MNBA: devuelvan Reposo de Schiaffino al público

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Quienes visitaron el Museo Nacional de Bellas Artes luego de su reapertura, notaron que la obra Reposo del pintor argentino Eduardo Schiaffino ya no forma parte de la colección abierta al público. Se trata de una de las obras más emblemáticas de una figura polifacética: artista, crítico, primer historiógrafo, destacado gestor cultural, y sobre todo creador y primer director del mismísimo Museo Nacional de Bellas Artes.  

Esta petición es para que Reposo de Schiaffino vuelva a formar parte de la colección permanente:

Sobre esta obra, la especialista en historia del arte argentino y latinoamericano del siglo XIX, Laura Malosetti Costa, escribió: 

Reposo fue pintado por Eduardo Schiaffino en París y admitido en la Exposición Universal con la que se celebró el centenario de la Revolución Francesa, donde obtuvo una medalla de tercera clase (bronce). Su autor fue el fundador y primer director del Museo Nacional de Bellas Artes, además de activo promotor de las bellas artes en Buenos Aires y primer historiador del arte argentino. En su libro La pintura y la escultura en Argentina (1933) comentó su propia obra en tercera persona, destacando la importancia de aquella medalla (solo el escultor Manuel de Santa Coloma había sido premiado en París 25 años antes que él y otros 25 años habrían de pasar antes de que otro argentino, Antonio Alice, volviera a ser premiado allí).
El cuadro presenta un desnudo de espaldas, en una pose algo forzada, con las piernas extendidas y cruzadas y un brazo arqueado sobre la cabeza. El cuerpo aparece pálido y azulado en medio de un espacio enteramente azul, en el que el paño sobre el que se encuentra tendido y el fondo tienen apenas diferencias de valor. Esta ambigüedad espacial se ve interrumpida solamente por un pequeño fragmento de piso, sobre el que se advierte el borde del paño (con brillos de terciopelo), en el ángulo inferior izquierdo de la tela. Hay también cierta ambigüedad de género en ese cuerpo casi adolescente, con el cabello muy corto y la cara oculta, en una posición que aparece como una reelaboración del Hermafrodito durmiente, el mármol helenístico restaurado por Bernini, del Museo del Louvre. Es tal vez el primer cuadro de inspiración simbolista pintado por Schiaffino, quien hasta entonces había exhibido algunas “impresiones” de paisaje y escenas de toilette más cercanas al estilo y la iconografía impresionistas. Jaime de la María comentó el cuadro para La Nación (2 de julio de 1890) atribuyéndole un estilo análogo al del maestro de Schiaffino en París, Pierre Puvis de Chavannes: “la analogía de carácter podrá parecer casual, pero la de estilo se explica: Schiaffino es puvisiste”. La atmósfera simbolista de Reposo adquiere un carácter más marcado en varias obras posteriores del artista, como Vesper (inv. 5377, MNBA), Craintive o Margot, tres retratos exhibidos al año siguiente en la exposición de la Sociedad de Damas de Nuestra Señora del Carmen, o el Desnudo (sinfonía en rojo) (inv. 7463, MNBA) que expuso en el Salón del Ateneo de 1895. Margot (inv. 1656, MNBA) fue celebrada en varios artículos como la primera obra en la que se revelaba su calidad como artista. Pero la polémica que entabló con el crítico que firmaba A.Zul de Prusia a propósito de la supuesta autoría de las obras de los pensionados en Europa, terminó ese año con un duelo a pistola.
Schiaffino había viajado trayendo Reposo a Buenos Aires en medio de la crisis de 1890, con el objeto de exhibirlo y gestionar la renovación de su beca de estudios. Tanto la exposición de la pintura en la vidriera de la casa Bossi (donde el año anterior su primer envío desde París había sido comentado con franca hostilidad) como el otorgamiento de la beca, recibieron comentarios muy negativos en la prensa. Un comentarista anónimo del diario La Argentina (1 de julio de 1890) lo objetó por encontrarlo deforme e indecente, “con una sans-façon que huele a la legua al Paganismo y a sus más florecientes saturnales”. El artista encaró personalmente la defensa de su cuadro, que volvió a exponer en el primer Salón del Ateneo, en 1893, y nuevamente en el cuarto Salón del Ateneo en 1896, recogiendo en ambas ocasiones severas críticas, no solo hacia la pintura sino también al hecho de volver a incluirla en los salones cuando era una obra que no era nueva y que ya había sido expuesta y criticada con dureza. Es posible advertir en el gesto de Schiaffino una posición desafiante en consonancia con su tenaz actividad orientada –en sus propias palabras– a “educar el gusto” del público de Buenos Aires, introduciendo audacias del arte moderno en un género que a lo largo del siglo XIX se había tornado emblemático de aquellas. En Buenos Aires todavía resonaba el escándalo que había suscitado, en 1887, Le lever de la bonne de Eduardo Sívori.