dedica a la mera extracción de beneficios de las empresas que adquiere. Una actividad que, aplicada a la educación, sería prácticamente imposible en su país de origen, pues en el Reino Unido es obligada la reinversión de beneficios, lo que de facto convierte a sus universidades privadas en entidades sin ánimo de lucro. Contadas y recientes excepciones requieren de específica aprobación gubernamental.

La rentabilidad de la Universidad Europea a la llegada de Permira era indudable, con 50 millones de euros de beneficio declarado en el ejercicio 2018/2019 y es previsible que los resultados del 2019/2020 sean aún mejores debido al cambio de rumbo —dirigiéndose exclusivamente hacia la obtención de rentabilidad— de estos dos años de gestión de Permira. Las operaciones de carácter económico‐financiero, como la venta de inmuebles estratégicos (residencias de estudiantes, por ejemplo) el aumento del precio de la matrícula y la congelación del sueldo de todos los empleados ponen de manifiesto esta estrategia extractiva, que encuentra ahora su continuidad en el despido colectivo de 275 personas, un 85% de ellas personal docente.

Ninguna de estas medidas parece encaminada a la mejora de la calidad de la enseñanza, sin embargo, la necesaria Transformación Digital se ha usado de forma recurrente por parte de la nueva empresa como argumento para tomarlas, tratando de justificar con ello el ERE. Esto nos lleva al gran debate de fondo del momento actual.

POR UNA UNIVERSIDAD DE CALIDAD EN LA ERA DIGITAL

La institución universitaria no es ajena a las transformaciones que la digitalización está provocando en las comunidades de aprendizaje. Es un hecho que la utilización de nuevas herramientas está desarrollando otras capacidades cognitivas en los más jóvenes y es imprescindible contemplarlas a la hora de diseñar pedagogías en consonancia. La transición hacia nuevos modelos de aprender y enseñar es necesaria, compleja y de tal relevancia para el futuro que requiere de un proceso participado que escuche a todos los agentes involucrados: estudiantes, profesores, instituciones y empresas.

Sin embargo, en 2020 la digitalización ha irrumpido con urgencia en la docencia a causa de la pandemia, imponiendo de forma transitoria formatos inmaduros de clases online o híbridos que han rebajado la experiencia del aprendizaje, a pesar del esfuerzo realizado por la comunidad educativa para suplir las carencias. Ese esfuerzo permite ahora una valoración crítica acerca de cómo realizar una adecuada transmisión del conocimiento con nuevos formatos y encontrar aquellos modelos sobre los que avanzar.

La digitalización en la enseñanza universitaria conlleva oportunidades claras: agiliza tareas, permite el acceso a contenidos de forma inmediata y crear aulas extendidas con estudiantes de realidades culturales y sociales muy
diferentes. Ninguna de estas ventajas construye por sí sola una enseñanza de calidad. Se necesita—al contrario de lo que Permira parece pensar— de más profesores innovando, atendiendo realidades particulares, horarios diversos y aprendizajes diferenciales.

El drástico cambio de modelo académico y de gestión que propone la digitalización no debe simplificarse —debido a la precipitación exigida por la pandemia— para convertirse en un aula con cámara y algunas clases grabadas. Ni el aula extendida es una cámara enfocando exclusivamente al profesor, reproduciendo esquemas obsoletos, ni los contenidos digitales se resuelven consumiendo clases enlatadas o vídeos de internet sin oportunidad de interactuar con el docente o con los compañeros. Los propietarios actuales de la Universidad Europea no parecen tener más propuesta que esta. No ha habido debate académico ni parece haber más reflexión. La postura tomada resulta tan básica que se aproxima más a la de una plataforma de cursillos de bajo coste que a la de una institución académica abierta a los retos de la enseñanza del futuro.

NO AL ERE

La Universidad Europea había conseguido el primer puesto en calidad de sus docentes en el U‐ranking del 2020. Ha crecido en estudiantes y obtiene beneficios, razones que quizá la han convertido en un producto financiero interesante para un fondo de inversiones extranjero.

A lo largo de muchos años de dedicación, el profesorado de la Universidad Europea ha ido construyendo un valioso tejido de transmisión de conocimiento e intercambio intelectual de excelencia, tal y como atestiguan acreditaciones otorgadas por instituciones internacionales como NAAB (EEUU) y RIBA (UK) que avalan un modelo ahora en peligro por una acción unilateral y esquiva hacia el debate.

Estudiantes, docentes y no docentes que forman la Universidad Europea, solicitan al Ministerio de Universidades de España, a la Agencia de acreditación de la Fundación Madri+d, y a toda la comunidad universitaria su APOYO para parar este ERE injustificable y hacer posible que, con el capital intelectual intacto, se pueda abordar el reto de la transformación digital en la universidad española.

Personal no docente, docente y estudiantes de la Universidad Europea reivindican su participación directa en procesos de gestión que les afectan, amparados por una ley —que es muy necesario revisar— para evitar que en las universidades privadas el lucro empresarial sea el baremo que determine la calidad de la enseñanza. Lo que se juega aquí es mucho más: es un modelo de enseñanza, de investigación y de sociedad.

Profesores de la Universidad Europea.
02.02.2021

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