Ni un solo becario sin salario mínimo interprofesional

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Lanzo esta propuesta, como un miembro más de una generación asfixiada por la situación económica laboral. La generación más preparada de la historia, como bien nos bautizan, en un tono que suena a sátira cada vez que miras a tu alrededor. Una generación que ha sido estrangulada y ninguneada, y que merece ser escuchada. Yo, como gran parte de la juventud española, soy universitario.

Soy universitario, y me siento estúpido por haber elegido estudiar una carrera. Me siento estúpido, porque hemos dejado que nos convenzan de que toda esta situación laboral es algo normal. Me siento estúpido cuando una empresa exige en su oferta de “trabajo” conocimientos previos de idiomas que el 90% de sus ejecutivos no cumple, así como manejo de informática, software, programación, capacidad de sacrificio, esfuerzo y una larga lista de requisitos dignos de un superhombre. Pero cuando me siento estúpido realmente, es cuando leo la remuneración de estas actividades, que suele ser la misma: 0€.

Como universitarios a punto de terminar nuestros estudios, los becarios somos personas sobradamente preparadas. Cumplimos con las labores que se nos asignan con una motivación y ganas dignas de elogio. Y aportamos a la empresa muchísimo más de lo que ellos quieren reconocer. ¿Por qué si no iban a demandar cada vez más y más becarios si no resultamos productivos? De nada vale el viejo discurso de “esta es una oportunidad para aprender”. Somos trabajadores de facto, y como tales merecemos una remuneración acorde. ¿Por qué una persona con estudios pierde la capacidad de acogerse al salario mínimo interprofesional? Hemos luchado durante siglos para abolir la esclavitud, pero la hemos recuperado de una forma tan sutil que nadie parece haberse percatado de que está de vuelta.

Estas prácticas amorales no hacen más que dañar nuestra ya maltrecha economía. Puestos de trabajo que dejan de generarse, porque un becario los cubre a coste cero. Personas que trabajan durante años sin aportar nada al estado, porque no cobran un céntimo, y si lo hacen es dentro de sobres dignos de una trama mafiosa. Renta circular que desaparece, empobreciendo al país y creando una juventud  incapacitada y desmotivada. Familias que se ven obligadas a mantener a sus hijos hasta los 30 años. ¿Y el colmo de la ironía? Que el estado subvencione a las empresas por tenernos “empleados”.

Como estudiantes, nuestras familias gastan miles, decenas de miles de euros en una educación “pública” de una calidad más que cuestionable, y más dinero aún desembolsan los que estudian en la universidad privada, para descubrir que ese dinero ha ido a saco roto, que nuestro título nos califica para la precariedad, para un año de trabajo gratuito “para hacer currículum”. Un año de trabajo lleno de promesas de permanencia en la empresa, promesas que son mentira en la mayoría de las ocasiones. Los becarios somos reemplazados por nuevos becarios en un ciclo cruel y humillante.

Necesitamos abolir estas prácticas deshumanizantes, que nos privan de desarrollarnos como personas plenas y útiles. Por ello, solicitamos al gobierno que se instaure con urgencia un salario mínimo interprofesional para cualquier tipo de actividad laboral, con independencia del carácter formativo que tenga ésta, y exigimos que se deje de primar económicamente a las empresas que emplean a becarios, por tratarse de una medida a todas luces contraproducente. Nuestro esfuerzo vale dinero, y lo exigimos.



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