Confirmed victory

El páncreas de un niño con diabetes tipo I no produce nada de insulina. Esto implica que cada vez que vaya a comer un bocata tenga que saber cuánto  azúcar tiene en sangre, cuántos hidratos tiene lo que se va a comer, cuánto dura el efecto de esos hidratos y con qué rapidez los absorbe su cuerpo. De la misma forma si ese niño quiere jugar al “yo te pillo” con sus amigos tiene que saber previamente cómo está de azúcar, cuánto tiempo va a estar corriendo, cuánto le va a excitar el que no le cojan, o el que le cojan. Igualmente cuando ese niño está resolviendo una ecuación de mates, tiene que saber cómo está de azúcar y cuanta glucosa va a gastar en el cálculo. Si resulta que ese niño va a hacer un examen de mates, salir luego con los amigos a comerse un bocata, y,  por supuesto jugar al “yo te pillo”, la cosa se complica mucho. Si ese niño se equivoca en estos cálculos pueden ocurrir dos cosas: o que le dé un bajón de azúcar y caiga al suelo empezando a convulsionar pudiendo incluso morir, o que tenga una hiperglucemia sufriendo mareos y vómitos y pudiendo dañar sus órganos si se prolonga esta situación.

Por fortuna ese niño tiene dos pilares en el que apoyarse para aprender todo esto y para aprender a vivir en definitiva. Uno son sus padres, que ni que decir tiene que jamás le fallarán. Y otro el pediatra endocrinólogo, el que realmente sabe de diabetes y el que tiene que enseñar tanto al niño como a los padres todo esto, el que ha de seguir la evolución, el que ha de adelantarse a los problemas, el que le tiene que poner una bomba de insulina y programársela y, en definitiva,  el decidir qué hacer cuando las cosas realmente se complican.

En Cáceres, los padres de niños con diabetes tipo 1 estamos viviendo una enorme intranquilidad ya que se está negociando la renovación del contrato del único pediatra endocrino que tenemos en la provincia. Y se está negociando porque resulta que este doctor, que desempeña una función vital para nuestros hijos, solo tiene un contrato eventual. Cosa curiosa pues hasta hace 4 años esta plaza era fija, y fue a raíz del traslado del entonces pediatra endocrinólogo cuando pasó a ser eventual el tipo de contrato que se le hizo al nuevo pediatra.

Nosotros, el colectivo de padres de estos niños, estamos pidiendo que exista, al menos, una plaza fija de pediatra endocrinólogo, para que no dependamos del capricho del gerente de turno, o del presupuesto, para que se le renueve o no el contrato.

Porque nuestros hijos no pueden esperar, porque ese segundo pilar no les puede fallar, porque nuestros hijos necesitan ayuda todos los días del año, y todos los años de su infancia, pedimos a todos los ciudadanos y a todas las organizaciones sociales la firma para conseguir que se dote de una plaza fija de pediatra con perfil endocrinólogo en Cáceres.

Letter to
Consejero de Salud y Política Social de la Junta de Extremadura Luis A. Hernández Carrón
Por un pediatra con perfil endocrinólogo en plantilla en Cáceres
El páncreas de un niño con diabetes tipo I no produce nada de insulina. Esto implica que cada vez que vaya a comer un bocata tenga que saber cuánto azúcar tiene en sangre, cuántos hidratos tiene lo que se va a comer, cuánto dura el efecto de esos hidratos y con qué rapidez los absorbe su cuerpo. De la misma forma si ese niño quiere jugar al "yo te pillo" con sus amigos tiene que saber previamente cómo está de azúcar, cuánto tiempo va a estar corriendo, cuánto le va a excitar el que no le cojan, o el que le cojan. Igualmente cuando ese niño está resolviendo una ecuación de mates, tiene que saber cómo está de azúcar y cuánta glucosa va a gastar en el cálculo. Si resulta que ese niño va a hacer un examen de mates, salir luego con los amigos a comerse un bocata, y, por supuesto jugar al "yo te pillo", la cosa se complica mucho. Si ese niño se equivoca en estos cálculos pueden ocurrir dos cosas: o que le dé un bajón de azúcar y caiga al suelo empezando a convulsionar pudiendo incluso morir, o que tenga una hiperglucemia sufriendo mareos y vómitos y pudiendo dañar sus órganos si se prolonga esta situación.
Por fortuna ese niño tiene dos pilares en el que apoyarse para aprender todo esto y para aprender a vivir en definitiva. Uno son sus padres, que ni que decir tiene que jamás le fallaran. Y otro el pediatra endocrinólogo, el que realmente sabe de diabetes y el que tiene que enseñar tanto al niño como a los padres todo esto, el que ha de seguir la evolución, el que ha de adelantarse a los problemas, el que le tiene que poner una bomba de insulina y programársela y, en definitiva, el que ha de decidir qué hacer cuando las cosas realmente se complican.
Por este motivo, porque nuestros hijos no pueden esperar, porque ese segundo pilar no les puede fallar, porque nuestros hijos necesitan ayuda todos los días del año, y todos los años, y dado que ahora mismo se está tratando la renovación del contrato de una plaza de pediatra con perfil endocrinólogo en el Hospital San pedro de Alcántara, pedimos que se dote en plantilla una plaza fija, y no un contrato eventual como hasta ahora, para que no dependamos del capricho del gerente de turno, o del presupuesto, para que se le renueve o no el contrato.