Solicitud mejoras en asistencia en salud mental infantojuvenil en Aragón

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Nos importa a nuestra institución AAPIPNA porque nos hemos constituido en un observatorio de lo que ocurre en este área con niños y adolescentes que son tratados en la red pública con carencia de intervenciones especializadas, en muchos casos administracíon de fármacos. Copiamos la carta que lo explica bien. Ya tenemos 400 firmas y necesitamos más.

Los abajo firmantes, profesionales de reconocida trayectoria e instituciones de carácter nacional e internacional en el campo de la Salud Mental Infanto-juvenil queremos hacer llegar a la delegación autonómica del Ministerio de Salud de Aragón la siguiente información, reflexión, solicitud y denuncia:

Hemos detectado hace un tiempo que llegan a nuestras consultas privadas algunos niños, púberes y adolescentes que, habiendo sido tratados diversos dispositivos de la red de servicios que oferta la Salud Pública en el territorio de Aragón, sobre todo en Zaragoza capital, muestran un empeoramiento de los cuadros clínicos por los que inicialmente sus padres han consultado. En muchos casos se debe a intervenciones de carácter iatrogénico que, en alguno de los casos, ponen en riesgo sus vidas. Son sabidos a través de la prensa de otros dolorosos casos, en los que algunos de ellos, han decidido acabar con sus vidas durante las intervenciones que se les estaban practicando. Otros casos apenas han aparecido en prensa. Al menos en los casos por nosotros asistidos, un número de ellos acababan de ser intervenidos en el servicio de internamiento público con el que cuenta la ciudad de Zaragoza o en algún servicio ambulatorio del SAS.

Los casos mencionados, lejos de mejorar, habían empeorado recibiendo, en su mayoría, sólo intervenciones farmacológicas con diagnósticos realizados de modo precario por lo cual las intervenciones terapéuticas carecían de coherencia clínica. Además de estos hechos, que ya son de por si reseñables, algunos de estos niños de entre 13 y 15 años, vieron vulnerados sus derechos (Declaración de los Derechos del Niño ONU 1959 y Convención de los Derechos del niño de NU 1989). Del primero, que consta de 10 principios, se habían vulnerado al menos 7, con prácticas que no debieran estar permitidas en ningún paciente, pero menos aún en  menores con patologías graves y con un importante nivel de vulnerabilidad, en pleno siglo XXI. En muchos de estos casos durante el ingreso recibieron prácticas de contención mecánica prolongada, en otros los padres solicitaron altas voluntarias. Fueron vistos por diferentes facultativos durante el ingreso y la única respuesta a la no resolución del cuadro fue la hipermedicalización.

En los diagnósticos observados se habían simplificado las determinaciones de los trastornos en niños, púberes y adolescentes, en los que se contempló una concepción reduccionista de la problemática psicopatológica presente y de su tratamiento. Este tipo de concepción utiliza de modo singularmente inadecuado, los notables avances en el terreno de las neurociencias para derivar de allí, ilegítimamente, a un biologismo extremo que no da valor alguno a la complejidad de los procesos subjetivos del ser humano y, sobre todo, durante la infancia y la adolescencia.

Procediendo de manera sumaria, esquemática y carente de verdadero rigor científico, observamos diagnósticos y cuadros clínicos deducidos a partir de observaciones sintomáticas y de agrupaciones arbitrarias de rasgos, a menudo basadas en nociones confusas provenientes de la psiquiatría de adultos.

En nuestra comunidad autónoma se carece de estudios acerca del número de niños medicados y menos aún de aquellos que reciben intervenciones polipsicofarmacológicas indicadas por neuropediatras o pediatras y, en el mejor de los casos, por psiquiatras que en muchos casos carecen de formación específica en Salud mental infantojuvenil. En 2007 se constituyó una Plataforma compuesta por familias de niños con problemas de salud mental, con el asesoramiento de un pequeño grupo de psiquiatras, debido a la falta de asistencia y/o asistencia iatrogénica realizada en la población infanto-juvenil. El Real Decreto 639/2014, de 25 de julio de 2014, que regula la Troncalidad del nuevo sistema MIR, parecía haber proporcionado un avance a la psiquiatría infantil como especialidad autónoma e independiente de la psiquiatría general, circunstancia que ya existe en todos los países de la UE (excepto en Lituania Y Rumania). Este año debieran haberse repartido plazas en la última convocatoria de MIRES y PIRES pero se ha suspendido nuevamente tal posibilidad.


Lo que nosotros podemos observar en nuestra comunidad autónoma, es que los niños son medicados desde edades muy tempranas, inclusive a edades no recomendadas por organismos internacionales (OMS), o en patologías crónicas orgánicas en las que no debieran indicarse ninguna medicación ya que afecta al crecimiento, con una medicación que no cura (se les administra de acuerdo a la situación) y que en muchos casos disimula una sintomatología grave que hace eclosión a posteriori, o encubre deterioros que se profundizan a lo largo de la vida. En otros casos, se ejerce una pseudo regulación de la conducta dejando a su vez librado al niño a posteriores impulsiones adolescentes, ya que no se ejercen modificaciones de fondo sobre las motivaciones que podrían regularlas. Tanto la medicación, como la "modificación conductual", tienden a acallar los síntomas, sin preguntarse qué es lo que los determina, ni en qué contexto se dan, lo que puede frenar las manifestaciones del niño sin cambiar nada del entorno y sin bucear en el psiquismo del niño, en sus angustias y temores.

Es decir, lo primero que se hace es diagnosticarlo de un modo invalidante, con un "déficit" que se plantea a veces de por vida, luego se lo medica y se intenta modificar su conducta. Así, se rotula, reduciendo la complejidad de la vida psíquica infantil a un paradigma simplificador. En lugar de tomar en cuenta que se trata de un psiquismo en estructuración, en crecimiento continuo, en el que el conflicto es fundante y en el que todo efecto es complejo.

En paralelo, los medios de comunicación locales difunden información proporcionada por psiquiatras acerca de cuadros clínicos y de los supuestos beneficios de los fármacos dando una falsa imagen de lo que la farmacología supone y divulgando características sesgadas y los modos de detección y tratamiento (Heraldo de Aragón; 2013, 2014, 2015, 2016). Se banaliza así tanto el modo de diagnosticar, como el recurso de la medicación. Los efectos de iatrogenia, promovidos por algunas respuestas de los dispositivos de salud desbordados, sorprenden e inquietan. Todo esto da por resultado una realidad compleja desde el punto de vista de la salud pública.

 

Se hace necesario en Comunidades Autónomas con dispositivos de estas características en Salud Mental Infantojuvenil, como la de Aragón, con falta de recursos específicos diversificados en su oferta sanitaria, realizar un profundo trabajo de formación entre los médicos, psicólogos y en la sociedad en general en educación sanitaria, para que no se acepte de forma acrítica las facilidades con las que se están ofreciendo diagnósticos rápidos, poco consistentes y respuestas iatrogénicas basadas fundamentalmente en psicofármacos.

En muchos países ya se están realizando importantes restricciones, sobre todo con respecto a los derivados anfetamínicos y los tranquilizantes mayores, indicados a edades anteriores a las planteadas dentro de sus márgenes de seguridad. Se observa de manera frecuente en Aragón que niños muy pequeños sean tratados con psicofármacos cuyo margen de seguridad está indicado para niños mayores. Los estudios sobre neuroplasticidad y la capacidad de cambios estructural-funcional cerebral por factores exógenos, entre ellos los bioquímicos, desaconsejarían semejante descalabro.  Se está utilizando una población a gran escala de niños para realizar un experimento en masa. Comenzamos a recibir en nuestras consultas a niños, ahora adolescentes y jóvenes, que fueron medicados desde edades tempranas como única intervención terapéutica en los que se realizaron diagnósticos y tratamientos inespecíficos. Algunos de los casos son irreparables. Los daños, efecto de diagnósticos simplificadores consecuentes, son prácticamente imposibles de revertir. Planteamos como paso necesario que las autoridades sanitarias se conciencien y asuman las responsabilidades que les correspondan respecto de la población sobre la que se han comprometido. Pensamos que el sufrimiento infantil debe ser estudiado en su singularidad, en el caso por caso, teniendo en cuenta su multideterminación.

 

 

 

 

 



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