Victoria

Salvemos del derribo la Casona de Obispo Valero en el Conjunto Histórico de Cuenca

¡La petición ha conseguido su objetivo gracias a 726 firmas!


La Gerencia Municipal de urbanismo del Ayuntamiento de Cuenca está ultimando el expediente para la demolición de una de las casonas históricas de Cuenca, situada en la calle obispo Valero, junto al Palacio Episcopal y la Casa de Curato de Santiago, sede del Museo de Cuenca.

Esta casa (el nº 10), con tipología nobiliaria, formó parte del complejo que la Inquisición tuvo en esta calle. Su primera estructura es del siglo XVI, aunque luego fue modificada en el siglo XVIII, y más tarde tuvo adaptaciones para los diferentes usos en los siglos XIX y XX. Desde los años 40 ha sido Museo Municipal, Archivo Municipal, vivienda del director del Museo y almacén municipal. Ha pertenecido al Ayuntamiento de Cuenca, aunque en la actualidad está cedida al Ministerio de Cultura para ampliación del Museo de Cuenca situado en la vecina Casa de Curato.

El edificio fue mantenido por el Ayuntamiento hasta hace una década aproximadamente. Hace bastantes años se atirantó una parte de la estructura del piso superior para evitar un desplazamiento de fachadas. El abandono del mantenimiento tuvo lugar casi a la par de la incoación del expediente de ruina que ahora va a finalizar en derribo. En aquel momento el inmueble no necesitaba sino reparaciones menores en cubierta y fachadas para garantizar su conservación. Hace 3-4 años, coincidiendo con la caída de una pequeña parte del alero de la fachada de la Plaza de Ronda, se colocó una aparatosa valla. Ahora su estado es precario, aunque objetivamente el edificio no está en ruina. Tiene problemas importantes que han ido a peor en los años de incuria, pero no más que otros muchos edificios en el Conjunto Histórico que Cuenca que se han rehabilitado y restaurado.

La Casa tiene en ordenanza municipal un Grado de Protección 5, que impide cualquier actuación que no sea la rehabilitación y restauración. Según el Plan Especial de Ordenación, Mejora y Protección del Casco Antiguo de Cuenca es un inmueble con Nivel de Protección II, “Edificio de Carácter Singular”, en el que sólo se pueden acometer actuaciones de “Conservación. Restauración. Consolidación. Rehabilitación interior y exterior”, y para el interior “Reestructuración parcial rigurosamente justificada”.

La tramitación en marcha (que incluye un largo expediente con proyecto de derribo del Ministerio de Cultura, estudio arqueológico y todas las autorizaciones pertinentes) supone una MODIFICACIÓN DEL PLAN ESPECIAL DEL CASCO ANTIGUO (la número 12) con el fin de RETIRAR AL EDIFICIO SU PROTECCIÓN COMO BIEN PATRIMONIAL PARA ACOMETER UN DERRIBO QUE VA A AFECTAR A LA MAYOR PARTE DE LA ESTRUCTURA (ver plano en la fotografía inicial, perteneciente al proyecto de derribo). Aquí creo que no hay mucho margen para la semántica. Si lo que se quiere es un apeo parcial y temporal para una restauración, no hay que retirar la protección legal. Lo que se va a hacer es un derribo casi completo para reemplazar por obra nueva.

Con independencia del nivel de deterioro del edificio (que puede ser subjetivable) y de las posibles consideraciones técnicas a la hora de actuar en un sentido o en otro, creo que aquí hay varias cosas claras:

1)  Al edificio se le denegado el mantenimiento durante al menos 10 años, un mantenimiento al que el propietario ESTÁ OBLIGADO (entre otros, art. 4 de la Ordenanza Municipal sobre Conservación, Rehabilitación y ruina de las Edificaciones: “Los propietarios de terrenos, construcciones y edificios tienen el deber de mantenerlos en condiciones de seguridad, salubridad, ornato público y decoro realizando los trabajos y obras precisos para conservarlos o rehabilitados, a fin, en todo caso, de mantener en todo momento las condiciones requeridas para la habitabilidad o el uso efectivo”)

2)  La autoridad administrativa encargada del control y el deber de conservación y restauración no ha ejercido en bastante forma sus funciones para garantizar la conservación preventiva del edificio, en tanto que un expediente de ruina se prolongaba durante años y a través de varias corporaciones municipales, condicionando con ello las posibles soluciones (expediente de ruina no significa derribo) y abocando progresivamente a una demolición como el desenlace, en apariencia inevitable, que ahora se ofrece.  

3)  Estamos ante un edificio singular de titularidad pública, PATRIMONIO DE TODOS LOS CONQUENSES con independencia de la administración que haya ostentado u ostente esa titularidad. Un inmueble histórico, patrimonio edificado, que estamos a punto de perder por la mala gestión combinada de esas administraciones.

4) Una vez que se llega a la decisión de demoler, no supone ningún inconveniente ético subvertir la norma legal. Es decir, derogar a conveniencia y de forma torticera el estatus de protección del inmueble para hacer posible un derribo que con la actual norma es ilegal. Aunque la tramitación sea impecable desde el punto de vista del procedimiento administrativo (cosa que no dudo) aquí subyace una completa perversión del espíritu de ley, porque las mismas administraciones que crean la norma y deben de velar por su cumplimiento la alteran a voluntad cuando son ellas mismas las que se proponen vulnerarla. Cabe preguntarse qué autoridad moral (que no potestad legal) va a quedar a la Gerencia de Urbanismo, a la Comisión de Patrimonio y al resto cuando a un particular le pidan cumplir lo mismo que ellas no cumplen, en un alarde de doble vara de medir. Sin olvidar los peligrosos precedentes que se crean si la normativa de Patrimonio se altera al albur del oportunismo técnico o político.

No sé qué intervención arquitectónica se quiere hacer tras el derribo. Sé que será obra nueva, desprovista del valor patrimonial de lo que se va a derribar. En el mejor de los casos se integrará bien en un entorno muy delicado. En el peor es mejor no pensarlo. En todo el proceso quizás volvamos a hablar de los problemas de un derribo en una zona crítica por los flujos turísticos, o de los impactos visuales ante decenas de miles de visitantes, o de un solar lleno de cochambre que se abandona mientras que el papeleo se eterniza y las administraciones van cambiando de signo político, o de un posible deterioro mientras tanto de los edificios anexos… Esto son cosas que a lo mejor no ocurrirán (o no todas ellas) pero han pasado y pasan hoy de forma sistemática a lo largo de todo el Casco Histórico, con lo que no me vale que me digan que no van a ocurrir. Por supuesto que asumo que hay intereses (legítimos de entrada) porque una obra nueva de este volumen tiene unas implicaciones económicas, una promoción en imagen profesional y una rentabilidad política que están excluidas en una simple rehabilitación para dejar las cosas como están. Pero creo esos intereses, por legítimos que puedan ser, no pueden imponerse a la preservación del Patrimonio de todos, no en la Cuenca Patrimonio de la Humanidad de 2016. 

 

La solución es sencilla. Finalizado el periodo de alegaciones, el trámite final para retirar la protección a la Casa es la VOTACIÓN EN PLENO MUNICIPAL. Cuatro son los grupos políticos que deben de votar en ese Pleno: PP, PSOE, IU y C’s. No hay mayoría absoluta. Por favor, pido tu firma para solicitar a los CUATRO GRUPOS que VOTEN NO A LA MODIFICACIÓN Nº 12 DEL PLAN ESPECIAL Y SE MANTENGA LA PROTECCIÓN A LA CASONA DE OBISPO VALERO. Creo que la conservación de nuestro acervo patrimonial es algo común a cualquier ideario político. A partir de ahí, el Ayuntamiento inmediatamente debe cumplir con su deber legal y OBLIGAR A REHABILITAR Y RESTAURAR el edificio según normativa, sin modificar volúmenes ni formas, y con materiales acordes. Es trabajo de un buen arquitecto restaurador, y aún estamos a tiempo. El Museo de Cuenca puede ampliarse en los ámbitos interiores de una casona histórica, sumando el valor añadido del continente, algo que ya caracteriza a alguno de los mejores museos de la ciudad.

Creo que entre todos podemos hacerlo. Las Casas Colgadas están ahí por un movimiento ciudadano que en 1923 paralizó su derribo. Antes, en 1920, setenta y seis vecinos del Casco Histórico enviaban una preciosa carta al Ayuntamiento que terminaba así (y así termino):

 “Al Excmo. Ayuntamiento suplican, no conceda en lo sucesivo autorización alguna para derruir casa de la parte alta de la población, por ornato público, por la salud pública y sobre todo para que no veamos en ruinas el techo que nos cobijó, convertido en informe montón de escombros el edificio que nos vio nacer y a cuya sombra jugábamos y alegró los días de nuestra existencia”



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