NO Apoyo a la Candidatura de Maria Espinoza a la ONU

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Lean detenidamente y ustedes  podra decir confiamos en lo poco y no has actuado en Sabiduría . Te quitare este poco y no te apoyo en esta campaña para la ONU

María Fernanda Espinosa complica seriamente su panorama. El affaire Assange es una carpeta más en un manejo sinuoso de las relaciones internacionales. Se supone que un ministro no es solamente un funcionario que obedece al Presidente sino que lo asesora. La Cancillería propuso a Alexis Mera para embajador en Washington; un error que fue diagnosticado apenas se conoció la información. Pero Espinosa perseveró. No solo eso: quiso engañar a la opinión al afirmar, tras el silencio de Washington, que ciertos países se demoran en dar el beneplácito. Y tras casi cien días de silencio (que implicaba un No rotundo) dio la oportunidad a Alexis Mera para que, muy orondo, retirara su nombre. Por supuesto el ex secretario jurídico de Correa no dijo que su nombre había sido vetado en Estados Unidos para el cargo de embajador: dijo que retiraba su nombre porque debido al tiempo transcurrido, asumió “compromisos profesionales de carácter permanente en mi firma de abogados que me hacen imposible trasladar mi domicilio a ese país”. Inverosímil pero cierto: Mera y Espinosa mintieron de forma desembozada a la opinión.

El mismo caso se dio con el nombramiento de Guillaume Long como Representante Permanente del Ecuador ante las Naciones Unidas en Ginebra. En esa ciudad de Suiza está todo el sistema universal de derechos humanos. Pues bien: Long fue durante el correísmo un ministro siniestro en este tema. Nombrarlo embajador no solo era una error: lucía como una afrenta. El 4 de este mes renunció y envió una carta, como suelen enviarla los correístas, dando lecciones de ética, pero esta vez al Presidente que lo nombró. Esta semana, María Fernanda Espinosa se refirió a ese tema en un par de frases. Fue un error haberlo nombrado, dijo en sustancia, y cerró el capítulo. Lo mismo ha hecho cuando ha tenido que explicar su defensa a ultranza de dictadores o cuando se guarece bajo la tesis de no intervención en asuntos de otros países para cerrar los ojos sobre los asesinatos y la violación de los derechos humanos en Venezuela.

¿Qué vale, en esas circunstancias, la palabra de la Canciller? ¿Vale algo cuando la víspera niega hechos, como ocurrió esta semana con el affaire Assange, y al día siguiente reconoce esos hechos y critica, bajo la coartada de la discreción, que la información sobre esos hechos, ya consumados, hayan sido filtrados?

Espinosa no responde por el ejercicio de su cargo ni por las consecuencias de sus decisiones. Salta impune de un error a otro. 4P. no conoce hasta qué punto el Presidente aprueba la gestión de la Canciller. Pero es claro que el nombramiento de Francisco Carrión a la embajada de Washington se hizo en contra de la voluntad de María Fernanda Espinosa. Basta leer los textos de las columnas de Carrión, o algunos de sus tuits, para entender que no es ella quien dictó los lineamientos al representante del país en Washington, como ella pretende hacerlo creer en este tuit.

 



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