#TodosSomosLuis

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Luis fue indebidamente acusado como si hubiera dolosa y deliberadamente planeado dañar y asesinar a un inocente bebé que desafortunadamente presentó una reacción anafiláctica durante una cirugía, evento potencialmente mortal, impredecible y que se presenta en una de cada 30,000 cirugías.

Los padres del bebé, como es humanamente comprensible, tratan de buscar un culpable, y en el complejo e imperfecto sistema de salud, el médico es muchísimas veces la parte más delgada por donde todo se rompe.

Las cosas pasan. Pero está en nosotros hacer que “solo pasen y todo siga igual” o darles el poder de alimentar nuestros ideales y nuestras convicciones para generar las acciones concretas para lograr que “las cosas sucedan” y se generen las verdaderas transformaciones.

Y eso empieza por hacernos responsables. Responsables de muchas cosas que hemos dejado que el sistema maneje, porque “no nos toca” o porque nosotros “sólo somos médicos”.
Es tiempo de quitarle a la apatía muchas de las cosas que le hemos permitido y volvamos a hacernos responsables de la salud y el bienestar de nuestra propia familia pero también del bienestar de nuestra comunidad.

Hemos perdido el respeto por lo que significa portar esa bata blanca y hemos dejado de ser ambiciosos y de creer y luchar por la utopía que corría por nuestras venas cuando el primer día de la carrera alguien nos preguntó “porque queríamos ser doctores”.

“Se nos hizo fácil” dejar de exigirnos y exigirle a nuestras autoridades lo que nuestros pacientes merecen y esperan.

“Se nos hizo fácil” asumir indebidamente que era nuestra responsabilidad el seguir dando consulta y atendiendo pacientes después de 72 horas seguidas porque “no había más personal”.

“Se nos hizo fácil” aceptar dar 24 consultas diarias en un turno de trabajo sin cuestionar como es posible que alguien pueda valorar correctamente de manera integral a un paciente en menos de 15 minutos.

“Se nos hizo fácil” aceptar y dejar pasar que el paciente hipertenso o el diabético no reciba su medicamento porque en la farmacia “no había”.

“Se nos hizo fácil” hacernos de la “vista gorda” cuando nos percatamos que un paciente tiene que esperar hasta 8 meses para que la interconsulta con un médico especialista se concrete o se pueda realizar una cirugía electiva.

“Se nos hizo fácil” acostumbrarnos a que los pacientes fueran dados de alta sin haberse podido realizar su cirugía porque “no llegó el material” o porque su “médico salió de vacaciones y nadie lo cubrió”.

“Se nos hizo fácil” culpar al sistema pero al mismo tiempo solaparlo con nuestro silencio. Dejamos de respetar nuestra profesión. Dejamos de respetarnos a nosotros mismos.

“Se nos hizo fácil” dejar de ver a los pacientes como personas pero no nos está gustando cuando ahora a nosotros nos dejan de ver como médicos y nos comparan con delincuentes.

Pues todo esto rindió frutos, y esos frutos no nos están gustando. Son frutos que nos muestran que las personas en nuestra comunidad ya tampoco nos respetan, porque dejaron de vernos como parte de la solución y nos han ido integrando mental y emocionalmente del lado del problema.

Por eso no debe de sorprendernos que a los médicos ya no nos respeten y que incluso existan personas que puedan asumir que pudiéramos considerar lesionar consciente y voluntariamente a la persona que se supone debiéramos cuidar como si nuestra propia vida dependiera de ello.

Luis es uno de los que está pagando los platos rotos que el sistema y nosotros mismos hemos hecho pedazos durante los últimos años. Creo que es tiempo de que nos volteemos a ver entre nosotros, nos reconozcamos a través de nuestras miradas y en lugar de seguir echando culpas o desviando la mirada, nos tomemos de la mano y luchemos juntos, primero recogiendo los pedazos y con ellos empecemos a reconstruir la confianza que nuestra hermosa profesión nos ayuda a crear cuando la ejercemos con responsabilidad y compromiso.

Si le preguntamos a quien tiene que aguantar la respiración por 5 minutos debajo del agua seguramente su opinión sobre el tiempo será diferente a la tuya o a la mía.

Es tiempo de actuar, de involucrarnos y de comprometernos a resarcir la pérdida de comunicación y confianza con los pacientes pero también es tiempo de defender la verdad y la honorabilidad de quienes ejercemos esta hermosa profesión dignamente.

Le pido a Dios que tenga en su gloria el alma de ese pequeño y que aquí en la tierra nos permita a todos encontrar nuestro camino; a la familia de ese pequeño que logre de alguna manera trasmutar ese dolor en crecimiento y unión, que las autorizadas puedan comprender la complejidad e imprevisibilidad de la naturaleza humana, que Luis pueda ser debida y justamente juzgado como persona y profesionista como lo dicta la ley asumiendo su inocencia hasta no demostrarse lo contrario, que todos comprendamos que es un sinsentido concebir la posibilidad de que un médico trate consciente o deliberadamente de hacerle daño a un ser humano, pero sobre todo, que para todos nosotros este sea “el punto de inflexión” que necesitamos para unirnos y actuar como una verdadera familia de personas que comparten la más hermosa profesión de todas: la del cuidado de la salud humana.

Luis: no te conozco personalmente, pero conozco personalmente a personas que tus manos han curado y por ello y como médico te abrazo a la distancia esperando que pronto puedas estar en casa.

Dr. Heriberto Lizaola Diaz de Leon.
Secretario del Colegio Mexicano de Urgencias Obstétricas SC
www.comuo.org



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