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Por la libertad de Francisco José Soldado Vera

Francisco José Soldado Vera fue encarcelado el 14 de enero de 2013. El juez entendió que había cometido delito de estafa cuando tuvo que cerrar su pequeña empresa, al no poder hacer frente a los impagos de un cliente. Pese a haber rehecho su vida y después de 10 años, ingresó en prisión con una pena de 18 meses de cárcel.

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Ministro de Justicia
Por la libertad de Francisco José Soldado Vera

Francisco José Soldado Vera fue encarcelado el 14 de enero de 2013. El juez entendió que había cometido delito de estafa cuando tuvo que cerrar su pequeña empresa, al no poder hacer frente a los impagos de un cliente. Pese a haber rehecho su vida y después de 10 años, ingresó en prisión con una pena de 18 meses de cárcel.

Ayer acompañé a mi amigo a la cárcel. Se despidió de sus hijos, de su madre y su pareja y abandonó su puesto de trabajo para ingresar en prisión. Por un delito cometido hace diez años. El juez estimó que había incurrido en estafa cuando tuvo que cerrar su pequeña empresa, creada con mucho esfuerzo junto a su padre, ante la imposibilidad de pagar a sus proveedores, porque un cliente le dejó colgado con un pedido demasiado grande. Un cliente que sigue en libertad, seguramente por haber podido contratar un mejor abogado.
Nadie se lo cree en el pueblo. “Por eso nadie va a la cárcel”, dicen. Pero no es así. Las puertas de la cárcel no se abren para todos por igual. La justicia tampoco.
Había agotado todos los recursos posibles, aconsejado por su abogado, con la esperanza de poder eludir el ingreso en prisión. Incluso el fiscal, en el juicio, apoyó la conmutación de la pena por trabajos sociales. Pero el juez lo desestimó. Quizás vio en mi amigo un peligro para la sociedad, quizás pensó que podría fugarse o, peor aún, crear alarma social. Un delincuente como mi amigo no puede seguir en libertad, sería su reflexión.
La cárcel debería ser, según nuestra Constitución, un lugar para la reeducación y la reinserción social. Imagino que este principio constitucional habrá influido en la decisión del juez. Porque mi amigo necesita probablemente ser reeducado y reinsertado. Porque tras cerrar su empresa, tuvo la fuerza suficiente para iniciar un nuevo proyecto y crear puestos de trabajo. Porque tras separarse de su anterior pareja, pudo iniciar una nueva relación. Porque sigue queriendo y manteniendo a sus dos hijos. Porque, siendo hijo único, necesita cuidar de su madre viuda.
Llegamos a la cárcel en silencio. Aparcamos el coche y descargamos la bolsa de viaje. “Tiene que dejar todos los líquidos. Podría haber droga”, nos dice el funcionario. “Claro”, responde mecánicamente mi amigo, podría haber droga. Con movimientos torpes y nerviosos, accedemos a la entrada. “En unos meses estás fuera”, nos anima.
Seguimos andando hasta el módulo de ingresos. La espera se hace larga. Los nervios nos hacen decir cosas estúpidas. Finalmente un funcionario nos recibe y nos apremia para que nos despidamos. Una puerta mecánica se abre y mi amigo entra finalmente en prisión. Para reinsertarse.
“Qué raro. Por eso nadie va a la cárcel”, nos repite el funcionario. “Casi nadie”, respondo. Casi nadie.