Cambiar el nombre del rosco de vino

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Todos sabemos lo que se siente. Llega el día 8 de enero, se desmontan los belenes, los árboles de navidad, se acaba el turrón del bueno... pero hay algo que nunca nos podemos quitar de encima: el rosco de vino. 

Ese alimento sobrevive tanto a las bajas como a las altas temperaturas, colándose en alguna estantería hasta agosto. Inconsumible, seco y con un nombre que induce a engaños. Imaginémonos las grandes e imperiosas cantidades de comida que tiramos al finalizar las festividades. Pues los estudios demuestran que más del 10% de esas basuras, están provocadas por los roscos de vino, que se acumulan en los vertederos favoreciendo la creación del agujero de la capa de ozono.

¿Por qué no se consumen? Su nombre induce a engaños. Rosco. De vino. Que no sabe a vino, ¿pero a qué sabe entonces? ¿Y por qué año tras año nos engañan a los consumidores de cajas de polvorones introduciendo, en ambas bandejas, ¡hasta 4 roscos de vino!

Por eso esta petición es para cambiar el nombre, y favorecer su consumo como un producto exótico. Como esas obleas de pan de centeno del IKEA que no sirven ni para pintar paredes. En mi casa hay dos paquetes, las usamos para calzar la mesa. Pero regresando al rosco de vino. Propongo que se le llame RÖSCÖ, y que se venda por el doble, en cajas minimalistas para favorecer su consumo sibarita y reducir los gastos pertinentes en festividades señaladas.

 



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