Petición cerrada

RAE: EL LÉXICO ESPAÑOL ES IBÉRICO. Las palabras españolas son antiguas frases ibéricas.

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Excelentísimos Sres. Miembros Académicos de La Real Academia Española de la Lengua:

De nombre Enrique Cabrejas Iñesta y natural de Barcelona me dirijo a ustedes con el mayor de los respetos para poner en su conocimiento un asunto de máximo interés por su extremada relevancia. Verán, soy un modesto estudioso de la lengua antigua por vocación y políglota, sólo que lo que voy a comunicarles les va a dejar atónitos y a sorprender. Es el hallazgo más asombroso que pueda anunciarles probablemente jamás: Las palabras españolas son antiguas frases ibéricas.

Verán, averigüé que nuestra lengua castellana fue una gramática planificada en la antigüedad y no la consecuencia de derivaciones foráneas o fruto del azar, como se tiene por más cierto. Hallé que del mismo modo los griegos compusieron su léxico construyendo sintagmas, nuestros ibéricos hicieron lo propio construyendo acrónimos. A continuación expongo algunas de nuestras palabras de uso corriente y que a la vez son connaturales evidencias para su más sincera reflexión:

Hola es la frase ibérica [OL] [A] que significa “Todo (bien)”. [Όλα καλά]

Casa es la frase ibérica [KA] [SA] que significa “Por lo que (es) suya”. [Και σα]

Perro es la frase ibérica [PER] [RO] que significa “Más fuerte (retador)”. [Περ ρο]

Caballo es la frase ibérica [KA] [BALLO] que significa “Por lo que (se) lanza”. [Και βάλλω]

Naranja es la frase ibérica [NAR] [ANJA] que significa “Caja (de) perfume”. [Νάρδος αγγείον]

Sandía es la frase ibérica [SAN] [DIA] que significa “Roja (del) tiempo”. [Ξανθός διά]

Amapola es la frase ibérica [AMA] [POLA] que significa “Mucha junta”. [Άμα πολύς]

Me quedé estupefacto cuando me di cuenta por vez primera que las palabras españolas eran frases. Que términos tales como caballo, naranja o amapola tienen una ineludible razón léxica y sintáctica para su denominación y ese motivo ha estado inadvertido durante miles de años para las posteriores generaciones de hispanohablantes desde la antigua civilización ibérica. Decimos caballo porque expresa “velocidad”, naranja porque es “olorosa” y amapola porque “crece en grupo”... Miren, en base a esto el español sería uno de los idiomas más antiguos del mundo, anterior al latín e incluso al griego helenístico, aún su filosofía del lenguaje sea claramente helena, no obstante de cuando todavía no se habían compuesto los sintagmas, al menos tal y como los conocimos.    

¿Cómo puede ser eso posible? Bien, se trata de una historiografía lingüística compleja y divergente, sin embargo lo explicaré de manera breve y de un modo que todos fácilmente lo puedan entender: Miren, la escritura ibérica se reservó a las principales instituciones ibéricas y que punteaban en distintos soportes a su alcance, primordialmente sobre metales como láminas de bronce, téseras y monedas pero asimismo fue nuestra lengua vernácula y la mantuvieron viva desde una milenaria tradición oral de padres a hijos a pesar de la romanización, “la cual nunca quiso tomar la gente” según nos informó Julián del Castillo en 1582. Por otra parte, gracias al historiador Heródoto conocemos que “los habitantes de Mileto hablaban un griego con acento cario”. Ese fue el raro idioma aunque no el único que trajeron consigo nuestros antecesores desde las lejanas regiones de La Hélade en Asia Menor hasta los confines del mundo conocido en occidente que fue la península ibérica. Esa lengua ancestral griega oscura es la que en la zona ibérica septentrional se ensamblaría autónoma en acrónimos y más tarde con la llegada de las legiones romanas, fundamentalmente durante el periodo del emperador Antonino Pio, adoptaría una apariencia latina. Asimismo a la lengua vulgar romana o romanesca se la confundía a menudo con el idioma oficial administrativo que era el latín y no siéndolo se la tildó como de un latín vulgar. Ese combinado de lengua ibérica y ya por entonces representada con caracteres romanos fue la necesaria mezcolanza que hizo posible posteriormente la hermosa lengua romance. El rey Alfonso X de Castilla en su intento por normalizarla tuvo una importante actividad literaria, científica y jurídica en su época y como a partir de ahí la conocemos escrita con letras latinas suponemos que fue razonada en latín pero nuestras palabras fueron pensadas de otro modo. Fueron ideadas en un idioma ibérico de ascendencia helena y entiéndase que no griega ática. Y es que toda lengua contiene intrínseca una filosofía del lenguaje y la española es coincidente con la castellana, la romance y la ibérica frigia. Desoída esta última en las crónicas latinas, les desvelo que fue el idioma cario de nuestros carpetanos, cuyos lexemas eran custodiados por su Ikesankom, es decir: El Santo Concilio para las Oraciones. ¡Impensable!  

Desde los remotos tiempos de nuestros antepasados cuando concibieron su ignota sintaxis hasta hoy nadie pudo entenderla. Cuando la comprendí y eso sucedió el 21 de Abril de 2012 fui consciente de que había una diferencia crítica entre lo que supimos de nuestras palabras y lo que significaban. Desde ese mismo instante supe que irremediablemente habría que replantearlo todo de nuevo. Nuestra ilustre RAE tiene la misión de velar por nuestra extraordinaria lengua española mas qué sería de quién deshonra a sus antecesores sino una generación que no tendrá posibilidad de futuro, que andará perdida y huérfana. Honestamente pienso que nunca podremos agradecer lo suficiente a nuestros antepasados la asombrosa lengua que actualmente es la nuestra. Y si ustedes me preguntan por qué me empeño en ir a los inicios para pretender llegar hasta el final, la respuesta es fácil: ¿Acaso nuestros descendientes no hubieran hecho lo mismo por nosotros? Sé quiénes fueron ellos y nosotros somos ellos: ELAZ·KARYO·TEKEZ (helenos cario -hijos- de Teke) sin embargo en una confusa metonimia no se les llamó por su verdadero nombre sino con un sobrenombre: celtíberos.

Nosotros que tuvimos una escritura antigua, al ganar una moderna ortografía románica extraviamos las pretéritas funciones del lenguaje: la emotiva, la conativa, la poética, la fática, la metalingüística y lo que es más triste, toda función referencial antigua. Créanme si les digo que no me considero quién para ponderar sobre usos y normativas de la lengua española, mi exploración se circunscribe a examinar aspectos etimológicos y esta nueva línea de investigación es tan fructífera que donde antes hubo silencio hoy es una fuente que no cesa de brollar, hasta el punto que la novedosa metodología elaborada de “la teoría de los acrónimos ibéricos” para el estudio de las estructuras morfológicas del lenguaje lo cambia todo, concierne al léxico castellano de pleno excepto los extranjerismos. Transmite una epistemología que ha estado inédita durante miles de años y que a diferencia de la actual no deriva o varía los términos. El cambio de paradigma aún se proponga aquí un tanto audaz y de entrada la comunidad científica pudiera recibirlo con celo, como es natural; en la práctica difícil pudiera ser considerado sólo como una mera conjetura o hipótesis tras aplicarlo en más de 200 estudios en apenas tres años de modo veraz, regular y preciso. Esta nueva teoría sigue un patrón sintáctico que se repite inteligente y que se sustenta empíricamente.

Por ello ruego sea de su estimable consideración lo que aquí expongo y solicito a la Real Academia Española (RAE) tenga a bien estudiar mi petición de dilucidar la verdadera relación parental de la lengua ibérica con la española a la hora de elaborar sus diccionarios, porque me consta de modo fehaciente que las palabras españolas son genuinas frases ibéricas. Para quien suscribe esta petición no cabe la menor duda; no es una convicción, tiene la plena certeza y la conclusión es muy sencilla: el idioma español no sería una lengua derivativa sino de primera composición.

Asimismo quisiera transmitirles que pueden contar conmigo para todo aquello que sea de su interés, a la vez que me pongo a disposición de su ilustre institución para esclarecer lo que sea necesario. Siendo ustedes insignes, reputados académicos y máximas autoridades en la materia ruego que tras oportunas verificaciones se proceda en consecuencia para esplendor de nuestra lengua y orgullo de todos los hispanohablantes a declarar oficialmente y sin menoscabo de otras patrimonialidades que: EL LÉXICO ESPAÑOL ES IBÉRICO.

Confiado en una resolución favorable a esta petición, les saluda muy afectuosamente; 

Enrique Cabrejas Iñesta

 



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