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La Comunidad Internacional debe evitar que el hambre acabe con la vida de los niños en Sahel


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Si sabemos cómo evitarlo, ¿vamos a permitir que muera un millón de niños?

La pequeña Ousseina y su hermano gemelo llegaron con su madre Hadjara al centro de estabilización de Save the Children en Matameyee (Níger) hace 7 días. Ambos nacieron hace 7 meses y ambos sufren ahora desnutrición severa.

Ousseina lo está llevando mejor que su hermano, Hassana, pero su madre está muy preocupada por su estado. Antes que ellos, Hadjara tuvo otros dos gemelos que murieron casi al mismo tiempo hace 10 años. Para Hadjara –como para cualquier madre que pierde un hijo- el recuerdo de aquella muerte sigue hoy vivo.

Un millón de niños y niñas de la zona del Sahel sufren ahora mismo un grado de desnutrición tan severa que les expone a un alto riesgo de muerte. 18 millones de personas se enfrentan allí a una crisis alimentaria. Necesitamos tu firma para exigir que las razones originarias del hambre, de esta realidad, comiencen a ser la prioridad para la Comunidad Internacional. Necesitamos trabajar sobre el problema desde el principio y no desde el final.

El hambre no puede seguir dominando la vida de las personas y el cambio solo es posible a través de un verdadero compromiso internacional. Para atacar el problema desde su raíz, debemos actuar y exigir al Gobierno Español y a la Comunidad Internacional tanto un cambio en el actual sistema internacional de respuesta a emergencias para actuar inmediatamente ante las alertas tempranas, como una atención primordial y real a la seguridad alimentaria de la población local.

18 millones de personas se enfrentan a una crisis alimentaria en los países del Sahel. De ellas, un millón de niños y niñas sufren ahora mismo un grado de desnutrición tan severa que les expone a un alto riesgo de muerte. Las alertas saltaron ya a finales del año pasado en esta zona del Oeste de África donde conviven algunos de los países más pobres del mundo, como Níger, Burkina Faso o Chad. La escasez de precipitaciones y de los niveles de agua, las malas cosechas, la falta de pastos y la inestabilidad de algunos países de la zona están causando serios problemas en la región. Pero también la especulación sobre el precio de los alimentos en los mercados internacionales y el lento sistema de respuesta internacional a las emergencias son causa directa de la actual crisis.

El hambre está dando sus alertas, las personas no pueden esperar. No puede repetirse la situación que se produjo en la zona de el Cuerno de África donde 50.000 personas murieron entre de abril y agosto de 2011, la mitad de ellos niños menores de 5 años. Vidas que se podrían haber salvado. Muertes provocadas por un retraso inadmisible que exige cambios en los modelos de respuesta a las crisis alimentarias así como que se aborden las causas fundamentales del hambre extrema.

Debemos actuar y exigir al Gobierno Español y a la Comunidad Internacional que el hambre se ataque desde sus raíces y antes de que acabe con la vida de las personas. Para ello pedimos tu apoyo para exigir:

- Un cambio en el actual sistema internacional de respuesta a emergencias que responda inmediatamente a las alertas tempranas. Las organizaciones humanitarias cuentas con un sistema de alerta termprana que funciona cuando se prevée una emergencia alimentaria; sin embargo, la respuesta internacional solo se activa cuando la situación ha tocado fondo. Un sistema que no es efectivo, requiere un gasto mucho mayor y, lo más importante, no ayuda a evitar la muerte de las personas. De los niños y las niñas. Los donantes deben liberar los fondos tras los primeros indicios de una catástrofe para satisfacer las necesidades emergentes y apoyar la intervención inmediata‐ con procesos transparentes que aseguren que los fondos llegan a las afectadas y afectados lo antes posible.

- Paralelamente, la lucha contra el hambre debe centrarse en fortalecer la seguridad alimentaria de la población a través de acciones como el apoyo a la producción y consumo local de los alimentos en base a las necesidades nutritivas de la población y el fortalecimiento de sistemas de seguridad social que hagan a las personas menos vulnerables frente a cualquier crisis.

No podemos seguir hablando de las consecuencias del hambre cuando ya es demasiado tarde. Es imprescindible que las causas de un problema que afecta a 18 millones de personas en Sahel comiencen a ser la prioridad para la Comunidad Internacional para trabajar sobre el problema desde el principio y no desde el final.