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En las ferias y fiestas de los pueblos no es raro ver carruseles de ponis. Sirviéndose de su indudable belleza y encanto, sus dueños hacen dinero fácil, atrayendo a los niños para que tengan la “gratificante” experiencia de subirse a su montura y establecer un contacto fugaz con el animal. Sin embargo, la realidad de este negocio es menos amable. Los ponis padecen jornadas maratonianas (entre 8 y 10 horas de media) dando vueltas sobre un eje, llegando a alcanzar las 1000 vueltas o más. Los descansos son breves y no siempre son sustituidos en el mismo día. La sujeción de la silla de montar al eje les provoca fuertes dolores y, con el tiempo, desviaciones de la columna. El roce continuo de sus pezuñas, incluso con cascos, en superficies duras, les producen lesiones. El destello y alternancia de las luces de diferentes colores minan su vista y en casos extremos contraen ceguera parcial, y el volumen tan alto de la música les ocasiona estrés. Una cuestión que deberían tomarse en serio las autoridades locales es que algunas de estas instalaciones no llevan al día la cartilla veterinaria, convirtiéndose en un riesgo sanitario real (encefalomielitis equina) para las personas. Los ayuntamientos buscan, también, el dinero fácil de las licencias, desentendiéndose de unas inspecciones necesarias que comprueben el estado sanitario de estos núcleos zoológicos. Las escuelas de equitación, los centros ecuestres o los campamentos hípicos de verano son una alternativa más civilizada y educativa.Los tradicionales tiovivos de caballitos, de notable factura artesanal, son un bonito nexo de unión de varias generaciones que convendría no perder. Los ponis son delicados, especialmente nerviosos y proclives al estrés. Su lugar entre nosotros no debería ser el de juguetes que estimulen entre los más jóvenes sensaciones nuevas de comunicación con los animales, lógicas y recomendables siempre, pero pensamos que en el caso que nos ocupa se ofrecen en una dirección equivocada. Fuente: http://www.ecologistasenaccion.org/article21104.html
Letter to
Alimentación y Medio Ambiente Ministerio de Agricultura
En las ferias y fiestas de los pueblos no es raro ver carruseles de ponis. Sirviéndose de su indudable belleza y encanto, sus dueños hacen dinero fácil, atrayendo a los niños para que tengan la “gratificante” experiencia de subirse a su montura y establecer un contacto fugaz con el animal. Sin embargo, la realidad de este negocio es menos amable.

Los ponis padecen jornadas maratonianas (entre 8 y 10 horas de media) dando vueltas sobre un eje, llegando a alcanzar las 1000 vueltas o más. Los descansos son breves y no siempre son sustituidos en el mismo día. La sujeción de la silla de montar al eje les provoca fuertes dolores y, con el tiempo, desviaciones de la columna. El roce continuo de sus pezuñas, incluso con cascos, en superficies duras, les producen lesiones. El destello y alternancia de las luces de diferentes colores minan su vista y en casos extremos contraen ceguera parcial, y el volumen tan alto de la música les ocasiona estrés.

Una cuestión que deberían tomarse en serio las autoridades locales es que algunas de estas instalaciones no llevan al día la cartilla veterinaria, convirtiéndose en un riesgo sanitario real (encefalomielitis equina) para las personas. Los ayuntamientos buscan, también, el dinero fácil de las licencias, desentendiéndose de unas inspecciones necesarias que comprueben el estado sanitario de estos núcleos zoológicos.

Las escuelas de equitación, los centros ecuestres o los campamentos hípicos de verano son una alternativa más civilizada y educativa.Los tradicionales tiovivos de caballitos, de notable factura artesanal, son un bonito nexo de unión de varias generaciones que convendría no perder.

Los ponis son delicados, especialmente nerviosos y proclives al estrés. Su lugar entre nosotros no debería ser el de juguetes que estimulen entre los más jóvenes sensaciones nuevas de comunicación con los animales, lógicas y recomendables siempre, pero pensamos que en el caso que nos ocupa se ofrecen en una dirección equivocada.
( texto extraído por su acierto a la hora de exponer el tema de http://www.ecologistasenaccion.org)


Lo establecido culturalmente debe ser revisado a la par que evolucionamos como seres humanos y nos hacemos conscientes de las cosas que hacemos por necesidad o las que hacemos por puro placer e intereses económicos.



Exigimos al ministerio la revocación de los permisos a los dueños de este tipo de "atracciones de feria" para acabar con este tipo claro de maltrato animal.

Atentamente: Juana Lorite López, en calidad de representante de los que firman esta petición.