¡AYUDAD A MI HIJA, POR FAVOR!

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La justicia española ha condenado a mi hija a regresar a la República Checa donde, con toda seguridad, va a seguir siendo maltratada por su madre. Ni el equipo técnico del Juzgado de Familia de Tarragona ni la Jueza han tenido en cuenta el deseo de Maricel, manifestado de forma reiterada, de continuar viviendo en Tarragona, en paz y tranquilidad. Por el contrario el Juzgado de Familia no ha tenido en cuenta los numerosos informes técnicos realizados durante los procesos judiciales en la República Checa, que evidenciaban el maltrato psicológico al que ha sido sometido mi hija por parte de su madre, agravado desde que en su día la justicia checa acordó la custodia compartida, ni tampoco las conclusiones técnicas de las dos psicólogas, reconocidas profesionales especialistas en el síndrome de alienación parental y autoras de varios trabajos que son referencia en la materia, que analizaron concienzudamente los antecedentes judiciales, ni los informes previos de los organismos checos, que exploraron en varias sesiones a Maricel y realizaron todo tipo de pruebas psicométricas, y que concluyeron que mi hija, tras sufrir un proceso de alienación parental por parte de la madre, DE NUEVO SE ENCUENTRA EN UNA SITUACIÓN DE MALTRATO PSICOLÓGICO Y EMOCIONAL, habiendo referido además recibir castigos físicos inadecuados, situación que compromete la estabilidad emocional de Maricel y su futuro desarrollo psicológico y relacional.
Por si no fuera suficiente, en la resolución se indica que la reticencia de Maricel a regresar con su madre y el deseo de permanecer en Tarragona forma parte de un plan preconcebido con antelación, obviando la conclusión de las psicólogas quienes para descartar cualquier sospecha o duda sobre la fiabilidad del testimonio de mi hija aplicaron varios test psicométricos e indicaron que Maricel, presenta una madurez psicológica superior a su edad cronológica y expresa su deseo de vivir en Tarragona con el padre (basado en sus propias vivencias y sin que se aprecie manipulación) como un mecanismo de protección.
Después de analizar el informe del equipo técnico en base al cual el Juzgado de Familia de Tarragona ha tomado la decisión, uno se pregunta como padre y como ciudadano, ¿DÓNDE ESTÁ LA PROTECCIÓN DEL SUPERIOR INTERÉS DEL MENOR?
Puedo asegurar que el informe del equipo técnico del Juzgado de Familia de Tarragona es todo menos riguroso. Por el contrario, a la vista de los errores cometidos ante el poco, escaso o más bien nulo estudio de los antecedentes judiciales en la República Checa y los informes técnicos existentes (todos concluyentes acerca del maltrato psicológico y la alienación parental ejercida por la madre a Maricel), la subjetividad y evidente tendenciosidad de las conclusiones y, por qué no decirlo, el escaso tiempo dedicado por las técnicas del juzgado a explorar a la menor en contraposición a las sesiones y medios empleados por las psicólogas aportadas por mi, afirmo alto y claro que el caso de Maricel ha sido tratado con mucha ligereza y escaso interés por la administración.
En el informe del equipo técnico se evidencia ya no tan sólo el desconocimiento de la realidad que ha vivido Maricel durante los últimos cinco años sino que han obviado por completo las conclusiones de los informes técnicos existentes en la República Checa, reproducidos en la Sentencia del Juzgado de Primera Instancia de Hradec Kralové de 2 de marzo de 2016, que fue aportada por el mismo Abogado del Estado en la demanda de restitución. La metodología empleada por el equipo técnico deja mucho que desear por la absoluta omisión tanto a las resoluciones judiciales como a los numerosos informes psicológicos, que en ellas se citan y transcriben. Y esta cuestión no es menor, pues a pesar de la contundencia de dichos informes obrantes en el proceso judicial checo las conclusiones del equipo técnico de Tarragona respecto el rol de cada uno de los progenitores, antes y en la actualidad, son únicamente positivos respecto la madre y negativos respecto el padre.
No pierdo la esperanza y seguiré luchando con todas mis fuerzas ante este cúmulo de despropósitos del equipo técnico del Juzgado de Familia que han propiciado una resolución desfavorable y que pone en riesgo la vida de mi hija, su integridad y estabilidad emocional; haré lo que sea necesario para proteger a mi hija, incluso iniciar a una huelga de hambre hasta las últimas consecuencias.
Durante estos últimos once meses Maricel ha vivido tranquila y en paz en Tarragona, con un fuerte arraigo a la ciudad, nuestra cultura y tradiciones, se halla totalmente integrada en la escuela, ha hecho muchos amigos y ha obtenido unas estupendas calificaciones escolares a pesar de la dificultad que entraña para un alumno extranjero el cambio de escuela, de idioma y de sistema educativo. Pero esto no tiene importancia alguna para el equipo técnico. Como tampoco el que durante estos once meses la madre, a quien valoran de forma extremadamente positiva, no haya contactado por teléfono o cualquier otro medio con Maricel para interesarse por ella, o que el pasado día 9 de septiembre de 2016, cuando la madre se presentó sin avisar en Tarragona para hablar con la niña, le dijera ante testigos que entendía el mal infligido en el pasado, que sólo deseaba recuperar su confianza y que no la obligaría a regresar a la República Checa en contra de su voluntad. Tampoco contactó con ella el pasado 28 de abril, cuando la madre estuvo en Tarragona para entrevistarse con el equipo técnico. ¿Qué sentido tiene reclamar el retorno de una menor si durante once meses y sin existir impedimento alguno no ha tenido, voluntariamente, contacto con ella, siquiera cuando ha estado en la ciudad el pasado mes de abril?
No he secuestrado a mi hija, tampoco estamos escondidos. Por el contrario, todos los que han seguido nuestra historia conocen perfectamente el infierno que ha soportado Maricel con su madre.
Y cuando vino a Tarragona el pasado mes de agosto, sintiéndose segura lejos de la amenaza materna expresó su miedo a regresar por miedo a represalias, explicando entonces cómo la actitud de la madre y la situación con ella se había agravado desde que los tribunales checos acordaron la custodia compartida.
Siento una gran decepción y estoy indignado con una justicia que condena a Maricel, en contra de su voluntad, a regresar al infierno del que escapó. Cuando alguna vez he comentado a mi hija la posibilidad de que la justicia la obligará a regresar a la República Checa su estado de angustia ha sido máximo, amenazando con escaparse o hacer algo peor. No pienso traicionar a mi hija, seguiré protegiéndola y para ello dedicaré todas mis fuerzas y empeños. Ahora, más que nunca, necesito vuestro apoyo.
¡POR FAVOR, AYUDAD A MARICEL!



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