Yo de mayor quiero ser feliz :) Educación Emocional como asignatura imprescindible.

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Si te pregunto a ti, como madre, como padre, el mayor anhelo que sentiste al ver a tu hij@ y tenerl@ por primera vez en tus brazos, estoy convencida de que me dirías que fue: por "favor, que siempre, siempre, siempre esté a salvo y sea feliz". Y la primera promesa que internamente le y te hiciste fue: "Haría lo que fuese, para que eso sea así". Y el legado más grande que puedes dejarle es enseñarle a serlo por sí mism@, ahora y siempre. 

Quizá condicionados por el sistema que nos rije, y dejándonos llevar por la locura estresante de nuestro día a día, limitamos conceptualmente la educación a cosas básicas tales como: que mi hij@ estudie, se porte bien y sea obediente. Por supuesto, eso son características de un niñ@ bien educad@, sin embargo...

Educar no solo consiste en transmitir conocimientos y enseñar pautas de comportamiento adecuadas y acordes al sistema, que también. Educar, sobretodo, debe ser prepararles para la vida; y en la vida, independientemente de profesión, estado civil, nivel adquisitivo, nivel de formación o cualquier otro concepto que sirva para etiquetar a las personas socialmente, en la vida, lo que todos deseamos por encima de todas esas cosas, es ser felices, y lo que vuestros hij@s anhelan y anhelarán cuando sean adultos será exactamente lo mismo: ser felices. Y está comprobado que muchas veces o nunca se encuentra en todo lo nombrado anteriormente: ayuda pero no es la clave.

Y cuál es la clave? Qué van a necesitar para ser felices? A grandes rasgos y resumiendo mucho porque no puedo escribir aquí un libro:

- Alimentar una autoestima sana, basada más en la percepción que tengan de sí mism@s que en el reconocimiento externo. Entre muchas otras cosas, para que siempre se sientan a gusto en su piel, pase lo que pase ahí fuera, para que puedan aceptar todas aquellas situaciones que no les sean favorables sin identificarse con ellas, y puedan y se atrevan a cambiarlas porque se sientan merecedore/as de algo mejor. 

Del nivel de aceptación, amor incondicional y respeto que sientan por ellos mismos dependerá en gran medida su nivel de bienestar, así como su capacidad de construir relaciones sanas y equilibradas, sin cometer ni consentir abusos. Nuestro entorno, relaciones familiares, sentimentales, amigos y compañeros de trabajo, contribuye enormemente a nuestra salud emocional, y aprender a construirlas de una forma sana, equilibrada y recíproca es básico para que esas relaciones sean fuente de crecimiento y armonía. 

- Conocerse a sí mism@s y aprender a comprender y gestionar sus emociones. Con eso conseguirán múltiples beneficios, no solo generarse a sí mism@s menos sufrimientos, sino también desarrollar su empatía, que a su vez mejorará notablemente la calidad de sus relaciones, y por lo tanto, de su bienestar. Al conocerse también podrán definir más pronto que tarde su vocación, su propósito de vida, aquello que les gusta hacer, a lo que se dedicarían durante horas y que les llena, algo que solo depende de ell@s mism@s. Eso, además de una enorme fuente de placer, les hará personas emocionalmente más independientes y l@s mantendrá alejados de relaciones basadas en la dependencia y la necesidad y no en el amor. 

Personalmente, si algo cambiaría al mirar atrás, no serían circunstancias, ni momentos ni a personas, aunque en su día pude juzgarlos como buenos o malos, lo único que cambiaría es a pesar de esas circunstancias, de esos momentos o incluso de esas personas, no haber sido feliz. 

Emociones tales como la culpa y el miedo están muy arraigadas desde la infancia y se nos manifiestan en muchas ocasiones en nuestra vida adulta. Todos habremos cometido errores y habremos perdido mucho precisamente por el miedo a perder. Es imprescindible saber reconocerlas y saber hacerle frente de una forma pro activa y no destructiva. 

- Ser resilientes. La resiliencia es la capacidad de adaptarse a los cambios de forma positiva y en un corto plazo de tiempo, cualidad tan importante cuando tengan que enfrentarse a situaciones que no dependan de ell@s y en las que no tengan otra opción que adaptarse para después, utilizando su competencias y habilidades, transformarlas de nuevo en situaciones favorables.

- Son responsables de su vida y protagonitas de su historia, no víctimas del mundo, de las circunstancias o de otras personas. Hay que explicarles que son poderosos, tienen un súper poder, y ayudarles a que lo manifiesten en su vida empezando por pequeñas cosas, para que puedan comprobar por sí mism@s que es cierto y aprendan a utilizarlo a su favor y en favor de los demás. Tienen el poder del pensamiento, que se traducirá en el poder de sus emociones, que a su vez se convertirá en el poder de sus acciones, y en gran medida, su vida va a ser el resultado de la suma de esas tres cosas. 

Vivimos en un mundo donde todo va cada vez más rápido, tenemos a nuestro alcance muchas cosas que nos "facilitan" la vida con las que antes no contábamos, pero también estamos expuestos a más peligros. Los niñ@s reciben muchos ímputs externos a través de cada vez más canales: redes sociales que se multiplican por momentos, y con ellas el contacto con muchísimas personas que no siempre tienen algo bueno que ofrecer, internet...todo ellos además enfocados a posar bien en las fotos, a depender de un reconocimiento externo para que parezca que lo que somos y lo que estamos viviendo es y tiene importancia; VIVIR ha quedado en un segundo plano relegado por el "ENSEÑAR lo que estoy viviendo", y cuantos más likes mejor. Los niñ@s no tienen una personalidad y una base emocional aún definida ni lo suficientemente fuerte como para gestionar eso a su favor. 

Pasan del entorno protegido y el contacto limitado del colegio al entorno amplio y abierto del instituto, donde se les expone y se les da unas libertades que no saben utilizar y se les exige que lo hagan como si fueran adultos. 

En la televisión tienen éxito programas que atentan directamente contra el bienestar e incluso los derechos humanos. Alimentan la disputa, el juzgar, el criticar o el comprar amor a base de atentar directamente contra nuestro amor propio, por la necesidad de reconocimiento externo que alimenta un ego narcisista, que no una sana autoestima. 

 Leí una vez una frase que se me quedó grabada de tan cierta que me pareció: "el peligro de la infancia es que las cosas se viven de una forma tan intensa y real aunque no las comprendas, que para cuando la comprensión llega, la herida ya es demasiado profunda".

No podemos evitar que vivan en el mundo en el que vivimos, no podemos protegerlos de toda esa información e ímputs externos que pueden resultar tan dañinos para su salud emocional si los reciben sin estar preparados para ello, pero sí podemos y debemos protegerlo, "vacunarlos" como lo hacemos contra una gripe o cualquier otra enfermedad física, dándoles herramientas. 

La herramienta universal de crecimiento humano por excelencia es, ha sido y siempre será la educación, y ésta debe adaptarse a las condiciones actuales y evolucionar acorde a la sociedad y a los momentos que estamos viviendo, en beneficio de los niñ@s que un día serán adult@s y deberán construir también una etapa, una época y una historia.

A nosotros no nos educaron bajo estos conceptos. Y muchos de nosotros hemos aprendido muchos de ellos a base de ensayo y error, de mucho miedo infundado, de  mucho sufrimiento innecesario, de dejarnos hacer más daño del necesario y en hacer más daño del necesario a otros. Está bien, es nuestro aprendizaje y nuestro camino, el que cada uno ha necesitado recorrer, pero reconozcamos que si nos hubieran dado algún súper poder de pequeños y nos hubieran enseñado a usarlo tampoco nos habría venido mal la ayudita ;) 

Dejé mi profesión como empleada de banca durante diez años para dedicarme a impartir educación emocional, tanto a padres, como a niñ@s, adolescentes y profesores. Nunca he dejado ni dejaré de formarme y aprender de ellos. He podido comprobar por mí misma infinitas veces que detectando, priorizando y enseñándoles a llenar carencias, suplir inseguridades y mejorar su estado de ánimo, los cambios a nivel emocional, académico y conductual son simplemente asombrosos y, en algunos casos, nos han parecido incluso milagrosos. 

Creo firmemente en la educación como herramienta de desarrollo humano, y creo firmemente en la educación emocional como herramienta para el desarrollo de personas FELICES, que al final es a lo que venimos a este mundo, no nos distraigamos por el camino. 

Se la vamos a negar a ell@s? 

 

 



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