Por una nueva normalidad / Por uma nova normalidade / For a new normality

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Consejo Latinoamericano Investigación para la Paz CLAIP
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Manifiesto por una nueva normalidad (ESP.)
 
La profunda crisis mundial que hoy sufrimos a causa del virus SARS CoV-2 es un síntoma de la normalidad enferma en la que vivíamos. La virulencia de la crisis es magnificada por un modelo civilizatorio que antepone los intereses particulares sobre los derechos universales, que privatiza los beneficios y socializa las pérdidas, que estimula la acumulación de unos pocos a costa del despojo de muchos, y que impone una cultura política depredadora de la vida. Ningún bien está a salvo de las garras del egoísmo exacerbado por políticas privatizadoras que se hacen pasar por públicas: ni el agua que bebemos, ni el aire que respiramos. Tampoco nuestra exigua libertad se encuentra a salvo, ahora confundida con la capacidad para autoexplotarnos.
 
No mata el virus (tanto) como lo hace la perversa normalidad a la que nos afanamos por regresar. Una normalidad consistente, en el mejor de los casos, en mirar hacia otro lado mientras consumimos irresponsablemente. En el peor de los casos, consistente en alinearse con quienes saquean el erario público para terminar recogiendo migajas, o con quienes exprimen hasta la última gota de sudor ajeno para multiplicar ganancias a costa de drenar la riqueza de la tierra. 
 
La normalidad que nos precede es la normalidad que nos hizo cómplices de la producción, reproducción y normalización de la exclusión, del odio, de la pobreza, del dolor, de la violencia, del miedo, de la violación, de la frustración, del desánimo, la depresión y la muerte. Es la normalidad que invadió nuestro sentir y condicionó nuestros anhelos y deseos, que colonizó nuestro pensar al arrinconar los saberes ancestrales de nuestros pueblos, otorgando un valor superior a la apariencia sobre la esencia. 
 
La normalidad a la que nos empeñamos en regresar sin cuestionar es la de una conciencia anestesiada, esa que no repara en los impactos tremebundos de un sistema corrupto y corruptor que hicimos nuestro. Esa que no repara en la sistemática violación de unos derechos a los que terminamos renunciando, ni al daño que sobre los bienes más preciados terminamos practicando como lo evidencia la condición paupérrima de nuestros sistemas de salud: carentes de hospitales, respiradores y medicamentos, pero repletos de esperanzas vanas por evitar una muerte más. 
 
Una muerte más que revela la urgencia de una nueva normalidad:
 
1. Una nueva normalidad que garantice el sustento de la vida y la atención de las necesidades materiales del conjunto de la población: capaz de sustituir el paradigma economicista de la producción exacerbada, la acumulación de capital, la especulación y el crecimiento exponencial, por el paradigma de la redistribución equitativa de la riqueza, la sustentabilidad y el buen vivir.
 
2. Una nueva normalidad que le devuelva el valor a la vida, basada en el cuidado y el respeto, que tenga en cuenta a las generaciones venideras, y que ponga fin al cambio climático, a la explotación de los seres vivos y de los bienes naturales, a la contaminación del agua y del aire, y a la destrucción de bosques y playas. Un paradigma que nos entienda como parte del cosmos y una especie más de la biodiversidad planetaria.
 
3. Una nueva normalidad que sustituya el paradigma de lo mío por el paradigma de lo nuestro, que reconozca que somos profundamente interdependientes, que no hay «otros» ni «otras», sino un compromiso y un horizonte común. Un paradigma capaz de promover el desarrollo pleno de las potencialidades humanas desde los principios de la simplicidad, equidad y corresponsabilidad en procura de una vida que renuncie al consumo innecesario. 
 
4. Una nueva normalidad que sustituya la lógica de la representación política por la lógica de la participación deliberativa, directa y transversal. Un modelo democrático que profundice en las herramientas necesarias para asegurar la participación propositiva y vinculante del conjunto de la población, especialmente de quienes han sido sistemáticamente excluidos, en la toma de las decisiones políticas.
 
5. Una nueva normalidad que reconozca las diferentes formas de conocimiento y promueva su florecimiento a partir del desarrollo de una educación pública y gratuita de calidad, y no de cuotas y cantidad, basada en la corresponsabilidad de quienes integran el proceso de construcción de conocimiento y en estrategias educativas dialógicas, sentipensantes, participativas y emancipatorias. Un paradigma educativo que fomente la reflexividad crítica, los afectos y la solidaridad entre los pueblos.
 
6. Una nueva normalidad fundada en una concepción de la salud que vaya más allá de la enfermedad, que se oriente al bienestar, que potencie los saberes diversos, ancestrales y emergentes, y que priorice la dignidad, la soberanía de los cuerpos, y la sanación de la violencia. Un modelo de salud como derecho universal y no como negocio, que garantice el acceso gratuito a la cura de la covid-19 para el conjunto de la humanidad cuando ésta se descubra.
 
7. Una nueva normalidad que rescate el valor de las memorias diversas, la intersubjetividad y la singularidad, que reconozca la diversidad como característica inherente a lo humano y elimine cualquier forma de dominación y discriminación.
 
8. Una nueva normalidad que permita el encuentro desde la diferencia, en la que nuestras identidades, erotismos y goces no sean penalizados: donde no se ejerza violencia alguna en razón del género o de la orientación sexual, no se trafique con personas, no haya feminicidios, y donde los sujetos decidan sobre sus cuerpos y deseos, el cuidado no recaiga sobre las mujeres, y la crianza se entienda en su potencia política y de cambio.
 
9. Una nueva normalidad que estimule el arte y la cultura entendidas como escenarios de creación y experimentación que reivindiquen y renueven nuestras maneras de conocer, habitar y compartir el mundo.
 
10. Una nueva normalidad promotora de la acción noviolenta que asuma la construcción de paz como proceso integral y participativo, y la emergencia de conflictos como oportunidad para el desarrollo de culturas de paz y modelos convivenciales de atención sinérgica de las necesidades. 
 
 
Porque una nueva normalidad es posible, y la construimos juntos y juntas haciendo camino al andar. 
Nada en la historia está escrito hasta que se escribe.

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Manifesto por uma nova normalidade (PT.)
 
A profunda crise mundial que hoje sofremos por conta do vírus SARS CoV-2 é um sintoma da normalidade enferma em que vivíamos. A virulência da crise é potencializada por um modelo civilizatório que antepõe os interesses particulares sobre os direitos universais, que privatiza os benefícios e socializa as perdas, que estimula a acumulação de uns poucos à custa do despojo de muitos e que impõe uma cultura política aniquiladora da vida. Nenhum bem está a salvo das garras do egoísmo exacerbado por políticas privatizadoras que se fazem passar por públicas: nem a água que bebemos, nem o ar que respiramos. Tampouco nossa exígua liberdade se encontra a salvo, agora confundida com a autoexploração a qual nos submetemos.
 
O vírus não mata tanto como faz a perversa normalidade à qual lutamos por retornar. Uma normalidade que consiste, no melhor dos casos, em dar as costas enquanto consumimos irresponsavelmente. No pior dos casos, consiste em se alinhar aos que saqueiam os cofres públicos para aproveitar e recolher suas migalhas, ou àqueles que retiram até a última gota do suor alheio para multiplicar ganâncias à custa de esgotar as riquezas da terra. 
 
A normalidade que nos precede é a normalidade que nos fez cúmplices da produção, reprodução e normalização da exclusão, do ódio, da pobreza, da dor, da violência, do medo, da violação, da frustração, do desânimo, da depressão e da morte. É a normalidade que invadiu nossos sentidos e condicionou nossos anseios e desejos, que colonizou nosso pensar ao arrancar os saberes ancestrais de nossos povos, outorgando um valor superior à aparência sobre a essência. 
 
A normalidade à qual nos empenhamos em regressar sem questionar é a de uma consciência anestesiada, essa que não repara nos impactos tremendos de um sistema corrupto e corruptor que fizemos nosso. Essa que não repara na sistemática violação de determinados direitos aos quais terminamos renunciando, nem ao dano que sobre os bens mais preciosos terminamos praticando, como evidencia a condição paupérrima de nossos sistemas de saúde: carentes de hospitais, respiradores e medicamentos, mas repletos de vãs esperanças para evitar uma morte a mais. 
 
Uma morte a mais que revela a urgência de uma nova normalidade:
 
1. Uma nova normalidade que garanta o sustento da vida e a atenção das necessidades materiais do conjunto da população: capaz de substituir o paradigma economicista da produção exacerbada, a acumulação de capital e o crescimento exponencial, pelo paradigma de redistribuição equitativa da riqueza, da sustentabilidade e do bem viver.
 
2. Uma nova normalidade que devolva o valor à vida, baseada no cuidado e no respeito, que tenha em conta as gerações vindouras e que ponha fim à mudança climática, à exploração dos seres vivos e dos bens naturais, à contaminação da água e do ar, e à destruição de matas e praias. Um paradigma que nos entenda como parte do cosmos,  uma espécie a mais na biodiversidade planetária.
 
3. Uma nova normalidade que substitua o paradigma do meu pelo paradigma do nosso, que reconheça que somos profundamente interdependentes, que não há «outros» nem «outras» e sim um compromisso e um horizonte comum. Um paradigma capaz de promover o desenvolvimento pleno das potencialidades humanas a partir dos princípios da simplicidade, equidade e corresponsabilidade, na procura de uma vida que renuncie ao consumo desnecessário. 
 
4. Uma nova normalidade que substitua a lógica da representação política pela lógica da participação deliberativa, direta e transversal. Um modelo democrático que aprofunde as ferramentas necessárias para assegurar a participação propositiva e vinculante do conjunto da população, especialmente daqueles que têm sido sistematicamente excluídos na tomada das decisões políticas.
 
5. Uma nova normalidade que reconheça as diferentes formas de conhecimento e promova seu florescimento a partir do desenvolvimento de uma educação pública e gratuita de qualidade, e não de quotas e estatísticas, baseada na corresponsabilidade dos que integram o processo de construção do conhecimento e em estratégias educativas dialógicas, senti-pensantes, participativas e emancipatórias. Um paradigma educativo que fomente a reflexão crítica, os afetos e a solidariedade entre os povos.
 
6. Uma nova normalidade fundada em uma concepção de saúde que vá mais além da enfermidade; que se oriente ao bem-estar; que potencialize os saberes diversos, ancestrais e emergentes; que priorize a dignidade, a soberania dos corpos e a cura da violência. Um modelo de saúde como direito universal e não como negócio, que garanta o acesso gratuito à cura da COVID-19 para o conjunto da humanidade, quando esta se descubra.
 
7. Uma nova normalidade que resgate o valor das memórias diversas, a intersubjetividade e a singularidade, que reconheça a diversidade como característica inerente ao ser humano e elimine qualquer forma de dominação e discriminação.
 
8. Uma nova normalidade que permita o encontro a partir da  diferença, em que nossas identidades, erotismos e gozos não sejam penalizados; onde não se exerça violência alguma em razão do gênero ou da orientação sexual; não se trafiquem pessoas; não haja feminicídios; onde os sujeitos decidam sobre seus corpos e desejos; o cuidado não recaia sobre as mulheres; e a criança seja entendida em sua potência política e de transformação.
 
9. Uma nova normalidade que estimule a arte e a cultura entendidas como espaços de criação e experimentação que reivindiquem e renovem nossas maneiras de conhecer, habitar e compartilhar o mundo.
 
10. Uma nova normalidade promotora da ação não-violenta que assuma a construção da paz como processo integral e participativo, e o surgimento de conflitos como oportunidade para o desenvolvimento de culturas de paz e modelos convivenciais de atenção sinérgica das necessidades. 
 
Porque uma nova normalidade é possível e a construímos juntos e juntas, fazendo o caminho ao caminhar. 
Nada na história está escrito até que se escreva.

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Manifesto for a new normality (ENG.)

The deep world crisis we are experiencing today due to the SARS CoV-2 virus is a symptom of the sick normality in which we lived. The virulence of this crisis is magnified by a model of civilization which prioritizes particular interests over universal rights; privatizes surpluses and socializes losses; facilitates accumulation by the few through the dispossession of the many; and imposes a political culture which destroys life. Nothing is safe from the selfish of clutches privatizing policies which pretend to be public ones: not even the water we drink or the air we breathe. Even our scarce freedom is not safe and is now mixed up with our capacity to self-exploit.

The virus does not kill (as much) as the perverse normality to which we strive to return. A normality that consists, in the best-case scenario, of turning a blind eye while we continue to consume irresponsibly. In the worst scenario, it consists in aligning with those who loot the public budget to appropriate the final crumbs, or with those who squeeze every drop of sweat from others in order to multiply profits, at the expense of environmental destruction.

The preceding normality made us complicit in the production, reproduction and normalization of exclusion, hatred, poverty, pain, violence, fear, violation, frustration, depression and death. It was this normality that invaded our feelings and conditioned our desires and wills, that colonized our thought by hiding the ancestral knowledge of our people, granting more value to appearance over essence.

The normality we strive to unquestioningly return to is that of an anesthetized conscience, one that does not pay attention to the tremendous impacts of a corrupt and corrupting system we made our, one that does not pay attention to the systematic violation of rights that we end up renouncing, nor to the damage we end up inflicting on the most precious assets as evidenced by the poor condition of our healthcare systems: lacking in hospitals, ventilators and medicines, but full of vain hopes to avoid one more death.

One more death that reveals the urgency of a new normality:

1. A new normality that guarantees the sustenance of life and attention to the material needs of the population: replacing the economic paradigm of overproduction, speculation, capital accumulation and exponential growth, with the paradigm of equitable redistribution of wealth, sustainability and good living.

2. A new normality that restores value to life, based on care and respect, that takes into account future generations and puts an end to climate change, exploitation of living beings and natural assets, air and water pollution, and to the destruction of forests and beaches. A paradigm that understands us as part of the cosmos and as just another species in the Planet’s biodiversity.

3. A new normality that replaces the paradigm of what is “mine” with the paradigm of what is “ours”, which recognizes that we are deeply interdependent, that there are no "others", but one common horizon. A paradigm capable of promoting the full development of human potential based on the principles of simplicity, equity and co-responsibility in seeking a life that renounces unnecessary consumption.

4. A new normality that replaces the logic of political representation with the logic of deliberative, direct participation. A democratic model that ensures the binding and proactive participation of the entire population, especially those who have been systematically excluded from political decision-making.

5. A new normality that recognizes different forms of knowledge, and promotes their flourishing through the development of free and quality public education, not based on fees and quantity, but on the co- responsibility of all those involved in the knowledge construction process, and in dialogic, sentipensante
(feeling-thinking), participatory and emancipatory educational strategies. An educational paradigm that promotes critical reflexivity, affection and solidarity between peoples.

6. A new normality founded upon a conception of health that goes beyond illness; oriented towards well- being; that enhances diverse, ancestral and emerging knowledge; and prioritizes dignity, sovereignty of bodies, and the healing of violence. A health model understood as a universal right and not as a business, which guarantees free access to the COVID-19 cure for humanity as a whole, when discovered.

7. A new normality that recovers the value of diverse memories, intersubjectivity and singularity; which recognizes diversity as an inherent human characteristic; and eliminates any form of domination and discrimination.

8. A new normality that allows us to come together based upon our difference, in which our identities, eroticisms and joys are not penalized: where no violence is exercised by reason of gender or sexual orientation; with no human trafficking, nor femicides; where subjects decide over their bodies and desires, care does not befall upon women, and parenthood is understood for its political and transformative potential.

9. A new normality that stimulates art and culture, understood as scenes of creation and experimentation which vindicate and renew our ways of knowing, inhabiting and sharing the world.

10. A new normality promoting nonviolent action that assumes the construction of peace as a comprehensive and participatory process, and the emergence of conflicts as an opportunity for the development of cultures of peace and convivial models of synergistic attention to needs.

Because a new normality is possible and necessary, and we build it together making a new path as we walk. Nothing in history is written until it is written.