Vuelta a clases #padresorganizados

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Buenos Aires, 16 de septiembre de 2020

El 15 de marzo de este año, el Poder Ejecutivo Nacional resolvió la suspensión de las clases presenciales (en principio por el plazo de catorce días corridos) en virtud de la emergencia sanitaria y el estado de situación epidemiológica. Desde esa fecha, la suspensión se ha prorrogado sin ofrecer ninguna certeza, ni diagramar un plan alternativo de clases presenciales hasta tanto continúe el escenario de pandemia. Esta política contrasta fuertemente con las acciones y planes desarrollados en otros países que han priorizado el retorno a las aulas para niños y adolescentes y han diseñado estrategias para que la reapertura de las escuelas se desarrolle bajo pautas de cuidado para el conjunto de la comunidad educativa.

La escuela no puede depender de una vacuna que, en el pronóstico más optimista, se estima que estará disponible en abril o mayo del año próximo, pero que en realidad no representa más que una promesa futura sin ninguna fecha cierta de aplicación ni eficacia probada.
Cientos de miles de niños y adolescentes están recluidos en sus casas, separados de sus pares y de sus maestros. Mientras tanto, las autoridades y los gremios se niegan a discutir cualquier escenario de clases presenciales bajo el argumento de una enfermedad que, según demuestran las estadísticas disponibles, no afecta seriamente a los niños (https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/hcp/planning-scenarios.html Por otro lado, la evidencia demuestra que la salud física y emocional de nuestros hijos se está deteriorando. Tanto en aquellos sectores vulnerables, con problemas de conectividad y en una situación de virtual deserción escolar, como en aquellos que tienen resuelta la cuestión del vínculo tecnológico. Horas y horas de zooms y videos educativos están lejos de representar herramientas idóneas para que los niños aprendan y, probablemente, esa exposición prolongada a las pantallas tendrá, tarde o temprano, secuelas para su salud.

Imposibilitados de cualquier práctica deportiva, desarticulados los vínculos con amigos, expuestos, en muchos casos, a situaciones de violencia familiar, su salud física se deteriora y las amenazas para su salud emocional son una realidad innegable. El confinamiento, la cuarentena, es una experiencia que los afecta durante los años críticos para su desarrollo biopsicosocial (y en el caso de los más pequeños el impacto es aún mayor).

Entonces, ¿no es momento de pensar soluciones para que niños y adolescentes recuperen parte de lo perdido como se ha hecho en otros países del mundo? Dada la evidencia disponible sobre la circulación de la COVID-19 en espacios cerrados, ¿acaso no es posible recurrir de manera extraordinaria a los espacios abiertos (clubes, plazas, parques, terrazas y patios) para recibir a nuestros hijos y maestros?
Es posible y necesario. “El regreso a la escuela no puede ser entendido como un todo o nada: el país entero o ningún municipio; todos los alumnos al mismo tiempo o nadie; de lunes a viernes o nunca”, como apunta atinadamente Guadalupe Rojo. Debemos encontrar una alternativa que articule las necesidades de los niños con las restricciones lógicas que impone una situación excepcional como la que estamos viviendo. Hay cuestiones básicas que exigen respuestas inmediatas: ¿Cuál es el plan para un retorno a las clases presenciales a partir de las variables que hoy disponemos? ¿Qué criterios epidemiológicos se tienen en cuenta para la reapertura de las escuelas?

El presidente, el ministro de educación nacional, así como los gobernadores, ministros y secretarios de educación de los diferentes distritos, deben consensuar la declaración de la emergencia educativa y ofrecer una planificación concreta para recuperar las clases presenciales que se ajuste a los diversos escenarios epidemiológicos y socio-económicos de cada lugar del país.

Es urgente.