Una puerta para Pablo

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Pablo no tiene una puerta en su negocio. Tiene una triste plancha de metal que desolado arrastra todos los días una y otra vez para abrir y cerrar.

El día a día sin puerta es un desafío continuo para Pablo. En invierno entra el helado frío y en verano el infernal calor. La plancha se cae sola los días de viento. No está a salvo de los ladrones, ni de los gatos y roedores que pueden campar a sus anchas.

Vivir sin puerta deja a Pablo a merced de los repartidores. Todos le preguntan por Román, porque él está ahí, al descubierto, en primera línea, indefenso.

Arrastrar esa plancha está echando a perder el suelo, las paredes y el alma de Pablo.

No puede dormir tranquilo cada noche sabiendo que su negocio está inseguro. No puede ni ir al baño sin pensar que cualquiera puede colarse. Así no hay quien viva, ni cague.

Ayuda a Pablo a conseguir su puerta para que pueda volver a sonreír, si es que alguna vez lo hizo. Salgamos de dudas.



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