Llamado para la unión de las fuerzas por una Colombia diversa y en paz

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La primera vuelta ha terminado y el juego democrático puede ser cruel. Por un porcentaje mínimo de votos, solo uno de nuestros candidatos tendrá la posibilidad de enfrentarse al candidato del uribismo en la segunda vuelta. Esto significa, a primera vista, que un solo candidato sigue adelante en la carrera presidencial, mientras que los otros ya pueden pensar en otros escenarios electorales (por ejemplo, en las elecciones locales y regionales del 2019).

Quisiéramos defender, sin embargo, la idea de que la elección no ha terminado para ninguno de los candidatos, ni para sus electores. Todos – tanto los representantes de partidos como los ciudadanos ordinarios – debemos entender la lógica de un sistema electoral con dos vueltas. En el espíritu de la Constitución, no se trata de repetir la primera vuelta, con tres candidatos menos. Se trata de negociar y construir alianzas para defender el proyecto de sociedad que más conviene a los colombianos. En este sentido, si bien Humberto de la Calle y Sergio Fajardo no aparecerán como opción en el tarjetón el 17 de junio, sus ideas y sus propuestas siguen vigentes. Y podrán ser defendidas, si todos actuamos de manera madura y responsable.

Sabíamos que la lucha para el segundo puesto sería la más difícil. Por esta razón, gran parte de la energía de los equipos de campaña del centro-izquierda se ha focalizado en distinguirse unos de otros. Y esta situación ha generado inevitablemente ciertos rencores y recelos entre nosotros. Sin embargo, tomando un poco de distancia, podemos entender que las diferencias entre proyectos complementarios han sido infladas artificialmente, como resultado de la misma competencia electoral. En este sentido, todos los actores involucrados debemos actuar con lucidez y responsabilidad para entender que los competidores de ayer tenemos que volvernos los aliados de hoy. En nombre de una causa superior, que es el interés de la sociedad colombiana.

El 7 de agosto, después de dos mandatos, el presidente Santos entregará a su sucesor un país que ha iniciado el camino de la paz. Este hecho representa, sin duda, un aporte fundamental para la historia de la nación. Sin embargo, mucho hace falta todavía para la construcción de un país verdaderamente democrático y pacífico. Colombia sigue golpeada por la corrupción y la violencia política. Colombia sigue marcada por la desigualdad social extrema y la falta de oportunidades educativas para la mayoría. Colombia sigue construida sobre un modelo extractivista insostenible, tanto desde el punto de vista económico como ambiental. Ahora bien, dependiendo de la decisión que tomemos el 17 de junio, el futuro del país puede ser radicalmente distinto.

Si los que creemos en la posibilidad de una Colombia justa y pluralista nos logramos entender, dos proyectos de sociedad se enfrentaran este día. El primero mirando hacía adelante, para seguir avanzando en el largo camino hacia una paz verdadera. El segundo mirando hacia atrás, destruyendo los avances logrados a través de los acuerdos de paz. Seguramente, se profundizarán en este segundo escenario la distancia entre los más privilegiados y los más vulnerables, así como la criminalización y estigmatización de quienes defienden una participación de todos los sectores de la sociedad.

Ahora bien, las ideas y los programas no son la dificultad principal para la construcción de esta gran alianza que tanto anhelamos. De hecho, las afinidades entre las tres propuestas son tales que se podría llegar sin contratiempo a un acuerdo sobre lo esencial. Existe, además, un consenso entre nosotros sobre el hecho de que si los sectores más tradicionalistas y conservadores vuelven al poder, será para Colombia, un retroceso inaceptable.

Los obstáculos principales se relacionan con los conflictos personales y las pequeñas estrategias de los aparatos. Hacemos un llamado, para que todos los candidatos que creen en el progreso y la justicia – o sus representantes – se sienten a discutir para negociar. No solamente para elaborar un programa común, sino, fundamentalmente, para construir un equipo de gobierno pluralista y comprometido, que represente a todos los que defendemos la paz y la democracia.

Si logramos esta alianza, la segunda vuelta no será la oposición entre dos candidatos singulares – Iván Duque y Gustavo Petro – sino una disputa entre dos proyectos de sociedad. De esta manera, ninguno de los electores progresistas – que sean Fajardistas, de la Callistas o Petristas – se puede sentir derrotado aún. El veredicto tendrá lugar el 17 de junio. Y, si logramos convencer a todos los colombianos que, juntos, hemos construido un proyecto sólido y duradero, podremos celebrar la venida de tiempos mejores. En todos los países, solo la unión de las fuerzas de progreso ha permitido su victoria.

Este, es entonces, nuestro llamado a los candidatos y representantes de las tres campañas: no piensan en intereses de corto plazo, piensen en el futuro de nuestros hijos. No piensen en sus intereses personales, piensen en el porvenir de Colombia. Tenemos demasiado que perder, como país, para no intervenir de manera responsable y decidida. Actuemos para que triunfe, por una vez, la inteligencia colectiva.

¡¡Todo porqué tenemos la firme convicción de que más allá de la polarización y las pequeñas o grandes diferencias políticas, existe un país por construir!!!



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