Sociedad guanajuatense contra el cierre arbitrario de licenciaturas de la UG

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Un país de asesinatos y feminicidios, de extorsiones y secuestros, de terror e impunidad, eso ha sido México para las jóvenes generaciones que han nacido y crecido en este nuevo milenio.

Un país que desde hace más de una década ha sumado a su historia de desigualdad el ascenso de una violencia desbocada; una violencia que ha conseguido extenderse a cada rincón de nuestro territorio y que hoy en Guanajuato provoca mayores estragos que en ningún otro estado.

La histórica huelga organizada a fines del año pasado por las y los estudiantes de la Universidad de Guanajuato en demanda de seguridad y justicia, fue una manifestación del temor y el hartazgo ante la situación en que vivimos, pero también una muestra de la solidaridad y el compromiso necesarios para encararla. En este escenario, ennegrecido aun más por la pandemia mundial del Covid-19, la Universidad de Guanajuato creyó oportuno cerrarle sus puertas a una parte de la juventud guanajuatense al cancelar la apertura de aquellos programas educativos de licenciatura que no consiguieran vender 30 cédulas de admisión. Aunque en un acto de reconsideración, quizás como respuesta a diversas solicitudes de los propios universitarios, la Universidad ha suspendido esta disposición, lo ha hecho solo de manera temporal, insistiendo en su aplicación para el próximo periodo de admisión.

Desde nuestra perspectiva, la puesta en marcha de una política como ésta es inadmisible, tanto por sus consecuencias directas como por la forma en que se ha instrumentado.

Negarle a las y los jóvenes la posibilidad de una formación universitaria por el solo hecho de interesarse en una disciplina de baja demanda significa hacer más profundo el abandono institucional y social en el que se encuentran muchos de ellos; significa afectar a los más pobres, a los que no que pueden trasladarse a otros estados, a los que no pueden pagar una educación privada, a los que sobre un delgado filo se debaten entre estudiar y trabajar; significa negarles su derecho a ser diferentes, a pensar distinto a la mayoría, castigando su interés por ciertas ramas de las ciencias o las artes, de las ingenierías o las humanidades.

Pensamos que, en tiempos de crisis, local y mundial, sanitaria y moral, social y económica, la universidad debe recordar su carácter público, universal y humanista, y actuar en congruencia con él. Por otra parte, resulta preocupante que la alta dirección universitaria haya tratado de instaurar esta medida sin informar de manera clara y oportuna a la sociedad y a su comunidad, y contradiciendo la normatividad universitaria, la cual señala claramente que la suspensión de la oferta de programas académicos depende de instancias colegiadas, no de la voluntad personal de un funcionario (Cfr. Arts. 24, 28 y 30 de la Ley Orgánica y Acuerdo de corresponsabilidad institucional para el incremento de matrícula...). Creemos que, como institución pública, la Universidad tiene el deber de conducirse de forma democrática, abierta e incluyente, y nunca de manera autoritaria, discrecional u opaca.

Por estos motivos, hacemos un atento llamado a la sociedad guanajuatense y a la comunidad universitaria para exigir a la Universidad de Guanajuato que, en congruencia con su razón de ser, establezca los siguientes compromisos:

  1. Tener a la vista siempre que una universidad pública tiene el deber de significarse como la primera y mejor opción de estudios superiores para las y los jóvenes del país, siendo sobre todo, sensible a los problemas económicos de las mayorías.
  2. Suspender definitivamente la medida de establecer una cantidad estandarizada de cédulas vendidas como requisito para ofertar un programa académico de licenciatura.
  3. Reconocer que la cancelación de la oferta, temporal o definitiva, de un programa académico no depende de la voluntad de un funcionario, o de un grupo de ellos, sino de las instancias colegiadas que marca la normatividad universitaria.
  4. Establecer de forma clara y transparente los protocolos necesarios (estudios, diagnósticos, análisis, propuestas, etc.) para plantear la cancelación de la oferta, temporal o definitiva, de un programa académico.

Confiamos en que la sociedad guanajuatense se mantendrá atenta y vigilante de una de sus instituciones más valiosas, su Universidad, así como en la buena disposición de la Rectoría General para atender las necesidades de su entorno y escuchar las demandas de la comunidad universitaria.

Atentamente,

La flecha de la torre

Guanajuato, Gto., a 4 de mayo de 2020