Ceuta Ciudad AUTONOMA, está actualmente viviendo un infierno en la frontera del TARAJAL

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Ceuta Ciudad AUTONOMA precisa de al menos dos aduanas o pasos fronterizos con MARRUECOS. 

Decía hace muchos años un diplomático que España y Marruecos estaban condenados a entenderse. Una frase pronunciada hace más de medio siglo que actualmente permite una colaboración entre los dos países en asuntos que son de importancia esencial para el desarrollo político, social y económico de ambos Estados. Sin embargo, nunca ninguna relación es perfecta, siempre quedan flecos pendientes y desde hace meses la situación en la frontera entre Ceuta y Marruecos se ha convertido en una situación insostenible que perjudica a las poblaciones de ambos lados.
Dos países que gozan de un peso político influyente en sus respectivas zonas de influencia no pueden permitir que la frontera que les une a través de la ciudad de Ceuta se haya convertido en un foco de noticias permanente que van desde el fallecimiento de ciudadanas marroquíes que trabajan en el transporte de mercancías a través del paso fronterizo Tarajal II, a colapsos en Ceuta de vehículos que retrasan incluso la llegada al único centro hospitalario, esperas media de cinco y seis horas en la frontera de Bab-Septa incluso en días en que no se permite el negocio del transporte de mercancías, pérdidas de enlaces marítimos para ciudadanos de distintos países que han pasado unos días en Marruecos o impedimentos a familias que cruzan la frontera en ambos sentidos para ver a sus familiares al otro lado. Hablamos no de política, sino de situaciones humanitarias que necesitan de una solución urgente para que la fluidez tanto en las fronteras del Tarajal como de Bab Septa vuelva a la normalidad que ha tenido toda la vida.
La población de la provincia de Tetuán se ha multiplicado por cinco en los últimos años. De unos 200.000 habitantes a casi 1 millón de personas en poco tiempo. Atraídos la mayor parte de los mismos por la política de desarrollo en infraestructuras que ha promovido el Gobierno marroquí, bajo la dirección de Su Majestad Mohamed VI. Ese incremento en el número de habitantes necesita del mantenimiento de una paz social en el Norte de Marruecos que no permita el cultivo de actividades radicales que preocupan a ambos lados de la frontera. Son miles los ciudadanos marroquíes que todos los días cruzan la frontera y que viven del trabajo que desarrollan en Ceuta a todos los niveles: transporte de mercancías, empleadas del hogar, construcción y otras actividades. Ciudadanos que teniendo asegurado su trabajo para ellos y para sus familias aseguran una estabilidad social interesante tanto para España como para Marruecos.
Los miles de ciudadanos marroquíes que entran en Ceuta a trabajar todos los días, bien como peatones como en vehículos, necesitan de una fórmula imaginativa que permita un tránsito rápido tanto a la entrada como a la salida. No son usuarios de ambas fronteras por razones de turismo o de ocio, sino de necesidad para ganar unos sueldos que permitan el mantenimiento de sus familias.
Pero también hay cientos de ciudadanos marroquíes, un país donde la clase media ha crecido en los últimos años como consecuencia de la política de desarrollo emprendida por el Estado, que buscan en Ceuta una ciudad de servicios que les permite encontrar unas jornadas u horas de ocio. Ciudadanos que se ven atrapados durante horas en unas colas de vehículos interminables que no les permiten moverse y que no tienen más remedio que regresar a su punto de origen sin haber podido cumplir su objetivo.
Un punto esencial tanto para unos casos como para los otros es la necesidad de que por parte de las autoridades españolas se cumpla, de manera escrupulosa, la excepción al Tratado de Schengen que permite a los nacionales marroquíes que residan en la provincia de Tetuán a entrar en Ceuta sin necesidad de visado, con la única obligación de no poder pernoctar. Sin embargo, el Cuerpo Nacional de Policía impide regularmente, a diario en horario nocturno y los sábados y domingos durante las 24 horas, la entrada de estos ciudadanos que tienen derecho si lo desean a entrar en Ceuta.
Del mismo modo, agentes de la Guardia Civil, por órdenes de la Delegación del Gobierno en Ceuta, impiden que los ciudadanos marroquíes salgan, como peatones, en dirección a Marruecos, con compras que han sido realizadas en Ceuta. Compras que no tienen nada que ver con el transporte de mercancías desde Ceuta a Marruecos.
Ese tránsito fronterizo desde Marruecos hacia Ceuta también perjudica notablemente a cientos de ciudadanos que han decidido vivir en las poblaciones marroquíes más cercanas a la frontera porque su situación económica les impide pagar alquileres muy altos en Ceuta.
Del otro lado, las relaciones entre familias ceutíes y marroquíes que han sido una nota común a lo largo de la historia y que, incluso se han incrementado a lo largo de los últimos años, se están viendo afectadas debido a las largas horas de espera tanto para entrar en Marruecos como para salir del país.
Ciudadanos españoles hace muchos años que escogieron las zonas turísticas de la costa Norte para alquilar apartamentos y villas donde pasar los fines de semana. Visitas que suponen igualmente ingresos en comercios y restaurantes de manera principal y que se están viendo afectados por la actual situación.
En esta breve exposición de la situación angustiosa que padecen las fronteras del Tarajal y Bab Septa se destaca, de manera principal, los problemas que padecen a diario miles de personas y donde es necesario analizarlo desde el punto de vista humanitario, sin entrar en otras consideraciones que escapan, por supuesto, a las relaciones entre dos países hermanos y soberanos como son España y Marruecos.
Están pasando los meses y el problema se hace cada vez de más envergadura. Se necesita la atención urgente por parte de los Gobiernos de España y Marruecos para solventar situaciones verdaderamente dramáticas que perjudican a miles de españoles y de marroquíes. Independientemente de conflictos políticos hay una realidad palpable a la que no pueden permanecer ciegos los políticos de ambos lados. En definitiva, Ceuta y el entorno marroquí de la provincia de Tetuán llevan decenas de años conviviendo en perfecta paz y armonía, y que si continúa esta escalada de conflictos que terminan resumiéndose en problemas humanos para todos y cada uno de los usuarios de ambas fronteras, podría resquebrajar los cimientos de un edificio que se han venido construyendo desde épocas pretéritas bajo los conceptos de la armonía y la convivencia.



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