Una plaza o una calle para Ocaña en Barcelona

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Sra. Colau, alcaldesa de Barcelona:

Hubo una persona popular, revolucionaria desde el arte, defensora de la libertad y amante de su ciudad, que hoy hubiera cumplido 70 años, y que merece un reconocimiento que ningún consistorio le ha dado hasta la fecha. Falleció en 1983. 

José Pérez Ocaña, conocido artísticamente como Ocaña, andaluz de corazón y barcelonés de adopción y por decisión propia, fue un carismático y controvertido artista, nacido en 1947, que tuvo su eclosión durante la transición española.

Sus pinturas, que interpretaban la iconografía religiosa mediante el pop, y sus críticos performances haciendo uso del travestismo, le convirtieron en un reconocido personaje ligado a las Ramblas. Más allá de eso, Ocaña fue un anarquista y precursor del activismo LGTB que puso cara al incipiente movimiento revolucionario que luchaba por la libertad de expresión.

Ocaña vivió y reivindicó con orgullo su homosexualidad, en una época oscura y de agresiva intolerancia, donde todavía la libertad para amar era sancionada, represión sujeta a la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social del Código Penal Español. El artista, mostrando con naturalidad su forma de vida, se convirtió en un referente de la reivindicación pública de los derechos del colectivo LGTB.

Original de Cantillana, Sevilla, Ocaña volvió a su pueblo en 1983, tras reconciliarse con un pasado de bullying, desprecio y discriminación, marginación encarnecida en aquella época de postguerra y acentuada en ambientes rurales. No había rencor en su corazón, sino ganas de reencuentro y de compartir su arte.

Lo hacía para participar en su fiesta favorita; el carnaval. Creativo hasta las últimas consecuencias, utilizando papel confeccionó y lució un espectacular disfraz de sol que, simbólicamente, bien podía representarlo como la estrella que era y que iluminaba con su alegría a cuantos le rodeaban.

Se dice que de forma fortuita la bengala de un vecino prendió en su vestuario en medio del jolgorio. Aquel sol pareció serlo de verdad cuando prendió en llamas. Tras una semana de gran sufrimiento, Ocaña falleció debido a las graves quemaduras sufridas por todo su cuerpo.

La estrella de las Ramblas destella desde entonces en la memoria de cuantos le conocieron, titilando también ante aquellos que supimos de él gracias a la obra de otros artistas (película, obra de teatro, cómic, poemas, canción, documental, artículos…). Pero no hay monumento o placa que materialice su recuerdo. Las nuevas generaciones pierden la oportunidad de conocer a pequeños héroes de la microhistoria de España.

Hoy, día en el que José Perez Ocaña hubiera cumplido 70 años, es un día señalado para hacer esta petición. Sra. Alcaldesa de Barcelona: que su memoria no se desintegre como las cenizas de aquel disfraz. Que la ciudad sea generosa y agradezca la presencia de emigrantes que decidieron hacer de la Ciudad Condal su casa, dando a cambio lo mejor de ellos y representando a muchos y muchas que no tuvieron cara ni voz.

En un país caracterizado por obsequiar con calles, paseos y plazas a criminales de guerra, que se haga justicia y en este caso se le dedique a un ser que nos enseñó la importancia de la libertad y de ser nosotros mismos, algo que en la actualidad sigue siendo muy necesario aprender.



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