No pedimos una escuela moderna, pero que tenga paredes, techo y una cocina

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La comunidad Pozo el Perdido, perteneciente al Pueblo Pilagá y ubicada a más de cincuenta kilómetros de la localidad de Las Lomitas, en el centro-oeste formoseño, reclama la urgente construcción de su escuela. La importancia de la educación, la organización comunitaria, la lucha y los más de diez años de gestión.

Juan Domingo Brinachi, histórico dirigente del Pueblo Pilagá, dijo: “La preocupación que tenemos nosotros es el tema de la escuela, que hasta el momento no tenemos novedad. Presentamos muchos papeles al Ministerio de Educación de la provincia de Formosa, pero seguimos sin novedad.

Pozo el Perdido es una comunidad en la que viven diecisiete familias pilagá. Está ubicada a cincuenta kilómetros de la ciudad de Las Lomitas, sobre la ruta provincial Nº 32. La ruta es de tierra y cuando llueve es intransitable.

La escuela es un Anexo de la Escuela Nº 95, perteneciente a la comunidad El Simbolar, que se encuentra a diez kilómetros de Pozo el Perdido. Actualmente asisten veinticinco estudiantes de entre cinco y catorce años. Alfonso Brinachi, Maestro Especial de Modalidad Aborigen (MEMA), grafica la situación edilicia en la que se encuentran: “La escuela es de techo de zinc, que nos donó Carlos Meza, cuando era intendente del pueblo. Chapas que le sacaron a la Escuela Nº 42 cuando la refaccionaron. Con esas chapas viejas pudimos armar un techito para la escuela. Hicimos unas paredes de palo pique para que los chicos no sufran de calor y de frio. El estado de la escuela es lamentable. No tenemos cocina, no tenemos bancos, no tenemos ni siquiera paredes”.

Además, sobre los canales de diálogo que intentaron generar desde la comunidad, Alfonso Brinachi, manifestó: “Estamos cansados de todas las notas que presentamos al Ministerio de Educación de la provincia y a la delegación de Las Lomitas y ya no sabemos cómo tenemos que encarar los pedidos que tenemos que hacer. Ya han pasado muchos años de gestión y diálogo y no logramos nada. Nosotros queremos que se respete la ley, queremos una educación y una escuela digna. Lástima que son leyes, son papeles que no son la realidad”.

Y sobre los pedidos concretos, el maestro bilingüe de la comunidad, acentuó: “Como dirigentes de la comunidad tenemos que difundir esta situación. Lo que estamos pidiendo es la construcción de la escuela. Ya lo venimos pidiendo hace muchos años. No pedimos que sea moderna, pero que tenga paredes, techo y una cocina. Para que los chicos estén bien. Nos preocupa la salud de los chicos cuando van a la escuela. El frio, el calor, la falta de protección”.

La Ley Integral del Aborigen Nº426, de la provincia de Formosa, en su artículo veintiuno, establece una serie de obligaciones y responsabilidades al Instituto de Comunidades Aborígenes (ICA), el Ministerio de Educación y el Consejo General de Educación que van desde garantizar el derecho a una educación bilingüe, contenidos pedagógicos que respeten las cosmovisiones de los pueblos, becas a estudiantes y capacitación a maestros indígenas, entre otras cosas. En la comunidad Pozo el Perdido, desde hace más de diez años, se reclama el edificio para poder dar clases.

La escuela es una de las luchas históricas de la comunidad. En las asambleas, reuniones y presentaciones ante funcionarios provinciales, siempre se destaca la necesidad de resolver esta realidad. Juan Domingo Brinachi, representante de la comunidad, reconoce la preocupación por la situación que atraviesan sus hijos. “Los chicos sufren demasiado, no tenemos escuela que proteja bien a los chicos. Por ahí viene la llovizna y los chicos se mojan, el viento norte o los calores y el techo de zinc no cubre nada. A veces se viene el viento y el plato de comida se les llena de tierra. No hay protección para los chicos. Igual ellos comen porque hay necesidad, no tienen una cobertura para que ellos no ocupen eso”, relató.

Los chicos tienen la voluntad de seguir estudiando. Nunca tienen una excusa para no ir a estudiar. Los animales, los chivos y las vacas pasan por el lugar donde ellos estudian, pero a ellos no les importa. Los chicos no miran las condiciones de la escuela porque ellos quieren estudiar. Pero es una vergüenza, es lamentable que los chicos estén en esta situación. En una provincia que se dice pionera en los derechos indígenas, estamos viviendo esta situación. No sólo pedimos, exigimos que se cumpla la ley”



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