Que la esclerosis y otras enfermedades neurodegenerativas tengan el 33% de discapacidad

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Me llamo Araceli Gabaldón y soy ingeniera agrónoma. La Esclerosis Múltiple frenó mi carrera laboral, y pensé que nunca más iba a volver a trabajar.

Cuando te diagnostican una enfermedad neurodegenerativa como la Esclerosis Múltiple cada día puede convertirse en un nuevo desafío. La fatiga, el dolor, la falta de coordinación, los efectos secundarios de los tratamientos y otros síntomas, muchos de ellos “invisibles”, aparecen sin avisar, dificultando cualquier tarea cotidiana. Sin embargo, para los demás, pasan desapercibidos.

Hasta que las secuelas de la enfermedad no son visibles, y se pueden medir con los criterios actuales de discapacidad, no existe ninguna ley que te proteja. Y en un momento en el que tener un empleo ya es de por sí una tarea complicada, resulta difícil competir con otras personas en igualdad de condiciones cuando no tienen que ausentarse con frecuencia para ir a la consulta, recibir tratamientos o necesitan diferentes adaptaciones para cumplir con una jornada laboral normal.

Yo tuve que renunciar a mi empleo a causa de la Esclerosis Múltiple. Entonces trabajaba en Cooperación al Desarrollo: un trabajo apasionante que me llevaba viajando por todo el mundo. Pero la Esclerosis Múltiple viajaba conmigo, y un día decidió que ya no podía seguir ejerciendo mi profesión. Tras meses buscando empleo, y encontrando solo puertas cerradas, comencé a plantearme que nunca más podría volver a trabajar.

Con el paso del tiempo, la enfermedad fue avanzando, me reconocieron el 33% del baremo de discapacidad: el mínimo necesario para poder acceder al apoyo que tanto necesitaba. Este reconocimiento permite de algún modo entender las dificultades añadidas para desarrollar una actividad laboral normal, tiene en cuenta como pueden afectar las limitaciones a la hora de competir en igualdad de condiciones. Este enfoque me ayudó a reorientar mi carrera y aprobar una oposición para el cuerpo de ingenieros agrónomos del estado por el cupo de discapacidad.

Hasta este momento la regulación en materia de discapacidad no resulta equitativa: mantiene criterios de valoración visibles de las secuelas de la enfermedad. Esto dificulta que podamos continuar trabajando y aportando tanto al sistema como a la sociedad.

La situación que vivimos es bastante complicada: 7 de cada 10 personas con Esclerosis Múltiple habrán perdido su trabajo solo 10 años después del diagnóstico. Otras muchas se verán obligadas a abandonar sus estudios y trabajos, renunciando a sus aspiraciones.

Desde Esclerosis Múltiple España y la Neuroalianza –entidad impulsada por las organizaciones nacionales de EM, Parkinson, Alzheimer, ELA y Neuromusculares– llevamos 7 años reclamando al gobierno que se comprometa a activar de forma urgente el reconocimiento del 33% de discapacidad de forma automática con el diagnóstico de una enfermedad neurodegenerativa: que no exista una discapacidad visible, ¡no significa que la enfermedad no exista!

Con tu firma te pedimos que nos ayudes a lograr su compromiso de activarlo de forma inmediata. Para que demos un paso adelante en la integración laboral y en la protección al ser diagnosticado de una enfermedad neurodegenerativa como la EM.



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