Por un sistema educativo que enseñe a los jóvenes a ser felices.

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La educación constituye la mejor herramienta y el bien colectivo más importante para todas las civilizaciones que han existido desde siempre, o que existirán, pues el potencial mental que nos hace únicos a los seres humanos, solo puede desarrollarse plenamente a través de la educación y el aprendizaje.

Actualmente se está debatiendo un gran pacto educativo, sin embargo, no se está hablando de lo más importante, de un cambio esencial de modelo. Un cambio que haga que la educación deje de ser algo aburrido y una carga para los alumnos. Expertos como Daniel Goleman, Eduard Punset, Belén Köhler, Matthieu Ricard o Sir Ken Robinson, entre otros, llevan años o décadas hablándonos de las herramientas con las que este cambio es posible.

El sistema educativo no puede dejar de lado lo esencial: si todos los expertos coinciden en que ser feliz es un arte que se puede enseñar y practicar, y que la mejor etapa para hacerlo es la infancia y la juventud, ¿no tiene todo el sentido del mundo que el lugar donde se enseñe sea la escuela, y que éste sea un eje fundamental del sistema educativo?

En la vida cualquier habilidad llega con esfuerzo y práctica. Pensar que las únicas habilidades que se perfeccionarán por sí solas son el amor, la buena gestión emocional, la apertura de miras, o la libertad interior, simplemente porque así lo deseamos, no tiene sentido.

Pedimos que en el gran pacto educativo se aprueben las siguientes propuestas:

1. Que el aprendizaje emocional y en valores, y el desarrollo de la creatividad y el espíritu reflexivo, sean una parte relevante y prioritaria del horario lectivo, en detrimento de aprendizajes basados en la memorización de conceptos y métodos… que serán inevitablemente olvidados poco después de finalizar el examen.

2. Que se implementen materias y filosofías de enseñanza de eficacia probada, como el aprendizaje cooperativo o la educación mediante el juego adaptado a las distintas asignaturas, a través de un currículo integrado donde el interés de cada niño sea la prioridad, con énfasis en el estudio de su propia psicología y de la naturaleza de los fenómenos externos, de forma científica, orgánica e integrada.

3. Que se vayan eliminando de manera gradual los exámenes y deberes obligatorios, a medida que el sistema se vaya volviendo más atractivo e interesante, tanto para alumnos como para profesores.

Estamos seguros de que este cambio, que ya ha comenzado, es posible y va a continuar. Porque lo que nos separa siempre han sido y serán cuestiones menores, opinables, y sobre las que nosotros mismos hemos cambiado de punto de vista varias veces a lo largo de la vida. Lo que nos une es que todos buscamos la felicidad y tratamos de huir del sufrimiento. A todos nos hace felices aliviar el sufrimiento de otros, o alegrarles. Todos hemos nacido, y todos moriremos algún día… Lo que hagamos en ese intervalo para dejar un mundo mejor del que encontramos, depende de nosotros.

 



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