Hagamos entre todos una bandera de concordia

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Al hilo del conflicto catalán, el pasado sábado coincidimos en muy pocos metros en Madrid dos manifestaciones. En Cibeles la gente, vestida de blanco y sin banderas pedía el diálogo entre las partes. En Colón cientos de banderas españolas alzaban su voz para decir a los catalanes “no estáis solos”.

Al cabo de un rato algunas banderas españolas fueron rodeando al grupo de blanco. Muchos volvimos a sentir lo que solemos sentir en estos casos: miedo. Miedo ante esa bandera y ante la persona que hay debajo de ella.

Hubo dos manifestaciones sí, la primera pidiendo la concordia entre españoles, la segunda asegurando a una parte de ellos que pueden estar tranquilos, que cuentan con ayuda para derrotar a la otra parte.

Tras la vuelta de la democracia quedaron algunas cosas pendientes que la ley de memoria histórica, huérfana de fondos, es incapaz de restablecer. Una de ellas fue la bandera. Con el retorno de la democracia lo normal hubiera sido la vuelta a la bandera previa a la dictadura. Es cierto que un acto de concordia, acorde con el proceso que se llevó a cabo, hubiera sido prescindir de las dos banderas que representaron los dos bandos en conflicto y crear una nueva. Pero en ningún caso parece oportuno mantener como principal símbolo del país la enseña que representó a la parte golpista, la que se alzó contra la democracia. Magra excusa es que esa bandera hubiera sido monárquica originalmente..

La bandera es un símbolo y se impregna con suma facilidad del significado que representa. La bandera rojigualda se tiñó durante esos años del horror de la guerra y de la dictadura subsiguiente de profundo significado fascista (igual que el milenario símbolo de la cruz gamada, que tardará siglos en perder ese mismo significado) y pasó a representar solo a una parte de la población.

Tras la llegada de la democracia y ahora, 40 años después, el significado de esa bandera, a pesar de los esfuerzos de los deportistas y del buenismo de muchos, apenas ha variado. Y se sigue sacando a la calle no para afirmarnos ante otros pueblos, sino para afirmar a una parte de la población ante la otra parte. No es una bandera de concordia sino de enfrentamiento fraticida. Y probablemente es de las pocas banderas del mundo que da miedo a muchos de los que representa.

Por favor, para que todos nos sintamos de una vez pasajeros de un mismo barco, hagamos una bandera nueva que represente a todos.



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