reconocer a dos hijos y dos nietos hace ya 18 años y no me dejan

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LEAN DESPACIO
si fui preso por hacer lo que muchos olvidan sus hijos ...

MI CAUSA

Trabajo desde hace 35 años como mecánico y electricista de autos a domicilio. Además soy bombero retirado de la Policía Federal. Vivo en Morón desde los cuatro años… Nunca pensé que tendría que pasar por lo que les voy a contar.
En 1987, fui a ver a una señora que resultó ser amiga de mi madre y que necesitaba arreglar el auto de su yerno. No me quedaba lejos, era cerca de mi casa, en
el Barrio Agüero, más precisamente en la calle Barboza, a una altura cercana al 1600.
Esta señora vivía con su hija y el yerno, con quien acordamos lo que le saldría el arreglo. Quedé en ir al día siguiente. Me atendió Claudia, que así se llamaba la hija de la vecina, me hizo pasar y entre mate y mate nos quedamos conversando hasta que llegó el marido.
Esta situación se repitió durante todo el arreglo del auto, lo que comenzó a crear una especie de intimidad entre nosotros. Cada día me recibía con una sonrisa y un dejo de ansiedad que yo adivinaba en cada encuentro.
La relación con el matrimonio se extendió desde el año 87 hasta el 89, tiempo durante el cual me dedicaba esporádicamente a hacer arreglos en el coche particular de la pareja.
Corría el mes de noviembre del 89. Yo estaba arreglando una camioneta frente a la casa del matrimonio, cuando a las once de la noche Claudia, la mujer de mi cliente, cruzó la calle. Me traía una carta y un casete. Quedé un poco sorprendido, y al otro día decidí ir a la casa. Fue ahí que me confesó que estaba enamorada de mí desde hacía más de un año y medio. “¿No te diste cuenta las señales que te mandaba?”, me dijo en aquella oportunidad.
De esta manera comenzó una relación que se extendería por una década. Al principio sin demasiado compromiso. Como ella hacía cinco años que estaba casada y creía que no podía tener hijos a causa de una operación de ovarios, se oponía a tomar precauciones durante nuestras relaciones sexuales, pues decía que quería sentir. En poco tiempo comprobé el equívoco, quedó embarazada.
Por ese entonces yo estaba casado y tenía dos hijos. La nueva situación produjo mi enojo y opté por distanciarme aunque no perdí contacto con ella. Así es como me entero de que echó al marido de la casa, y luego de esto me propuso que convivamos, a lo que me negué. Decidió entonces volver con el marido porque no tenía cómo sostenerse económicamente. Luego de un tiempo y ante sus constantes súplicas, nos reconciliamos.
Mi primer hijo con ella nació el 8 de julio de 1990 en la Clínica Agüero. Tras el nacimiento decidió ponerse un DIU que más tarde se quitaría sin yo saberlo. Quedó embarazada nuevamente y el 12 de agosto de 1992 nació mi primera hija mujer en la Clínica materno-infantil de Castelar.
Joaquín Oscar y María Silvia profundizaron el amor que hasta ese momento nos teníamos. Por otro lado, la vida con el esposo se volvía cada vez más insoportable, ya que el marido sabía que no era el verdadero padre de los chicos y que la relación conmigo continuaba. Es así que le prohibió que se acercara a mí con los chicos. Por otro lado, estaba claro que él nunca se iría de la casa porque no quería quedar ante su familia como un fracasado. Mientras tanto yo contribuía económicamente con los gastos relativos a la escolaridad de mis hijos.
Antes de que naciera mi hija, ella ya se había recibido y trabajaba como docente en la Escuela N.º 71 de Morón. De allí pasó a la 57 y luego a la Escuela N.º 1. Corría el año 98 cuando conoció al presidente de la cooperadora, quien era marido de una de sus compañeras de trabajo y judicial de Morón. Un martes a la noche del año 99, día de reunión de la cooperadora, decidí esperarla a una cuadra de la escuela para hablar mientras la alcanzaba a su casa, ya que últimamente la relación había comenzado a deteriorarse y yo pretendía encauzarla de nuevo.
Pero aquella noche, y en posteriores ocasiones que la seguí, comprobé que la razón de nuestro progresivo distanciamiento era el presidente de la cooperadora y marido de su, por ese entonces, mejor amiga. Reconozco que la situación me desbordó. Con insistencia traté de entablar un diálogo con ella para que volviera. Todo fue inútil. Ante su negativa, mis intentos de verla y hablar fueron en aumento. Le pedí entonces que aunque sea blanqueara la relación con mis hijos, a lo que me contestó que cuando tuvieran 18 años ella le contaría la verdad y decidirían por ellos mismos.
Su nuevo amante, ella aún seguía casada, era secretario de un juzgado de Morón. Esta razón le facilitó las cosas para que me iniciaran catorce causas por diversos motivos, todos infundados. Mi insistencia por aclarar las cosas fue tomada por “acoso”.
Por ser bombero de la Policía Federal me arrestaron. Estuve detenido 16 meses en la comisaría 7.ª de Castelar, luego me llevaron a Olmos y por último a Florencio Varela. Después de este angustioso periplo, sufrí arresto domiciliario sin siquiera haber tenido un juicio. Instancia que vino más tarde y por la que me condenaron a dos años de prisión para justificar los 3 años, 3 meses y 8 días de arresto que tuve que sufrir. Me sobreseyeron en 12 causas, menos en dos, que la beneficiaban junto con su amante y cerraban toda posibilidad de reclamo de mi parte tanto a ellos como al Estado. Aclaro que dos años de prisión son excarcelables.
Como yo sabía que ella no iba a cumplir con su palabra de decirles a mis hijos quién soy, desde el año 2000 comencé mi reclamo, el que sigue hasta ahora. Es más, los ha puesto en mi contra y todos mis intentos para acercarme son tratados como si fueran los intentos de un loco. A esta altura solo pretendo un ADN para que ellos comprueben que soy su padre y comenzar una relación tanto tiempo postergada.
La sociedad en este último tiempo ha dado un vuelco importante en cuanto a Derechos Humanos, y dentro de esta problemática se ha hecho hincapié en la necesidad de conocer de dónde viene cada uno. Sé que ese camino solo lo deben transitar los propios interesados cuando haya madurado en ellos el interrogante sobre los orígenes. Mientras tanto, con amor y paciencia, yo sigo esperando ese día en que pueda abrazar a mis hijos y escuche de sus labios la palabra tan anhelada: papá.