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Pescanova S.A.
Grupo Amasúa S.A.
Freiremar S.A.
Frigoríficos Delfín S.A.
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Froxá S.A. y Jaime Soriano S.A.
informacion@langostinosdecentroamerica.com
Gambastar S.L.
Ibérica de Congelados S.A.

No queremos que se vendan langostinos manchados con sangre

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Los langostinos y camarones cultivados en los trópicos proceden de una industria insostenible que está agravando la pobreza y que ha generado conflictos armados en numerosos países donde se ha instalado. España es uno de lo mayores importadores de langostinos tropicales, NO queremos que nuestros supermercados comercialicen estos langostinos procedentes de una industria insostenible que está acabando con el sustento de muchos pueblos y que amenaza diariamente la vida de hombres y mujeres. Di NO a la comercialización de langostinos tropicales. NO QUEREMOS QUE SE VENDAN LANGOSTINOS MANCHADOS CON SANGRE El ecosistema manglar es uno de los cinco sistemas naturales más productivos del mundo. Cumple con funciones ecológicas, sociales y económicas que benefician a las zonas costeras y a sus poblaciones. En el mundo, el ecosistema manglar es el sustento de millones de personas, pero la industria acuícola de langostinos tropicales (denominados camarones en numerosos países latinoamericanos) continúa destruyendo vastas extensiones de bosque de mangle, contaminando zonas húmedas, ríos y estuarios y provocando una alta pérdida de biodiversidad, aumentando así el empobrecimiento y el hambre en las zonas donde se ha instalado. Pero el daño de la industria acuícola no acaba aquí, en numerosos países las poblaciones afectadas han tratado de resistir y protestar contra la expansión de esta industria. Lo que ha generado, en países como Ecuador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, India o Bangladesh, la muerte de pescadores artesanales y de otros habitantes de las zonas costeras en manos de guardias de seguridad de las empresas acuícolas. Además de muertes, también se han documentado heridos, detenciones irregulares, torturas, amenazas, así como acosos, violaciones repetidas y desapariciones de mujeres en varios países donde se asienta esta industria. Numerosas marcas pretenden además impulsar y vender su producto como de primera calidad mediante la certificación ecológica, lo cual pretende ser una justificación de sostenibilidad ante la sociedad. Pero muchas empresas camaroneras certificadas como ecológicas NO cumplen con los estándares relacionados con la responsabilidad social, NI con los derechos humanos. Actualmente, el 55% de las exportaciones se destinan a la Unión Europea, siendo España el principal importador de langostinos de la UE. NO queremos que nuestros supermercados comercialicen estos langostinos -certificados o no- procedentes de una industria insostenible que está acabando con el sustento de muchos pueblos y que amenaza diariamente la vida de hombres y mujeres pescadoras y recolectoras artesanales. Detrás de la producción de la acuicultura industrial de langostinos hay historias que no pueden ser ignoradas, porque son las que ponen el verdadero sello a la producción de langostinos y camarones, es el sello de la destrucción de un territorio y el empobrecimiento de un pueblo. - Para leer historias y relatos de pescadores y mariscadoras que no pueden ser ignorados. - Guía de consumo responsable de mariscos de Ecologistas en Acción. Parte I.

Letter to
Pescanova S.A.
Grupo Amasúa S.A.
Freiremar S.A.
and 6 others
Frigoríficos Delfín S.A.
Confremar S.A.
Froxá S.A. y Jaime Soriano S.A.
informacion@langostinosdecentroamerica.com
Gambastar S.L.
Ibérica de Congelados S.A.
Estimados Señores y Señoras,

Les queremos mostrar nuestra preocupación ante la comercialización de langostinos blancos y langostinos tigres (comúnmente denominados camarones en numerosos países latinoamericanos) y otras variedades de langostinos cultivados por una industria acuícola que genera conflictos armados, aumenta la pobreza y la desigualdad, y vulnera los derechos humanos en numerosas comunidades donde se ha instalado.

El langostino cultivado se ha convertido en términos de valor en el principal producto del comercio internacional de la pesca, pero este comercio no beneficia a las poblaciones locales donde se ha desarrollado la industria acuícola, sino que las ha sumido en la pobreza, y numerosos hechos demuestran graves violaciones repetidas sobre los derechos humanos.

Cada vez más investigaciones y denuncias por parte de científicos, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil sacan a la luz la cara oculta de esta industria, pues en numerosas zonas costeras donde se ha desarrollado -el 99% de la cual se centra en países del trópico en vía de desarrollo [1]-, tales como Ecuador, Tailandia, Vietnam, Indonesia, India, Bangladesh o China entre otros-, se acumulan las injusticias sociales y ambientales.

Esta industria, que crece y se expande a pasos agigantados, se sienta básicamente en ecosistemas costeros tales como deltas, estuarios, humedales, lagunas o manglares, y uno de los ecosistemas más afectados es precisamente este último, el manglar. El bosque manglar, considerado uno de los cinco ecosistemas más productivos del mundo [2], está compuesto de árboles que soportan la salinidad y viven en el rango de mareas, donde habitan y se reproducen una gran variedad de especies animales. Este ecosistema cumple funciones económicas, ecológicas, sociales y culturales que benefician a las zonas costeras y da sustento a sus poblaciones. En el mundo millones de personas dependen de él para abastecerse de comida y otros productos de primera necesidad, como la madera o medicinas tradicionales. Pero la industria acuícola de langostinos ha deforestado grandes extensiones de bosques de manglar, provocando una alta pérdida de biodiversidad en estas zonas, donde poblaciones de peces, moluscos, crustáceos, mamíferos, aves y reptiles han disminuido drásticamente.

A la perdida de recursos naturales derivados de la deforestación, debemos añadir que esta industria ha usurpado grandes extensiones de bosque de mangle, privatizado senderos públicos y cursos de agua, impidiendo el acceso a las zonas donde pescadores artesanales y mariscadoras sacan el sustento para alimentar a sus familias [2]. También se ha documentado el robo de tierras fértiles para la construcción de granjas acuícolas y la pérdida de zonas agrícolas altamente fértiles convertidas ahora en terrenos inertes debido a la salinización [3,4] generada por la entrada de agua salada para el cultivo de langostinos y la falta del manglar como bosque filtrador. Socavando así la base alimenticia de agricultores y miles de familias que dependen de estas tierras para su sustento. A consecuencia, pueblos enteros se han visto forzados a emigrar [4,5,6]. Con todo esto es evidente que la acuicultura de langostinos tropicales pone en riesgo gravemente la seguridad alimentaria de estas comunidades costeras, ya de por si marginalizadas y sistemáticamente empobrecidas por un modelo económico que beneficia a unos pocos.

Además de la destrucción de hábitats de alta importancia para el desarrollo de estas comunidades, la contaminación derivada de los productos químicos que este tipo de cultivo emplea –antibióticos, insecticidas, alguicidas y funguicidas, entre otros- son liberados en el medio, contaminando así zonas húmedas, ríos y estuarios. En ocasiones, incluso se han registrado casos de altas mortalidades en los estuarios de especies marinas y peces que han afectado directamente a las comunidades de pescadores artesanales [7]. Estos hechos han sido motivo de numerosos conflictos entre pescadores, agricultores y comunidades enteras frente a la actividad acuícola industrial.

Pero además, la desaparición del manglar ha convertido estas zonas en mucho más vulnerables frente a la acción de los huracanes, maremotos o a la erosión costera, planteando así graves riesgos para las comunidades costeras tropicales y subtropicales altamente expuestas a fenómenos tormentosos. Existen estudios científicos que demuestran que el tsunami del 25 de diciembre de 2004 que afectó el sud-este asiático y provocó la muerte de cerca un cuarto de millón de personas, no hubiese tenido consecuencias tan devastadoras si hubiese existido el ecosistema manglar original. Puesto que con un cinturón de tan sólo 100 metros de ancho de bosque manglar hubiese sido suficiente para reducir la presión de las olas hasta un 90% [8]. El Ciclón Aila, que golpeó el 25 de mayo de 2009 las áreas del sur de Bangladesh y del este de India y que afectó a más de tres millones personas, es otro de los múltiples ejemplos de las consecuencias devastadoras que conlleva la deforestación de estas barreras naturales. Lo que demuestra una vez más las amenazas ambientales, y consecuencias sociales derivadas, que genera esta industria en los países tropicales en vías de desarrollo.

Un claro ejemplo del impacto de la acuicultura intensiva lo encontramos en Ecuador, puesto que a pesar de la importancia del manglar y de un marco legal de protección, en este país más del 70% del ecosistema del bosque manglar ha desaparecido y ha sido remplazado por camaroneras de carácter industrial para la producción de langostinos tropicales [2], cuyos mercados principales son Estados Unidos, Europa y Japón. Al igual que en otros países, el progreso de esta industria en Ecuador ha aumentado la desigualdad social, la inseguridad alimentaria y generado conflictos armados [2,9,10,11] directamente vinculados a la extensión y privatización por parte de la industria acuícola, que protege sus granjas de posibles robos con guardias de seguridad armados.

En numerosos países, las poblaciones afectadas, agricultores y pescadores que dependen del acceso a las áreas que están siendo destruidas por la acuicultura industrial han tratado de resistir y protestar contra la expansión de esta industria. Lo que ha generado, en países como Ecuador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, India o Bangladesh, conflictos que han terminado en muertes de pescadores, agricultores y otros habitantes de las zonas costeras por parte de los guardias de seguridad de las empresas acuícolas. Pero a parte de muertes, también se han documentado lesiones, detenciones irregulares [7], torturas, amenazas, así como acosos y violaciones repetidas en mujeres en varios lugares donde se asienta esta industria [3]. Con todo esto es evidente que la comercialización de langostinos procedentes de estas industrias NO resulta ética bajo ningún punto de vista.

También queremos hacer hincapié en que cada vez más surgen nuevas marcas de langostinos tropicales certificadas como ecológicas y probablemente éstas sean una mejor elección frente a las no certificadas. Ahora bien, muchas de estas marcas certificadas como ecológicas no cumplen con los estándares relacionados con la responsabilidad ambiental ni social [12,13,14], ni con los derechos humanos y entre otras muchas acciones contrarias a la certificación ecológica que poseen, continúan realizando amputaciones oculares a los langostinos hembras para aumentar la producción de huevos [3]. Además, la aplicación de los estándares mínimos sobre la cantidad de proteínas en las harinas subministradas como alimentos, antibióticos u otros productos químicos utilizados en la producción de langostinos -tales como plaguicidas, fungicidas, parasiticidas y alguicidas-, así como los conservantes para su transporte y comercialización, no están siempre garantizadas [15].

Por otro lado, en muchas ocasiones las certificaciones son creadas por las propias marcas y se las autoconceden sin especificar los criterios seguidos para dicha concesión, con la intención de ofrecer una imagen “verde” y una justificación de sostenibilidad ante la sociedad [15]. junto a las consecuencias ambientales que ocasionan todos los químicos utilizados durante el proceso de cultivo, transporte y comercialización, está también el efecto incierto sobre la salud del trabajador en las instalaciones acuícolas, los pescadores artesanales y mariscadoras que faenan en los remanentes de manglar cerca de estas “granjas” de langostinos y obviamente, sobre el consumidor.

España, es el principal país europeo en términos de importación de langostinos de la UE. Es urgente hacer una revisión de las marcas comercializadas en nuestro país y decidir si sus empresas quieren ser partícipes de esta injusticia social y ambiental que afecta a millones de personas, o si por lo contrario quieren apostar hacia una comercialización de productos que no agravan el hambre, la desigualdad social, ni generan conflictos armados en terceros países.

El cultivo de especies carnívoras o semicarnívoras como los langostinos, son además un modelo insostenle que no hace más que agravar la situación de las poblaciones salvajes cada vez más diezmadas, puesto que su cultivo, entre otros muchos factores negativos como hemos visto, necesitan proteínas animales en su nutrición. Por lo que es necesario ir a pescar grandes cantidades de pescado salvaje que luego se transformarán en harinas para su alimentación. Así pues, el cultivo de este tipo de organismos participa activamente en la sobreexplotación de los recursos pesqueros en otras zonas del planeta afectando a la soberanía alimentaria en terceros países.

Por otro lado, aprovechamos para recordarles que la gran mayoría de langostinos -así como las gambas, cigalas, peces planos y otros organismos que habitan en el fondo marino- se pescan de forma industrial con embarcaciones de arrastre, que es un método de pesca muy dañino para el medio ambiente y que consiste en arrastrar por el fondo marino una gran red con puertas y plomos. Este tipo de pesca, además de erosionar el fondo por donde pasa -destruyendo corales y praderas de plantas marinas-, no es un método de pesca selectivo, pues captura todo tipo de organismos marinos, que una vez pescados se desechan por la borda [15]. A lo que debemos añadir los miles de toneladas de peces que por ser de tamaño pequeño, tener poco valor en el mercado, no ser especies objetivo, etc., se descartan cada año, es decir, que junto tortugas marinas, tiburones, delfines, etc., se tiran por la borda muertos o moribundos con muy pocas posibilidades de sobrevivir [16].

Según la FAO, a nivel mundial, la tasa promedio de descartes de las pesquerías de arrastre de langostinos es del 62,3%. Pero el mayor desperdicio ocurre con los grandes arrastreros camaroneros que faenan en aguas tropicales, donde se encuentra la pesquería con el mayor despilfarro del mundo, puesto que en algunos casos, por cada kilogramo de langostino capturado, se tiran por la borda hasta 20 kilogramos de otras especies marinas [17].

Miremos como lo miremos, la producción y captura de langostinos (especialmente los de aguas cálidas) son un modelo de industria insostenible que NO debemos apoyar.

Con esta carta queremos insistir especialmente en que se dejen de comercializar las especies relacionadas con graves violaciones de los derechos humanos en varios países en vía de desarrollo en los trópicos. Las principales especies -que podrían representar en torno el 90% de la producción acuícola de langostinos a nivel mundial- son el langostino blanco (Penaeus vannamei o Litopenaeus vannamei) muy conocido también como camarón blanco, camarón patiblanco exótico o langostino tropical, y el langostino tigre gigante (Penaeus monodon), también comercializado con el nombre de langostino jumbo, langostino gigante, camarón gigante, gamba gigante o gambita jumbo, así como las diferentes variantes de langostinos tigres cultivados, procedentes de países asiáticos como China, Bangladesh, India, Indonesia, Tailandia o Vietnam y países latinoamericanos como Ecuador, Honduras, Nicaragua, Colombia, Venezuela o Brasil.

Les recomendamos fuertemente que se lean varios de los informes aquí citados en los que se describen las injusticias y vulneraciones sobre los derechos humanos por parte de esta industria.

También les animamos a que firmen la petición y que trabajen hacia la verdadera sostenibilidad en la comercialización de todos sus productos.

Si tienen preguntas no duden en contactar con:

Lydia Chaparro
Responsable de Pesca
Ecologistas en Acción
pesca@ecologistasenaccion.org

Reciban un cordial saludo,


Referencias:

1. FAO, 2010. World aquaculture 2010. Fisheries and Aquaculture Department, Technical Paper. No. 500/1, Rome, FAO. 2011. 105 p.
2. C-CONDEM, 2011. Folleto: Pueblos Ancestrales del Ecosistema Manglar del Ecuador. Recuperando Comunitariamente su Territorio.
3. Swedish Society for Nature Conservation, 2011: Aguas turbias: Investigando los impactos medioambientales y sociales de la industria camaronera en Bangladesh y en Ecuador.
4. University of British Columbia's School of Journalism, 2011. Cheap Shrimp, Hidden Cost. http://www.internationalreporting.org
5. Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), 2002. Manglares - Sustento local versus ganancia empresarial. 69 p.
6. TheEcologistTV, 2009. Selling Indonesia’s coast for cheap prawn and profit. http://www.theecologist.org
7. Fundació-ENT, 2011. Conflictos socio-ambientales de la acuicultura del camarón en Centroamérica. Un análisis desde la justicia ambiental.
8. Hiraishi, T., 2006. Coastal damage due to the Indian Ocean tsunami and its defence by greenbelt, Second international workshop on coastal disaster prevention: tsunami and storm surge disaster mitigation, Tokyo, Japan.
9. Fundació-ENT, 2011. Conflictos socio-ambientales de la acuicultura del camarón en Centroamérica. Un análisis desde la justicia ambiental.
10. Varela, J. 2001. The Human Rights Consequences Of Inequitable Trade And Development Expansion: The Abuse Of Law And Community Rights In The Gulf Of Fonseca, Honduras. In: D. Barnhizer (ed.) Effective Strategies for Protecting Human Rights: Prevention and intervention, trade and education. Ashgate, Dartmouth, 2001. p. 155.
11. Swedish Society for Nature Conservation (SSNC), 2011. The devastating truth behind shrimp farming. http://www.naturskyddsforeningen.se
12. Acción Ecológica, 2004. Certificación de camarón orgánico. Sello Verde a la impunidad.
13. Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), 2010. La certificación de la cría de camarones hace peligrar los manglares. Boletín 166.
14. C-CONDEM, 2007. Certificando la destrucción. Quito, 2007.
15. Ecologistas en Acción, 2011. Guía de consumo responsable de crustáceos (Parte I).
16. Ecologistas en Acción, 2011: Deuda Pesquera europea y española – Implicaciones, causas globales y soluciones.
17. Kelleher, K. 2008. Descartes en la pesca de captura marina mundial. Una actualización. Documento Técnico de Pesca. No. 470. Roma, FAO. 2008. 147p.