Cancelación del programa "Los Enredos de Juan Vainas"

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Durante toda la historia de nuestro país, la figura del campesino ha sido un pilar fundamental de la conformación de la historia, cultura, economía, folclor e imaginario costarricense.

No obstante, durante los últimos años, ha surgido una tendencia de representar -de manera satírica, sobre todo por personajes humorísticos- la figura del campesino costarricense dentro de un espectro muy lejano al que realmente representa.

Particularmente, esta solicitud surge ante la emisión por el canal nacional de mayor audiencia (Teletica, Canal 7) de un programa que colabora a la mitificación, así como al afianzamiento de estereotipos denigratorios sector agropecuario a nivel nacional.

"Los Enredos de Juan Vainas" constituyen una verdadero insulto a los "labriegos sencillos" que se supone honramos  en nuestro himno patrio. Siendo esta una cuestión desatentida, desde que en 2016 se generó un comentario en redes sociales por parte de el político Otton Solís ante el estreno de la película "Maykol Jordan de Viaje Perdido" producida por la agrupación cómica "La media docena".

Si bien en 2016 Ricardo Jiménez, quien "da vida" al personaje de Juan Vainas, respondió a las críticas de Solís alegando que -y procedo a parafrasear-: "este desconocía la temática que criticaba, y que dado a eso su comentario no resultaba siquiera digno de atención, alegando como "politiquería" la intención de su  crítica", en este momento es diferente. El día de hoy me presento como un joven, de origen y ascencia campesina, que decepcionado mas que ofendido, hace una solicitud.

Bastante se ha dicho de la otredad y del discurso por parte de intelectuales como Foucault. El día de hoy, resulta que los "autores" de esta representación teatral no se afianzan como especialistas de la temática que intentan representar, y en respuesta a don Ricardo Jiménez, no sin antes destacar su intento de ser un actor de calidad en una sociedad donde ser artista es tan complicado, le hago la misma solicitud que realizó su persona a don Otton Solís en 2016: "Por favor, evite hablar de temáticas de las que no puede dar testimonio o una representación fidedigna en escena". Y más que un comentario motivado por mero sentimentalismo, procedo a razonar mi crítica en tres aspectos fundamentales: "la responsabilidad didáctica del teatro y del arte en general"  y la "justificación con ejemplos de lo innecesario de recurrir a la burla cuando se quiere dar una representación o mensaje de manera humorística".

  1. Responsabilidad didáctica del teatro y del arte en general: es bien sabido que para muchas personas, -carentes del conocimiento de las dificultades económicas y de discriminación que sufre el sector agropecuario a nivel nacional, así como la denigración cultural que afecta la figura campesina en el país- la representación en una obra de teatro puede resultar en la única perspectiva que puedan llegar a conocer del quehacer, comportamiento y costumbrismo campesino. Dado a esto, pese a que el humor superficial siempre es caracterizado por lo amigable y simpático que resulta para la audiencia, omitiendo la necesidad de analizar demasiado las bromas, haciendo referencia de las cuestiones más obvias, estereotipadas y humillables; esto no significa que de una manera inconciente, más profunda y menos perceptible, se este asimilando por parte de la misma audiencia esta representación burlesca como una caracterización verídica de aquello que representa. Y si bien ante la necesidad, el teatro satírico resulta lo más comercial terminando en la aceptación por el publico -como don Ricardo Jiménez señala- burlarse de un campesino por su lenguaje, costumbres e "ignorancia" resulta un humor igualmente negro que burlarse de una persona discapacitada por su condición: ambas son condiciones en las que no resulta en una decisión propia de la persona el motivo de la  burla.
  2.  Justificación con ejemplos de lo innecesario de recurrir a la burla cuando se quiere dar una representación o mensaje de manera humorística: si bien se reprocha de la necesidad de satirizar un personaje con características poco admirables para generar humor, publicidad y mercado, la obra más vista en la historia del teatro nacional "El inmigrante, el Nica" del fallecido actor César Meléndez dio ejemplo contrario de ello. Meléndez, completamente consciente y responsable de la percepción de su obra, se esmeró en la adecuada y razonada elaboración de su papel, incluso llevándose a sí mismo a encarar la realidad del personaje que representaba para poder interpretarla mejor. Otros como Lencho Salazar, resaltan la creatividad de la mentalidad campesina sin recurrir a la burla.

 



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