Petición cerrada

Salvar a los burros de la medicina tradicional china

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La prensa internacional ha desvelado en los últimos meses la compra masiva de pieles de borrico en África para exportarlas a China, lo que ha diezmado la cabaña asnal del continente negro.
La noticia en sí es una tragedia, pues al igual que en España hasta hace poco más de cincuenta años, los borricos son la herramienta imprescindible para que los africanos más paupérrimos puedan labrar, acudir al mercado y acarrear el agua a sus hogares. Tan desesperada es su situación, que muchos ceden al canto de sirena de la ganancia inmediata y venden a su fiel compañero de fatigas con tal de saciar el hambre de hoy, aunque ello sea origen de la aún mayor de mañana, cuando la falta de bestias de labranza convierta en yermos sus campos.
El problema ha alcanzado tal magnitud que varios países han vetado la exportación de piel de burro. La protección al jumento en las zonas donde más se ha esquilmado su población puede que ayude a recuperarla a largo plazo, pero es una pésima noticia para los asnos residentes en otros países vecinos donde aún es legal la venta al extranjero de su cuero. Porque lo que parece claro es que los interesados en despellejar asnos no tienen en mente cambiar de planes.


El motivo, como siempre, es el dinero. El burro de saldo en África es caro en China, donde su principal explotación comercial consiste en desollarlo para utilizar su piel, como si fuesen visones, armiños, martas o cualquier otra criatura que sufre la desventura de tener un pellejo del gusto de los más pudientes, aunque lo que los chinos hacen con las pieles de burro es extraerles la gelatina para fabricar uno de los más preciados componentes de su medicina tradicional, que la recomienda para mejorar la sangre y otros usos igual de carentes de rigor científico alguno.


La superstición tiene una fuerza arrebatadora y nunca hay que menospreciarla, sobre todo en un país con casi 1.500 millones de habitantes. Con que la mitad de ellos confíen en las patrañas de su medicina tradicional, pueden darse por perdidos los asnos del mundo entero, igual que esos rinocerontes, tigres, ciervos y tiburones llevados al borde de la extinción por similar causa.


Ante la gravedad de la situación, hacemos esta petición a las autoridades chinas.  La Asociación en Defensa del Borrico ADEBO, se ve impelida a remarcar a la República Popular los siguientes extremos:
1) Que si algo se define como “medicina tradicional” o “medicina alternativa” es porque no es “medicina”, sin más.  Ello explica que sea tan difícil encontrar -vivo, al menos- a alguien que esté sufriendo un infarto y pida una ambulancia para que lo lleve a un sanador que enmiende su miocardio equilibrándole el flujo del Chi.
2) Que es imposible considerar beneficiosa para la salud una práctica que perjudica al planeta exterminando especies.
3) Que es sabido de siempre que el burro es medicinal y muy recomendable para múltiples afecciones humanas, como el desánimo, la depresión profunda y otros trastornos nerviosos. Pero en todos esos casos, el factor curativo esencial es que el asno esté vivo y a nuestro lado.



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