Personas Cristianas comprometidas con la igualdad

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“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer;
porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Gálatas 3:28

Las personas cristianas abajo firmantes, con motivo del día del 8 de Marzo, Día de la Mujer, queremos hacer una reflexión en voz alta y un llamamiento a Gobiernos y Sociedad ante la situación de falta de equidad y de libertad que sufren las mujeres con respecto a los hombres en todas las partes del mundo.
Pensamos que cada día del año hay que luchar y trabajar para que todas las
personas tengan garantizados los derechos humanos. Pero consideramos que aún hoy, en el siglo XXI es necesario poner el acento, al menos un día al año, ante la desigualdad que sufren las mujeres, y no podemos permanecer impasibles, por lo que queremos expresar nuestro desacuerdo con voz firme. Trabajamos cada día para que todas las personas tengamos los mismos derechos y oportunidades, y hoy especialmente queremos poner atención en la situación de las mujeres.

Quizá haya quien dude de la necesidad de esta lucha, será acaso necesario
entonces recordar la situación de miles de mujeres en todo el mundo, que sufren violencia, acoso, violaciones, mutilaciones, falta de oportunidades laborales, matrimonios forzados, dificultad de acceso a la educación y un largo y triste etcétera, por el hecho de ser mujeres.
A lo largo de la historia, la mujer ha estado en desigualdad de condiciones y, aunque se ha recorrido un largo camino, debemos seguir reivindicando la igualdad de derechos entre mujeres y hombres.
Nosotras, personas creyentes, desde nuestro contexto, queremos comprometernos en las reivindicaciones que, ante las desigualdades, compartimos con muchas mujeres de nuestro entorno, pero especialmente queremos asumir un compromiso de denuncia para con aquellas que no pueden alzar su voz ante situaciones cotidianas que las denigran y les hacen perder su dignidad como personas.


Es por ello que reclamamos:

  1. Que se respete la dignidad como persona de las mujeres, que no se emplee sobre ellas ningún tipo de violencia, ni física ni psíquica.
  2. Que se procuren las mismas oportunidades en su educación a niñas y niños, el derecho a la enseñanza y el derecho al juego, en igualdad de condiciones y sin discriminación.  
  3. Que se establezcan las mismas condiciones laborales y salariales, las mismas oportunidades para mujeres que contribuyen con su esfuerzo al crecimiento económico, sea o no un trabajo remunerado. Que se cuente con departamentos de recursos humanos profesionales cualificados en los que la elección del personal se base en su currículo profesional y no en cuestiones sexistas relativas a la maternidad y/o reproductivas.
  4. Que se respete la libertad de las mujeres de expresarse y de vivir su sexualidad, igual que se respeta la de los hombres.
  5. Que todas las mujeres tengan la oportunidad de disfrutar de su maternidad, otorgándoles un periodo de baja laboral digno, que les permita cubrir plenamente las necesidades de sus hijos e hijas sin que ellos perjudique sus carreras profesionales y sus condiciones de trabajo.
  6. Que se mejoren las medidas de conciliación familiar tanto para mujeres como para hombres, permitiendo jornadas laborales flexibles para los progenitores, sin que ello afecte al rendimiento laboral.
  7. Que se transmita a la sociedad cánones de belleza que no subyuguen a las mujeres, que no las encorseten en delgadez enfermiza y que no desnaturalicen el proceso natural de envejecimiento.
  8. Que la mujeres formen parte activa y decisiva en los órganos institucionales (políticos, laborales, civiles y de la Iglesia) y no sea meramente una figura oyente o consultiva, sino que tenga los mismos derechos que los hombres.
  9. Que no se culpabilice a las mujeres en las situaciones en las que es víctima. Los culpables son las personas que cometen el delito y debe educarse a infancia, juventud y personas adultas en el respeto a las mujeres, haciéndoles conscientes de las responsabilidad de sus actos.
  10. Que se asuman las tareas domésticas de manera corresponsable entre mujeres y hombres, eliminando todo vestigio de ridiculización de las personas que deciden libremente cuidar la casa y la familia. Y que este trabajo de cuidados sea reconocido en los sistemas económicos.
  11. Que la mujer no quede afrentada o descontextualizada por su fertilidad o maternidad. Concienciar y educar en que la capacidad de reproducción y la maternidad no define la feminidad de una mujer.
  12. Que se denuncie la cosificación de la mujer, rechazar el uso de las personas o de su imagen para finalidades que no la dignifiquen ni como mujer, ni como ser humano.


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