Petición cerrada

Queremos una candidatura de unidad popular estatal, ¡AHORA!

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¡AHORA! - ARA! - ORAIN! - AGORA!

Las noticias sobre el fracaso de los distintos procesos de confluencia entre los distintos partidos de izquierda para conformar una candidatura de unidad popular en los últimos días, lejos de desmotivarnos, a gran parte de la ciudadanía, nos alienta a seguir luchando para que se produzca un cambio en nuestro país. No nos resignamos. Aunque parezca mentira, hoy por hoy, a dos meses de las elecciones generales, una candidatura de unidad popular es posible. Llevamos nuestras mochilas, solo tenemos que ir juntos hacia un objetivo: llegar a la Moncloa para desahuciarla de las políticas neoliberales que están trayendo tanto sufrimiento y desigualdad a nuestra sociedad. 

No tenemos mucho tiempo, y como dice nuestra alcaldesa Manuela Carmena, “somos huérfanos en los medios”. Medios controlados por la derecha y los intereses del capitalismo más salvaje. Sin embargo, esos factores pueden jugar a nuestro favor. Por un lado, cuando menos tiempo tengamos, menos conflictos tergiversados en el espacio mediático habrá en base a intereses personales y partidistas. Del mismo modo, la gente estamos harta de de una política mediatizada, donde diariamente se producen debates infértiles bajo un modelo circense, en el que los temas que afectan a la mayor parte de la población como el paro o la precariedad laboral no tienen espacio. La ciudadanía queremos que el cambio que se ha producido en Madrid, Barcelona, A Coruña, Cádiz,… no pare. 

El sistema impuesto por la Constitución de 1978, sostenido en un mecanismo electoral propugnado en el propio texto y mediante una ley electoral injusta, estable un modelo de bipartidismo imperfecto, sin primarias internas, que menoscaba la representación de la ciudadanía en nombre de una supuesta estabilidad gubernamental. Lejos de lo que el nacionalismo español interesadamente ha traslado históricamente, el sistema electoral actual solo premia a la primera y segunda fuerza estatal, a las cuales sobrerrepresenta, siendo las fuerzas regionales, las más justamente representadas. Las terceras fuerzas y siguientes a nivel estatal sufren una infrarrepresentación, que se constata en el número de votos necesarios para conseguir un escaño, como han mostrado la situación de las formaciones IU y UPyD.

El sistema actual, heredero del régimen franquista, con una derecha sólida y unida, provoca que la mayor parte de la población, de clase trabajadora, se encuentre infrarrepresentanda. Sus preocupaciones están constantemente sometidos a una agenda interesada, propiciada por un sistema mediático bajo control absoluto de la derecha, que fuerza constantemente a la confrontación de los actores políticos, y consiguiente fragmentación de la oposición. 

Una candidatura de unidad popular se presenta como la única solución posible en un momento clave y decisivo para la sociedad española. Madrid y Barcelona han mostrado como la unidad promovida por la ciudadanía puede traer el cambio al sistema. Nos enfrentamos a un período en el que un proceso constituyente es ineludible, y a diferencia de 1978, más que actores políticos en sí, requiere de una participación ciudadana. La mayoría infrarrepresentada ha de tener voz en este proceso, no puede dejarse que otros tomen la voz por nosotros.

Por ello, una CUP ha de ser la herramienta para cambiar el sistema. Una CUP no es un movimiento social, no es un partido político, y sobre todo, no es algo con vocación de permanencia. Es algo más, es una herramienta por la que los ciudadanos de una sociedad plural y democrática se van a unir puntualmente para un objetivo común: cambiar el sistema. La ciudadanía no somos un todo, por ello, el sistema resultante ha de fruto de estas distintas identidades para poder darnos de un marco de igualdad y justicia social, pluralidad y democracia acordes a una sociedad moderna del siglo XXI.

La fórmula idónea es esa que el sistema actual nos ha estado diciendo que no hagamos: una GRAN COALICIÓN con todas las fuerzas sociales progresistas: partidos, sindicatos, movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil,… Una coalición de estas características permitiría que cada organización mantuviera su identidad sin renegar del objetivo común. Del mismo modo, permitiría preservar la financiación pública de las organizaciones, sin tener que depender de donaciones privadas de dudoso origen. Además, una coalición permitiría la representación de los intereses de la clase trabajadora en base a la pluralidad de nuestro estado. 

La mayor parte de la gente no creemos en las hojas de ruta. Creemos en un objetivo: un gobierno que desde Moncloa vele por los intereses de la mayor parte de la ciudadanía. No queremos primarias amañadas, ni nada similiar, sólo esperamos estar mínimamente representados en las instituciones. Por ello, creemos que la coalición se debería de conformar en base a un diálogo constructivo entre orgnizaciones con luz y taquígrafos, que desembocara en la realización una PRIMARIAS para la elección del candidato/a a la Presidencia del Gobierno, con una segunda vuelta si fuera necesario. 

Hemos visto recientemente como el modelo de coalición es la única fórmula para lograr que el pueblo tenga una representación en las instituciones en base a un objetivo. Así lo hemos visto con Syriza en Grecia, o más cerca, en nuestro estado, con la candidatura independentista Junts pel Sí. No son las sopas de siglas las que fracasan, sino la falta de objetivos comunes. No queremos que España se convirta en una Italia, dominada por partidos sistémicos o mediáticos, como el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo. Queremos una España democrática y plural, en la que la población esté representada.

Ahora muchos enfrentan lo nuevo con la viejo, bajo el dogma simplista de que lo nuevo es bueno, y lo viejo es malo. Ingenuo quién así lo piense. Solo hay que hacer un breve repaso a lo largo de la Historia. Lo nuevo no es la atomización de la sociedad en individuos con intereses particulares. Lo nuevo tampoco son los líderes chamánicos. Tampoco tecnócratas al servicio de un despotismo elitista. Esta es la novedad que el sistema quiere. La emancipación de la clase trabjadora hace años que tuvo lugar en nuestro país.

La gente queremos algo muy simple que este sistema no nos ofrece: estar representados lo más justamente posible en los órganos decisorios de la sociedad. Con eso nos conformamos. Por favor, no piensen por la gente. Estamos cansados de ello. Pensad en la gente, en el futuro de la gente. 

El PSOE actual, valedor de la «izquierda mediática», no está legitimado para comenzar el cambio. Es parte del problema. El PSOE será de gran ayuda para una CUP que logre imponerse como primera o segunda fuerza, pero bajo su liderazgo, la ciudadanía está abocada a la perpetuación del sistema. La reforma constitucional de 2011 junto con el PP, la reforma laboral o su visto bueno a la abdicación exprés del jefe del Estado, así lo atestiguan.

La ciudadanía hemos lanzado un mensaje claro: queremos de la política coherencia y representación, y el sistema actual no sirve. Por ello, la única fórmula posible para cambiarlo, bajo las reglas del juego establecidas por la ley electoral, es convertirse en una fuerza de gobierno alternativa en el mismo. Por eso, ¡el momento para la unidad popular es ahora!



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