El Fin de Secundaria mas Triste

El Fin de Secundaria mas Triste

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Padres en Acción por la Educación Argentina lanzó esta petición dirigida a Rector de la UNCuyo

No habría razones científicas ni de salud pública para mantener las escuelas cerradas

Un acontecimiento sorpresivo e inédito: la irrupción del covid-19 llegaba a la Argentina, allá a principios del mes de marzo, coincidiendo con el lento y entrecortado inicio de clases por el innecesario, para nosotros, asueto (o huelga de FADIUNC, nunca nos quedó claro) declarado por el día internacional de la mujer donde se perdió un día más de clases (lunes 09 de marzo) que tan preciado y revaluado vemos hoy.

Fue aquel lejano viernes 13 de marzo cuando nuestros hijos se verían, sin saberlo, por última vez con sus compañeros y profesores en un ámbito escolar normal durante este 2.020. El lunes siguiente llegaría el comunicado anunciando la modificación de la modalidad de cursado en Colegios con dictado de clases de forma virtual y/o con la modalidad no presencial, según sus particularidades. Se nos informó también que del 16 a 27 de marzo docentes y personal de apoyo académico, deberían asistir a los establecimientos, en sus horarios habituales, para la adecuación de materiales y contenidos para la aplicación de esa modalidad. UNCuyo apuntaba de esta manera a garantizar la prestación del servicio educativo en cumplimiento de su misión. Era toda una novedad ya que nunca se había realizado, a pesar de nuestros reclamos expresados en los años: 2.016, 2.017, 2.018 y 2.019 por los paros docentes y sus nocivas consecuencias al perder valiosísimos días de clases, UNCuyo no tuvo la misma deferencia, y fueron clases que simplemente no se dictaron ni presencial ni virtualmente.

Volviendo a este 2.020, además de acatar los lineamientos nacionales se resolvió seguir los consejos y recomendaciones del Comité de Prevención Epidemiológica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo. Quedaron suspendidas las actividades de extensión, actividades socio-educativas, cursos, talleres, prácticas, salidas didácticas, actividades deportivas y recreativas. Muchas de estas, imposibles de realizarlas de manera virtual por lo cual quedarían en el olvido. Se estipuló en ese momento la evaluación de estructura edilicia disponible, cantidad de alumnos y tipo de actividad académica. (res. 231 art. 8). También se observaba y garantizaba la provisión de elementos de higiene para la prevención de contagios. Se suspendieron las consultas y contactos presenciales entre alumnos y docentes, alegando además de ser una medida preventiva de contagio, “la economía monetaria en transporte” para los estudiantes. (res. 231 art. 9 inc. “M”). Se suspendieron, además, reuniones del Consejo Superior. Las restricciones hubieran sido inadmisibles sino se contemplara que fueron tomadas en un marco transitorio y de extrema excepcionalidad. De ninguna manera podría haberse pensado en ese momento que la extensión en tiempo sería mayor a 30 días (aun así, en ese comunicado se establecieron guardias mínimas y apertura de los establecimientos de 8 a 17 hs. por eventualidades).

El 18 marzo se habilitaron aulas virtuales y goschool para comunicaciones. Llegaría más tarde la res 298/20-R, que extendía este estado desde el 18 hasta 31 de marzo y terminaría de cerrar los grifos de cualquier tipo de concurrencia a los establecimientos. Las escuelas quedaban cerradas a cualquier actividad presencial para alumnos y personal. Se encendía la alerta máxima, situación gravísima, justificada hasta entonces por el desconocimiento de la velocidad de expansión de la pandemia, y siempre contemplando una emergencia sanitaria, que como tal sería transitoria.

En la segunda semana de virtualidad comenzaron a evidenciarse los problemas de conectividad de alumnos, la falta de capacitación de muchos docentes tanto para ejercer la educación a distancia, como para el uso correcto de la tecnología en materia de enseñanza y comunicación, las familias y los hogares no estaban tampoco preparados para sostener la nueva modalidad de aprendizaje. Estos problemas fueron aceptados y atenuados por directivos, quienes otorgaron a estudiantes mayor flexibilización de plazos para cumplir las tareas virtuales solicitadas, dada la falta de experiencias para afrontar una situación que se asumía como pasajera.

Finalizando la primera etapa de aislamiento estricto, comenzaron a aparecer las manifestaciones de mal estar psicológico en las familias, muy marcadas en algunos adolescentes. Sin soluciones ni respuestas concretas, comienza a ser necesario evaluar la relación de costo-beneficio de sostener este sistema en el tiempo. Sin embargo, sin datos concretos sobre salud integral, sólo basados en datos de posibilidades de contagio, se profundizó el rumbo de restricciones. Las vivencias transitadas durante el mes de abril, sólo despertó fuertes cuestionamientos al método que sostuvo como única herramienta el encierro y evitar contactos personales restricciones demasiado severas, sobre todo para niños y adolescentes.

Para ese entonces, se confirmaba científicamente la baja o nula tasa de letalidad del virus, para personas sanas por debajo de los 20 años de edad. Es decir, el sistema o la estrategia basada en restricciones  únicamente lograban procrastinar una expansión de contagios pero no lo evitaría. Comenzaba a hacerse evidente la necesidad de  medidas de mayor complejidad para lograr resultados razonables. Algunos padres empezamos a instalar debates sobre los resultados del encierro en un marco integral y no sólo en materia de especulaciones sobre el potencial daño del covid-19 en la salud. En la balanza estaba la salud de los menores que ya presentaban evidentes daños psicológicos, sociológicos, físicos y hasta inmunológicos. Llamaba la atención la falta de anuncios al respecto por parte de UNCuyo, sobre todo por parte del Comité de Prevención Epidemiológica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo.

Comenzando el mes de mayo, nadie podía explicar con rigor científico cuál era la necesidad absoluta de mantener a todos los estudiantes de todos los ciclos y en cada rincón del país encerrados, ya que los casos de contagios del virus eran muy pocos después de 6 semanas de aislamiento obligatorio. Nuevamente no hubo pronunciamiento al respecto por parte de las autoridades educativas de UNCuyo  y  junto con autoridades de la Provincia y de la Nación, sólo parecían percibir la falta de conectividad y reaccionaron con pobrísimas respuestas haciendo reparto de dispositivos usados a la comunidad educativa “desconectada”. Obvio que era insuficiente, pero mayor déficit mostraba aún, a la hora de fundamentar los porqués de las restricciones. 

El transcurso de los meses de junio, julio y agosto, todo lo que estuvo mal se agravó innecesariamente: la cantidad de contagios que en Mendoza apenas superaba los cien casos en mayo, se multiplicaba en gran número; la esperanza de vacunas a corto plazo desaparecía; el colapso del sistema de salud llegaría a fines de agosto para extenderse durante todo el mes de septiembre; la falta de datos precisos fue generalizada y aún hoy en Mendoza no sabemos si el pico de contagios pasó o no. Los errores en la carga de datos en provincia de Buenos Aires puso al descubierto todo el caos en materia de mediciones que existe en general, y es obvio que todo esfuerzo realizado por la ciudadanía, siguiendo los consejos y directivas de las autoridades con una estrategia de restricciones no sirvió. Pero lo que más lamentamos es que en materia educativa para los días que estamos transitando los resultados son catastróficos. Si sigue habiendo educación es gracias a la profesionalidad de una porción de docentes y a la buena voluntad de familias que tienen las posibilidades socioeconómicas para sostenerla en medio de una sucesión de desaciertos. El sistema educativo está destrozado, los daños que están sufriendo los niños, niñas y adolescentes son gravísimos. Las autoridades no tienen respuestas y se muestran desorientadas. Tampoco manejan datos sobre el impacto de la no concurrencia a clases presenciales (de extrema necesidad para planificar acciones), y en general no manejan, ni dan a conocer datos de absolutamente nada. Lo que fue una improvisación justificada aquellas primeras 3 o 4 semanas de marzo-abril,  hoy es repudiable. Ojalá las autoridades nacionales y provinciales aceptaran limitaciones propias, pero por el contrario sólo escuchamos discursos de autocomplacencia.

Por medio de la presente queremos informarles y confirmarles que la situación de nuestros hijos en la actualidad es insostenible. Y queremos compartirles algunos cuestionamientos, como los siguientes: ¿Les parece correcto y justo sostener medidas de aislamiento para jóvenes adolescentes durante siete meses? ¿Les parece que personas en pleno desarrollo pueden estar sin contactos personales durante tanto tiempo? ¿Ustedes creen que los docentes pueden evaluar y comprender las dificultades de sus alumnos a la distancia? ¿Y a través de una pantalla electrónica? ¿Ustedes creen que es justo haber sometido a este régimen de excesivas restricciones a chicos que están cursando sus estudios secundarios, en una etapa única de la vida? ¿Y para aquellos que cursan su último año de secundaria? ¿Haberlos dejado sin vivencias invalorables, como son vestir sus buzos y remeras, fiestas, encuentros deportivos, artísticos, culturales y sociales? (por nombrar unos pocos). ¿Ustedes no creen que el camino correcto para mostrarles a los adolescentes en esta pandemia hubiera sido el de enfrentar los miedos y vencerlos con educación, con evidencia científica y con espíritu luchador? ¿No ven como un grave error, el haber tomado la decisión de encerrarlos por miedo o pánico (generado por ignorancia)? Miedos inadmisibles en una Alta Casa de estudios como esta. ¿No se debió actuar basándonos en datos científicos, generados por los mismos profesionales de UNCuyo, quienes seguramente podrían haber advertido este desenlace?

Esperamos concretamente con este escrito, que al menos, estas autoridades UNCuyo muestren algo de empatía con sus estudiantes secundarios en su etapa final, y se pronuncien frente a quien corresponda con medidas inteligentes, elaboradas, eficientes y sensatas para que  los alumnos que se encuentran en su último año de estudios secundarios tengan una despedida digna de su  paso por esta institución junto a sus compañeros.

Nos despedimos con el profundo anhelo de recibir un pronto comunicado al respecto de lo expresado en esta nota. Atentamente Padres en Acción por la Educación Argentina y firmantes adherentes.



PadresEnAccionPorLaEducacion@gmail.com

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