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Pensando en la República, salvemos el partido
Los Radicales somos la UCR

Los abajo firmantes, mujeres y hombres de la Unión Cívica Radical de la provincia de Córdoba, en consonancia con el manifiesto aprobado en la autoconvocatoria de la militancia de todo el país reunidos en la Laguna Setubal, ciudad de Santa Fe, entre los días 5 y 6 de noviembre de 2017, hacemos pública nuestra posición en relación a la necesidad de recuperar, reafirmar, fortalecer y engrandecer al Radicalismo de la nación.
En esa dirección, manifestamos en primer término que no somos en modo alguno una “línea interna” del Partido, ni una corriente de opinión embrionaria que busca en un futuro constituirse como tal.
Somos Radicales profundamente preocupados por la crisis de valores e identidad por la que atraviesa la UCR y el país, y por el intento de disolución de nuestra fuerza política por parte de una élite de conducción, disociada del Partido y sus realidades.
Aspiramos a ser un espacio de participación para la discusión, el debate, el intercambio de ideas y creación de líneas políticas que aporten a satisfacer y solucionar las demandas de la sociedad en su conjunto, afirmadas en nuestra doctrina, nuestra filosofía política y nuestra historia, todo esto impedido por las actuales autoridades, por lo que nos vemos obligados a realizarlo por fuera de los órganos formales del Partido.
La realidad presente nos indica que internamente se hace urgente recuperar esta esencia elemental de nuestro partido político, sin la cual sólo es una cáscara vacía, un aparato que se moviliza para presentarse en elecciones y no para cumplir el rol fundamental donde se asienta la Democracia, cual es el de edificar un proyecto político-social, en el camino hacia la felicidad del pueblo argentino, y ser polea de transmisión de las demandas cotidianas además de quienes busquen y encuentren las soluciones para esas demandas.
La negación al Pueblo Radical en la participación y el debate, en la vida partidaria y la toma de decisiones, contradice fuertemente la profunda tradición democrática del Radicalismo, lo que ha conducido a una crisis cuasi terminal, produciendo este injustificable divorcio entre la dirigencia y las bases partidarias. Dirigencia que, ante la falta de reacción, de participación por parte de la conducción nacional para con la militancia y afiliados, y la falta de debate, se ha auto-erigido en la voz de un Radicalismo que sólo representa los intereses de aquellos que hoy quieren disolver 126 años de historia, de doctrina, convirtiéndose en una especie de oligarquía partidaria que rechazamos de raíz.
Concebimos la política como un servicio a la sociedad, despojado de ambiciones personales, no como una “profesión” en beneficio propio. El beneficio propio es una forma corrupta de la política que termina destrozando la finalidad colectiva de ese sujeto político que son los partidos.
Rechazamos, siguiendo con el espíritu de lo acordado en Setubal, el absolutismo elitista, profundamente anti democrático, negacionista de nuestra cultura y esencia política.
La H. Convención Nacional resolvió hace dos años en la ciudad de Gualeguaychú integrar una coalición política difusa, sin definición programática alguna, sin precisión de la misma en cuanto al alcance de ésta.
A pesar de ello, la UCR se constituyó en la principal fuerza cuantitativa, lo que no se vio reflejado en lo cualitativo.
Además, advertimos un fuerte desviacionismo ideológico en los acompañamientos que los bloques nacionales legislativos están haciendo con políticas que poco o nada tienen que ver con nuestra filosofía, las que atentan contra el bienestar de las grandes mayorías nacionales, principalmente a los segmentos sociales más desposeídos y una mayoritaria franja de la clase media trabajadora argentina.
Reafirmamos nuestra identidad partidaria; nuestra soberanía política; la independencia republicana de los Poderes del Estado; nuestro compromiso con la búsqueda sin descanso de la unidad nacional; con la defensa irrestricta de los Derechos Humanos, de las economías regionales, del fundamental rol del Estado en la preservación y control de los bienes y servicios estratégicos, los que no puede estar librado a intereses particulares por su fundamental incidencia social; la defensa de las autonomías provinciales y comunales; el fortalecimiento institucional que vemos hoy debilitándose; y la lucha por la Igualdad en todas sus formas: sin igualdad no hay libertad. Reafirmamos nuestra convicción que no hay Democracia ni republicanismo posible sin la existencia de partidos políticos con fuerte apego doctrinario y fortalecidos, sin los cuales la política y las sociedades quedan libradas a la suerte de los intereses de las corporaciones, deshumanizando el cuerpo social.
Es por ello que reclamamos al máximo órgano partidario, la H. Convención Nacional, que garantice el ejercicio de la democracia interna y asuma su rol histórico institucional en la defensa irrenunciable de nuestra doctrina y valores. Tenemos la convicción que los Convencionales, en su gran mayoría, por no decir todos, comparten este reclamo.
Hoy, quienes conducen los destinos de la UCR, preocupantes por cierto, sólo han hecho “seguidismo” acrítico a las conveniencias impuestas por el Ejecutivo.
Lejos estamos de la pretensión que el Radicalismo se constituya en un irresponsable polo opositor. Sí pretendemos que vuelva a ser el custodio ético de la Democracia republicana y de la conciencia social, para alcanzar el desarrollo con Justicia Social que privilegie a nuestro pueblo y no a las corporaciones dominantes.
Sentimos la obligación moral de no permitir la existencia de minorías partidarias que, con el auxilio externo de quienes pretenden cooptar a nuestro Partido, avancen en la disolución de la Unión Cívica Radical para licuarse en un nuevo sujeto político llamado “Cambiemos”, que se proyecta como una fuerza con aspiraciones hegemónicas. Rechazamos tal pretensión suicida.
Convocamos a todos los Radicales que sientan estas preocupaciones, incluso en el disenso, valor fundamental de nuestra filosofía, para que la Unión Cívica Radical vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser, el partido de las grandes mayorías nacionales y populares, custodio de la Nación misma.

Córdoba, 8 de noviembre de 2017


Miguel Molinero, Carlos A. Becerra, Lucio A. Prado, Sergio Piguillem, Guadalupe Mías, Dante Rossi, Pedro Salazar, Mario G. Calixto, Jorge A. Allievi, Raúl Ríos Carranza, Roberto Palmero, Rafael Prado, Héctor J. Francis, Miguel Ángel Besso, María Victoria Freytes, Carlos A. Allievi, Rafael Martínez Zorrilla, Juan Hipólito Tarter, Hernán Lavezzo, Daniel Baysre, Miguel A. Astori, María Inés Huberman, Carlos Lorenzetti, Julio Colomer, María del Carmen Borgatta, Alejandro Moya, Leandro Salera, Laura Mayorga Ceballos, Rubén Aguilera, Hugo Carrizo, Susana Aimar, Antonio Vargas, Yrene Poleto, Guido Salvatierra, Juan O. "Tucho" Margrina

 

 



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