¡Votamos Familia y Vida!

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Las próximas elecciones se presentan en un ambiente de crispación que deja poco lugar a la comparación equilibrada y ponderada de las diferentes alternativas que se nos ofrecen.

Pero el voto es demasiado importante como para entregarlo al que más pasiones despierte y mejor descalifique a los demás, porque con el voto decidimos el tipo de sociedad que queremos y cuáles serán nuestras prioridades; con él decidimos nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Con Mis Hijos No Te Metas (CMHNTM) recoge  la voz de miles de padres y cientos de asociaciones para reclamar a los partidos que entran en contienda electoral que, además de pelearse entre ellos, se comprometan a defender algunas cuestiones que deberían quedar por encima de los debates y las descalificaciones mutuas, aquellas que nos afectan a todos por igual, en las que los bandos desaparecen para conformar objetivos comunes compartidos e irrenunciables.

Objetivos así deben ser las grandes líneas de la política exterior o de la educación, o la defensa de la familia y la vida, que deberían quedar al margen del debate partidista para que todos tirásemos del mismo lado, sea quien sea el que gobierne: no es una cuestión de derecha ni de izquierda, sino de todos.

Es por eso que reclamamos a todos los partidos sin distinción, que protejan a la familia como un valor preciado y promuevan la recuperación de su función social insustituible.

Cada uno de nosotros decidirá en libertad su voto, y CMHNTM no lo va a pedir para nadie, pero en este tema central no somos indiferentes, porque nos interesa a todos sin distinción de ideologías.

Reclamamos así a la derecha que la familia no sea sólo una bandera, sino realmente una institución que necesita ser apoyada y reforzada, y a la izquierda que no se deje engañar por el falso progresismo de quienes quieren rediseñar la familia liquidando su estructura básica de padre, madre e hijos y el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones.

Reclamamos por ello como fundamental el derecho intocable e indelegable de los padres de educar a sus hijos en valores. Es retrógrado y reaccionario volver a establecer el adoctrinamiento en la escuela que ya vivimos con el franquismo; ahora los credos impuestos son diferentes, pero el modelo es el mismo: el dogmatismo que quiere arrebatar a los padres responsabilidades educativas a las que jamás vamos a renunciar.

Reclamamos que en la próxima legislatura todos, de un lado y de otro, respeten sin invadirla la esfera de competencias que pertenece a la familia y promuevan la recuperación de su función como promotora de progreso social, y que esto se traduzca en medidas legislativas, como por ejemplo comprometerse a valorar todas las propuestas de ley con perspectiva de familia.

De la misma manera, la defensa de la vida no debería limitarse a un bando, sino debe constituirse como una base sólida de nuestro proyecto común de sociedad. Una sociedad progresista no es la que resuelve simplistamente los problemas al inicio y al final de la vida con el aborto y la eutanasia, sino la que promueve medidas proactivas de evitación del embarazo no deseado o de apoyo a la madre adolescente o sola, o una política de cuidados paliativos con adecuada dotación presupuestaria.

Un poco cansados de debates crispados y discursos descalificadores de campaña, anunciamos que junto a esta importancia fundamental de la defensa de la familia y la vida, también defendemos otros valores transversales y fundamentales, que serán los que en su conjunto decidan la balanza a la hora de decidir en libertad nuestro voto.

Escuchamos con interés los mensajes de todos los partidos, y por eso reclamamos también que escuchen el nuestro: nuestro voto no es indeciso, porque con él decidimos el futuro de nuestros hijos; esperamos que los candidatos lo sepan conquistar no con slogans, sino con hechos.

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