Juicio justo para el cubano Omar.

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PIDO LA AYUDA ¡URGENTE! DE TODOS MIS AMIGOS, AMIGAS Y TODAS LAS PERSONAS DE BIEN DE ESTE MUNDO.

Señoras y señores, amigos y amigas:

Jamás pensé que un día iba a tener que pedir ayuda a todos los míos: españoles y cubanos, y todas esas personas de bien que aún quedan en el mundo, ante las injusticias, abusos y atropellos que la dictadura cubana comete contra mi familia residente en Cuba.
La historia reciente cubana recoge las atrocidades de dos despiadadas dictaduras, sobre todo es su fase terminal: la de Gerardo Machado, en los años 30 del pasado siglo, y la de Fulgencio Batista que terminaría el 31 de diciembre de 1958.
Sin temor a las críticas, debo admitir que mi padre, Argelio Rosabal Fonseca, se constituyó en parte fundamental de ese triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959. Fue el primer campesino que, movido por su conciencia religiosa y humanitaria, estuvo dispuesto a dar su vida para socorrer y salvar a los desembarcados en el yate Granma el 2 de diciembre de 1956; porque comprendía que el pueblo cubano merecía otra forma de vida y, bajo ningún concepto, iba a permitir que esos hombres que venían con las ideas esperanzadoras de dar un futuro mejor a Cuba, fueran masacrados como ya había ocurrido con muchos de sus compañeros desembarcados. Ese campesino, mi padre, fue más tarde bautizado por el Ché como "El Pastor".
Pero esa Revolución que llegó a ser la ilusión y la esperanza de millones de cubanos, que consiguió ser admirada por el mundo, hoy tiene el triste reconocimiento de ser la tercera dictadura que, como las anteriores, llena el país de luto, separaciones, miseria, represiones, detenciones y encarcelamientos injustos y arbitrarios.
Y debo expresarlo alto y claro ante el mundo, porque las atrocidades de esta dictadura que ya cumple 60 años, me tocan demasiado cerca.
Mi hermano Omar, el cuarto de mis hermanos, que vivía con cierta prosperidad hasta hace dos años, gracias a las ayudas recibidas de los hermanos que vivimos en España y Estados Unidos, el hecho de haber heredado una casa y una finca que eran de nuestro padre, así como su propio sacrificio de hombre trabajador y dedicado a su familia, tuvo la desgracia de convertirse en blanco de funcionarios y policías del régimen, los que interesados en arrebatarle todo lo conseguido, incluida la casa, contrataron y entrenaron a un grupo de prostitutas, las que obligaron a declarar en contra suya y acusarle de proxenetismo, por lo que fue detenido y, después de recorrer varias cárceles, sometido a un juicio-espectáculo, donde mucho antes de celebrarse éste, ya se había dictado para él una sentencia de 8 años de cárcel.
A pesar del esfuerzo de los familiares y abogados (que tienen como condición imprescindible ser afines al régimen), nada se pudo hacer para rebajar la pena, la que fue ratificada por el Tribunal Supremo, sin tener una sola prueba del delito que se le acusaba, porque las propias prostitutas reconocieron en el juicio que todo había sido una farsa, que fueron presionadas y engañadas por la Policía, lo que les trajo como consecuencia el pago de multas y la condena de varios años de prisión domiciliaria. Esto no produjo ninguna variación de la condena que ya había sido decidida.
A los pocos días del encarcelamiento, la Dirección Provincial de la Vivienda dictó una resolución en la que retiraba la propiedad de la casa a su legítimo propietario y la entregaba al Estado cubano, a la vez que declaraba como ocupantes ilegales al encarcelado, su mujer y dos niños.
A partir de ese momento el acoso y las amenazas a la familia de Omar fueron en aumento, hasta el punto de que la hija de 12 años (Yanet Rosabal Oramas), al no soportar las presiones diarias de la Policía y otros funcionarios del régimen, optó por el suicidio en cuatro ocasiones, viéndose durante semanas en estado crítico, y quedando con problemas psiquiátricos para toda su vida, problemas que también está presentando su hermano (Omar Rosabal Oramas), de solo cinco años.
Esa misma niña (Yanet) asegura haber sido violada por esbirros de la dictadura, los que la amenazaron para que nunca revelara la identidad de los violadores; de ahí que nunca haya querido dar a conocer quienes ni cuantos fueron los implicados en este repugnante hecho.
Hace algunas semanas, la tumba de ese hombre que les salvó la vida a los expedicionarios del Granma tras el desembarco, fue objeto de profanación y actos de vandalismo, ordenado y consentido por agentes de la Policía y funcionarios del gobierno cubano; porque cuando no es suficiente el abusar de los vivos, hay que emprender este tipo de actos con los ya fallecidos.
Hace tres días, siendo las 4:00 de la madrugada, una turba de policías y agentes al servicio de la dictadura cubana, asaltaron la casa de Omar Rosabal Sotomayor, y después de forcejear con la mujer y los dos niños, que dormían en ese momento, los desahuciaron a fuerza de empujones y golpes por todo el cuerpo hasta el extremo de tener que ser hospitalizados. Y muy en particular la emprendieron con la niña, a la que rompieron la bata con la que dormía, así como las ropas interiores, haciendo todo cuanto pudieron para asfixiarla (tal vez para deshacerse de la persona que un día puede revelar la identidad de quienes la violaron).
Creo que tengo demasiadas razones para pedir ayuda ante esta situación, y no es porque este sea un caso desconocido, ya que lo saben todas las autoridades cubanas, a las que directamente he informado por sus cuentas en Twitter, así como la mayoría de los presidentes de los países latinoamericanos, el señor Obama, el señor Putin, el señor Trump; el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, la Casa Real de España, el Papa Francisco I del Vaticano; y muchas otras personalidades a las que me he dirigido por correo certificado.
¿Quién me falta? ¿A quién más puedo acudir? Acudo a ti que estás leyendo este escrito, que seguro tienes familia, hermanos, hijas, madre, como la nuestra que ya tiene 76 años y sufre esta situación. Pero me dirijo también a esos Comunistas españoles que un día creyeron y muchos aún siguen creyendo que Cuba es un ejemplo para el mundo. Me dirijo a todos aquellos que tienen algún cargo de responsabilidad en España o en otros países del mundo, que tal vez puedan ser escuchados por ese gobierno que está cometiendo estos crímenes y que no se sabe hasta dónde piensa llegar; porque lo único que se puede esperar es que atenten contra la vida de todos estos familiares que no tienen forma de escapar de esa dictadura.
Por favor, si tienes alguna idea que pueda ayudarnos ante esta situación desesperada, espero que me la hagas llegar. Y te pido algo más: difunde este escrito para que el mundo conozca la verdadera situación de Cuba y ese lado oculto lleno de crueldad y miserias humanas, que no es solo aquellos que nos muestran en la distancia: playas, juergas, fiestas, ron, habanos y jineteras.

Argelio Rosabal Sotomayor.



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